26 abril, 2026

26 abril, 2026

San Fernando: del auge sorguero a la sobrevivencia del campo

Producir una hectárea cuesta hoy más del doble que hace una década
Facebook
X
WhatsApp

Por. Antonio H. Mandujano

TAMAULIPAS, MÉXICO.- Hace apenas diez años, sembrar sorgo en el municipio considerado líder nacional en este cultivo era una actividad rentable, con costos relativamente controlados y una dinámica agrícola que sostenía la economía local.

Para este 2026, el panorama es distinto: producir una hectárea se ha encarecido más del doble, los precios de comercialización siguen deprimidos y la superficie sembrada se ha reducido de forma visible.

De acuerdo con el productor y ex alcalde sanfernandense, José Ríos Silva, el contraste es contundente: “hace diez años el costo debe haber sido unos dos mil quinientos pesos por hectárea; actualmente anda en alrededor de seis mil pesos”, dijo al ser abordado por dicho tema.

Todo lo anterior, lo atribuyó al incremento principalmente por el alza en insumos como semillas, refacciones y diésel.

Y es que el encarecimiento de la producción no ha venido acompañado de mejores precios, por el contrario, el sorgo se comercializa actualmente entre 3,850 pesos (en esquemas con intermediarios) y cerca de 4,100 pesos en mercado directo, cifras que, según los productores, están por debajo del punto de equilibrio.

“El precio justo debe ser de 6,500 a 7,000 pesos”, sostuvo Ríos Silva.

En términos de superficie, San Fernando mantiene su condición de potencia sorguera, con un estimado cercano a las 300 mil hectáreas destinadas históricamente a este cultivo.

Sin embargo, en el ciclo agrícola actual apenas se ha logrado sembrar alrededor de la mitad, es decir, cerca de 150 mil hectáreas, debido principalmente a la falta de lluvias y a la incertidumbre económica.

“Lo que se ve a simple vista es que hay nada más sembrada la mitad de la tierra; no llovió y como no trae futuro el precio del sorgo, la gente le piensa para sembrar”, señaló el productor.

Así también, agregó que muchos agricultores han optado por diversificar hacia cultivos como trigo, ajonjolí o cártamo, mientras otros han migrado hacia la ganadería.

La crisis no es únicamente productiva, sino estructural, pues Ríos Silva advierte que hasta el 80 por ciento de las bodegas de acopio han cerrado en los últimos dos años, afectadas por la falta de financiamiento, bajos volúmenes de cosecha y carteras vencidas.

Este fenómeno ha debilitado la cadena de comercialización y ha incrementado la dependencia de intermediarios.

A la par, el impacto social comienza a profundizarse y la falta de rentabilidad ha provocado el abandono de parcelas, la venta de maquinaria agrícola y la migración de mano de obra hacia otras actividades o regiones.

“El campo está muy triste, muy difícil; ya no es costeable, se está trabajando en números rojos”, lamentó.

Incluso la renta de tierras, que en otros ciclos representaba una alternativa para mantener activa la producción, ha perdido viabilidad.

“Ahorita ni regaladas las parcelas las queremos, porque no es conveniente”, afirmó.

El productor subrayó que uno de los factores que más afecta al sector es la entrada de grano importado a bajo costo, lo que limita la competitividad del sorgo local.

En ese sentido, consideró que una regulación más estricta en las importaciones permitiría mejorar los precios internos y dar viabilidad a la actividad.

Mientras tanto, el campo de San Fernando (históricamente motor económico de la región) enfrenta una etapa de contracción, donde la incertidumbre climática, el alza en costos y un mercado adverso han transformado una actividad emblemática en un reto de sobrevivencia.

DESTACADAS