Este 23 de abril de 2026 China advirtió a sus ciudadanos en Irán que deberían abandonar el país tan pronto como fuera posible debido a riesgos de seguridad asociados a las acciones militares de Estados Unidos e Israel. No es un tipo de mensaje que China haga con frecuencias o una advertencia permanente. Parecía más bien indicar un incremento de la percepción de riesgo posiblemente derivado de información que no compartió a detalle. Recordemos que Trump amenazó con destruir la infraestructura eléctrica y de comunicaciones de Irán que comprende proyectos en los que participan empresas chinas y por ello el riesgo a sus ciudadanos.
Horas después, en lo que podría ser una mera coincidencia, Irán anunció el viaje de su ministro de relaciones exteriores, Abbas Araghchi, a Islamabad, la capital de Pakistán como primer paso de una gira que incluiría visitas a Oman y a Rusia. No obstante el viaje fue interpretado en la Casa Blanca y en los medios, como que Irán daba un paso hacia una segunda ronda de dialogo.
Trump anunció que enviaría a sus negociadores estrella Jared Kushner, su yerno y a Steve Witkoff, su compañero de juego de golf y también potentado del sector inmobiliario de Nueva York. En negociaciones previas ellos han representado tanto los intereses de Estados Unidos como los de Israel de una manera que hace desconfiar a Irán. En particular porque dos negociaciones previas Estados Unidos e Israel fueron empleadas como distractores para lanzar ataques sorpresa que lograron decapitar a más altos dirigentes militares y políticos y al supremo líder religioso del país.
Infortunadamente para el mundo el viaje del ministro iraní era en efecto el inicio de la gira anunciada y no un paso al dialogo. Irán sostiene que para que ocurra el dialogo Estados Unidos debe abandonar su cerco al estrecho de Ormuz que es una acción de guerra contraria al acuerdo del cese al fuego. Irán también exige como parte del cumplimiento del acuerdo que Israel cese sus ataques en Líbano.
Israel suspendió sus bombardeos a Beirut, la capital de Líbano, pero no el proceso de demolición de los poblados e infraestructura del territorio que ocupa en el sur de Líbano. También mantiene el genocidio en Gaza y procesos de expulsión de la población local y de colonización en Cisjordania, el sur de Líbano y Siria.
Recordemos que Israel es el único país del mundo que se niega a determinar cuales son sus fronteras. Su promoción de guerras permanentes se asocia directamente a su continua expansión territorial bajo un argumento religioso.
El caso es que mientras Trump conmina a Irán al dialogo, Irán mantiene silencio y sus precondiciones: cese de hostilidades en toda la región, levantamiento del cerco norteamericano y suspensión de las sanciones, lo que implicaría el descongelamiento de sus fondos por alrededor de 100 mil millones de dólares.
La primera sesión de dialogo no se dio sobre la base de la propuesta de diez puntos presentada por Irán, como lo había aceptado Trump. Estados Unidos se presentó con una posición maximalista: alto al procesamiento de uranio en Irán incluso para fines pacíficos y dentro del Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares; apertura total del estrecho de Ormuz; desarme de sus misiles balísticos y ruptura de relaciones con sus aliados regionales, en particular Hesbolá en Líbano.
Irán tiene como objetivos de fondo obtener garantías de que ataques como los de junio de 2025 y el del 28 de febrero, no se volverán a repetir, su plena reintegración al comercio y economía internacional; reconocimiento a su control del estrecho de Ormuz y compensación por los daños sufridos.
Las primeras platicas en Islamabad fracasaron; las posiciones de los dos principales adversarios son diametralmente opuestas. No obstante a Trump le urge encontrar una salida al embrolló que el mismo creó.
Irán desea evitar mayor castigo a su población pero esta dispuesto a un mayor sufrimiento si con esto consigue un acuerdo realmente duradero, permanente y garantizado por algo más que un mero acuerdo. Quiere un tratado de paz aprobado por el congreso de los Estados Unidos; reconocido por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidos y con países garantes de su cumplimiento.
Trump no habla de tratado, sino de acuerdo prácticamente personal. No plantea institucionalizar el dialogo, sino que desprecia el orden jurídico y las instituciones internacionales. Muestra de ello es que envía representantes personales y no diplomáticos de carrera acompañados de altos políticos de ambos partidos.
Hasta el momento de redactar esta nota se mantiene un cese al fuego frágil y una situación de punto muerto, en lo que parece un callejón sin salida. Si Trump cumple su amenaza de escalar la confrontación Irán amenaza con represalias que destruirían las instalaciones eléctricas de los países árabes del golfo e incluso sus plantas desalinizadoras que los abastecen de agua potable.
En un mes las temperaturas de esos países árabes desérticos se elevarán por arriba de los 50 grados centígrados; sin aire acondicionado y agua potable, con bloqueo a la entrada de importaciones básicas, la población de esos países no podría seguir viviendo en ellos y se provocarían emigraciones masivas. Irán ya tiene más de un millón de desplazados y ante un nuevo ataque no tendría reparo en contestar al tu por tu.
Pero la situación no está realmente estancada. Cada día que pasa empeora la perspectiva para la economía mundial. Las grandes entidades internacionales como Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, todos anuncian menor crecimiento en 162 países, baja de la producción agrícola y fuerte elevación de precios acompañada de hambrunas en las regiones más vulnerables. Eso si el conflicto se arregla de inmediato.
Si la situación escala conforme a las amenazas de ambas partes la humanidad conocería el mayor desastre de su historia; tal vez solo comparable a la peste negra del medioevo.
Más que bloqueo a Irán, lo que ocurre es un bloqueo del planeta entero al acceso a recursos indispensables.




