Por Raúl López García
Expreso – La Razón
Mientras las grandes cadenas de supermercados anuncian inversiones millonarias y expansión en Tamaulipas, en Ciudad Victoria la realidad para miles de trabajadores es distinta: sí hay más vacantes, pero los salarios siguen prácticamente estancados. La competencia entre Walmart, Soriana, H-E-B y Smart ha elevado la oferta laboral en el sector comercial, aunque no ha significado una mejora real en los ingresos de cajeros, surtidores y auxiliares, cuyos sueldos rondan entre los 5 mil y 7 mil pesos mensuales.
Actualmente, Walmart de México, incluyendo sus formatos Bodega Aurrerá y Sam’s Club, se mantiene como el principal generador de empleo en supermercados en Tamaulipas. Tan solo en marzo de 2025 anunció una inversión de 2 mil 500 millones de pesos para abrir más de 20 nuevas tiendas en el estado entre 2025 y 2027, proyecto con el que prevé crear más de mil 300 empleos directos permanentes. En Ciudad Victoria ya opera varias unidades y analiza nuevas aperturas que ampliarían su plantilla laboral.
Sin embargo, esa expansión no se refleja en salarios elevados. En puestos operativos, un cajero de Walmart gana en promedio entre 5 mil 400 y 6 mil 500 pesos al mes, mientras que un auxiliar de piso percibe cerca de 5 mil 500 pesos mensuales. Aunque la empresa ofrece prestaciones como seguro social, vales de despensa, fondo de ahorro, descuentos en tienda y bonos anuales, el ingreso base permanece apenas por encima del salario mínimo.
En Soriana, la situación es similar. La cadena conserva una fuerte presencia en Ciudad Victoria y figura entre las empresas que más vacantes generan en temporadas de alta demanda. Sus cajeros perciben alrededor de 6 mil a 6 mil 700 pesos mensuales, mientras que surtidores y vigilantes reciben entre 6 mil 400 y 7 mil pesos. Entre sus beneficios destacan utilidades, capacitación constante y caja de ahorro, aunque en años recientes trabajadores han cuestionado el bajo monto de las utilidades entregadas.
La excepción en condiciones laborales es H-E-B, que aunque tiene menor presencia en la ciudad y genera menos vacantes, mantiene mejores prestaciones para retener personal. Sus salarios operativos son similares, de entre 6 mil y 7 mil pesos mensuales, pero agrega seguro médico privado, fondo de ahorro, vales de despensa más altos, bonos por desempeño y descuentos en tienda, lo que mejora el ingreso total y la permanencia del trabajador. Esta política le ha permitido mantener una reputación positiva entre sus empleados pese a no liderar en número de contrataciones.
En contraste, Smart se mantiene en el nivel más básico de competitividad laboral. Sus sueldos rondan los 5 mil 500 a 6 mil pesos mensuales, con prestaciones limitadas a las de ley y menor presencia de incentivos adicionales. Su oferta laboral en Ciudad Victoria es reducida, por lo que su impacto en la competencia salarial es prácticamente marginal.
El problema de fondo es que la guerra comercial entre supermercados no ha elevado el sueldo base, sino que ha trasladado la competencia a las prestaciones. En lugar de ofrecer mejores salarios, las cadenas buscan atraer o retener personal mediante bonos, vales y fondos de ahorro, manteniendo controlado el costo de nómina.
Así, un trabajador puede cambiar de empresa y obtener mejores beneficios, pero difícilmente un incremento importante en su ingreso mensual.
Mientras tanto, la expansión sigue avanzando. Walmart lidera los planes de crecimiento, seguido por Soriana, que a nivel nacional proyectó 5 mil millones de pesos en nuevas tiendas y remodelaciones para 2026, aunque sin anuncios específicos para Ciudad Victoria. Este crecimiento generará más empleo formal en el sector retail, pero no garantiza mejores condiciones laborales, especialmente en los puestos de entrada.
La consecuencia es una paradoja laboral evidente en Ciudad Victoria: hay más oportunidades para trabajar en supermercados, pero no mejores salarios para vivir mejor. Los corporativos compiten por ganar mercado y abrir nuevas tiendas, pero los trabajadores continúan percibiendo ingresos limitados, dependiendo de bonos y prestaciones para completar su economía.
En otras palabras, la expansión de los supermercados sí genera empleo, pero no bienestar salarial.
Y mientras las cadenas pelean por clientes con promociones y descuentos, los empleados siguen atrapados en una competencia laboral donde las vacantes aumentan, pero el sueldo permanece en el mismo anaquel.




