7 abril, 2026

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Llama SDR Tamaulipas a adaptarse al HLB; ya no hay cura

Tras más de una década de esfuerzos, el HLB logró propagarse no solo en Tamaulipas, sino prácticamente en todo el país, convirtiéndose en un problema permanente para la citricultura
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Por Antonio H. Mandujano

La citricultura de Tamaulipas ha entrado en una nueva etapa marcada por la presencia irreversible del “Dragón Amarillo” (HLB), una enfermedad que hoy ya no se puede erradicar y que obliga a los productores a cambiar por completo su forma de trabajar el campo.

El subsecretario de Desarrollo Agrícola en el estado, Elíseo Camacho Nieto, fue claro al señalar que el panorama actual dista mucho de los intentos iniciales por contener esta plaga.

Y es que dijo que, tras más de una década de esfuerzos, el HLB logró propagarse no solo en Tamaulipas, sino prácticamente en todo el país, convirtiéndose en un problema permanente para la citricultura.

“El HLB es una enfermedad incurable para los cítricos; ya e como un cáncer en los cítricos”, advirtió el funcionario estatal.

Así mismo subrayó que las campañas de erradicación implementadas en su momento no alcanzaron los resultados esperados, lo que derivó en su dispersión generalizada.

Ante esta realidad, sostuvo que el enfoque ha cambiado de fondo: ya no se busca eliminar la enfermedad, sino aprender a convivir con ella.

“Es incurable y esto se contrarresta con mucha nutrición y manejo agrícola».

En este nuevo contexto, los productores están siendo llamados a adaptarse mediante prácticas más técnicas y un manejo más cuidadoso de sus huertas.

Camacho Nieto detalló que la clave está en fortalecer la nutrición de los árboles, mejorar los procesos agrícolas y mantenerse en constante capacitación.

Además, indicó que continúan vigentes las campañas de sanidad vegetal y los programas de extensionismo agrícola, impulsados con recursos federales, los cuales buscan reducir los efectos del HLB y de otras plagas que también afectan la producción.

Para finalizar, Camacho Nieto dejó en claro que el desafío ya no es erradicar el “Dragón Amarillo”, sino sostener la actividad citrícola pese a su presencia, en un escenario donde la adaptación del productor se ha vuelto la principal herramienta para enfrentar una enfermedad que llegó para quedarse.

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