Por Alejandro Rosales Lugo
Expreso-La Razón
La aurora nos envuelve en alegrías, como una naranja en gajos que se transforma en ríos, mares, tierra y vientos. Es ella quien tiñe la mañana de fuego y, en las noches boreales, nos guía como fantasmas entre paisajes de árboles y casas. Al final, la aurora corona nuestras palabras y nos brinda luz en el silencio.
Bajo esta premisa, el poeta Arturo Castillo Tristán presentó su más reciente obra en una tarde impregnada por su voz de río y sus cantos de amor. Castillo Tristán, considerado un poeta patrio, utiliza sus versos para dibujar los ríos que recorren la humedad de esta tierra verde, entre el canto de los pájaros y el chirriar de las cigarras en la vieja corteza de los árboles.
Es un autor de los sentidos: de aves, peces, venados y guacamayas que ondean sus colores en la alegoría de una tierra que sabe a humedad, a dulce y a sal. Su libro es una celebración de «alegrías», marcada por un colorido de verdes y amarillos con estallidos de sol, editado bajo el sello Café-Cultura.
La obra cuenta con el impulso de Amparito Berumen, mecenas y promotora incansable del arte en el sur de Tamaulipas. Berumen, vinculada entrañablemente al Pánuco y al Tamesí bajo el manto de nubes de la Huasteca veracruzana y tamaulipeca, también ilustra el libro con fotografías que capturan la flora y las costumbres que enmarcan la poesía de Castillo Tristán.
La presentación, realizada en la Biblioteca Marte R. Gómez, se convirtió en una tarde de poesía rodeada de amigos. Cerca de un centenar de personas se dieron cita para saludar al poeta bucólico de Ciudad Mante y Antiguo Morelos, quien ofreció un «menú huasteco» que abarcó desde el maíz y las flores hasta los amores y los pájaros que cruzan los ríos Pánuco y Tamesí.
Como bien señala el prologuista Rodolfo Acevedo Oliva: «Una parte de la riqueza cultural de la Región Huasteca está depositada en la tradición oral». Sin duda, esta tradición corre por las venas de nuestros artistas, poetas y cantores, donde el color y la voz son la radiación de esas auroras que nos pintan de emociones y vida.
Por su parte, la editora Amparito Berumen destaca en el volumen: «Junto a la música, la danza es probablemente una de las artes más [vibrantes] por su conexión con las manifestaciones corporales; son las sensaciones que seducen y embriagan…».
La velada también recordó los versos populares del autor:
«De Tampico salí un día / Con rumbo de Miramar / en Madero fui a encontrar / una chata amiga mía / ya después de mediodía / se fue escondiendo la pira / y en esa cálida tira / que le digo de jalón / vamos a dar un volteón / por el Puerto de Altamira».
Arturo Castillo Tristán, poeta popular forjado en tierras lejanas y reconocido decimista a nivel nacional e internacional, fue presentado por el trovador Fernando Méndez Cantú, quien introdujo al público a la faceta humana y artística de este cantor probado en el río y el mar.




