16 abril, 2026

16 abril, 2026

Hecho en Tamaulipas… cerrado en Michigan

En Público/Nora Marianela García Rodríguez
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El lunes 2 de marzo, a las puertas de las bodegas 53 y 75 del Parque Industrial del Norte en Matamoros, 1,168 trabajadores llegaron a su turno y no pudieron entrar; el martes fueron 1,076, el miércoles 1,121, el jueves 1,180 y el viernes 1,689, de modo que en una semana más de 6,000 personas con contrato formal, chaleco de seguridad y número de empleado en el IMSS dejaron de ser parte de la economía productiva de Tamaulipas; la empresa se llamaba TRICO Componentes, fabricaba autopartes para Ford y pertenecía al corporativo estadounidense First Brands Group, que había entrado en quiebra meses antes, desde el otro lado de la frontera, en una sala de juntas que estos trabajadores jamás conocieron.

Ese mismo mes, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social de Tamaulipas reportaba haber colocado a más de doce mil personas en empleos formales durante 2025 mediante ferias, bolsas de trabajo y plataformas digitales; el estado se posicionaba entre las entidades con mayor eficiencia en conciliación laboral del país, con una efectividad superior al 80% en resolución de conflictos y más de mil 400 millones de pesos recuperados a favor de trabajadores. Ambas cosas son ciertas al mismo tiempo, y esa simultaneidad es exactamente el tema.

En el primer trimestre de 2026, la industria maquiladora de Tamaulipas perdió 10,800 empleos formales, un 4% de la fuerza laboral del sector; en datos oficiales, hasta febrero había 234 mil trabajadores afiliados al IMSS en este rubro, lo que convierte esa caída en la más severa del sector en el reciente lustro, y no fue un cierre sino cuatro: Tridonex, Cardone y TRICO en Matamoros, XB Fulfillment en Reynosa, todos entre enero y marzo; solo en Matamoros, los tres cierres ligados a First Brands Group representaron la pérdida de poco más de cinco mil empleos formales, concentrados en trabajadores operarios con alta dependencia de este tipo de plazas manufactureras.

La respuesta institucional fue rápida y técnicamente correcta; la Secretaría del Trabajo activó el Centro de Conciliación Laboral, desplegó asesores jurídicos, abrió mesas interinstitucionales con sindicatos, municipio, industria y organismos empresariales, y garantizó acompañamiento para el pago de liquidaciones; el gobernador instruyó seguimiento personal al caso, y la Secretaría de Economía precisó ante medios que el cierre obedecía a una reestructuración del corporativo en Estados Unidos, ajena al desempeño productivo local, y que las fortalezas estructurales del estado como destino de inversión permanecían intactas. Todo eso es verificable y ninguna de esas acciones está en cuestión.

Lo que sí merece examinarse es lo que el episodio revela sobre la arquitectura del modelo, porque el problema de fondo no es el cierre de TRICO, sino la condición de vulnerabilidad estructural que lo hace posible. Tamaulipas construyó durante décadas un modelo de desarrollo industrial basado en la maquila de exportación: alta concentración en el sector automotriz, dependencia de un número reducido de corporativos internacionales y una fuerza laboral cuya estabilidad está atada a decisiones que se toman en salas de juntas en Michigan, Ohio o Delaware; cuando esas decisiones cambian, el impacto llega en cuestión de días y no hay política pública local que pueda anticiparlo, solo administrarlo.

El semáforo de empleo formal de México, ¿Cómo Vamos?, registró a Tamaulipas en color rojo durante once meses consecutivos; al corte de febrero de 2026 el estado había generado apenas el 49% de su meta anual de nuevas plazas afiliadas al IMSS, en un contexto nacional donde el empleo asegurado alcanzaba récords históricos; la paradoja no es nueva ni exclusiva de Tamaulipas, pero aquí tiene una particularidad: el estado con mayor actividad manufacturera de exportación en el norte no convierte esa actividad en empleo formal neto sostenido, porque el empleo que genera depende de decisiones de retención o abandono que están fuera de su jurisdicción.

La Secretaría de Economía anunció en abril, ante el Congreso del Estado, que Tamaulipas cerró 2024 con un crecimiento del PIB de 2.5% y 3.1% en el tercer trimestre de 2025, entre las cinco entidades con mayor dinamismo económico del país; el Fondo Tamaulipas colocó más de 2, 027 millones de pesos en tres años para fortalecer MiPyMEs, y el Puerto Norte de Matamoros, el Puerto Seco de Ciudad Victoria y el Polo de Desarrollo de Altamira se anuncian como proyectos que diversificarán la base productiva; las cifras son reales y los proyectos son genuinos, y la pregunta no es si la diversificación ocurrirá, sino si llega a tiempo para los 10, 800 trabajadores que ya perdieron su empleo en el primer trimestre y para los que podrían seguirlos si la renegociación del T-MEC en julio genera nuevos ajustes en los corporativos que aún operan.

La frontera tiene la oportunidad de transformar la crisis en un punto de inflexión hacia un modelo más diversificado y resiliente, pero eso requiere articular gobierno, empresas, sindicatos y universidades en un pacto por el empleo digno que combine apoyo inmediato con reconversión de habilidades; lo que los números de este trimestre muestran es que ese pacto todavía no existe como política pública estructurada, sino como declaración de intenciones que se activa cuando el problema ya ocurrió.

Los 6,000 trabajadores que llegaron a las puertas de TRICO esa semana tenían contrato, cuota al IMSS y antigüedad acumulada; tenían, en los términos formales del modelo, exactamente lo que la política laboral les prometió, pero lo que no tenían era una garantía de que ese empleo sobreviviría a las decisiones de un corporativo que opera bajo lógicas que ningún instrumento estatal puede regular; esa brecha entre lo que el modelo ofrece y lo que el modelo puede proteger es la discusión que Tamaulipas necesita tener, no cuando ocurra el siguiente cierre, sino antes.

El empleo formal que depende de una decisión tomada en Michigan no es exactamente lo mismo que el empleo formal que depende de una decisión tomada en Matamoros; la diferencia no aparece en las estadísticas, pero sí aparece en las puertas cerradas de un parque industrial un lunes de marzo.

Esta semana, un juez federal tiene en sus manos la adquisición de TRICO por parte de PGI NorthStar, una operación valuada en 25 millones de dólares que podría reabrir la planta y devolver el empleo a 3,000 trabajadores que llevan semanas resguardando la maquinaria desde afuera; la pregunta que el fallo no va a responder es si el nuevo modelo será distinto al anterior, o si simplemente tendrá un nombre diferente en el mismo edificio.

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