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Expreso-La Razón
La muerte masiva de peces en el sistema lagunario del río Tamesí, en el sur de Tamaulipas, dejó daños ecológicos y económicos que golpean a más de 600 familias de comunidades ribereñas de dos estados.
Las autoridades estatales identificaron como causa un cambio abrupto en la salinidad de la Laguna de la Costa, descartaron contaminación de origen humano, y declararon que la fase crítica fue superada.
Los pescadores de la zona, en cambio, señalan que el problema tiene raíces estructurales relacionadas con el manejo de la infraestructura hidráulica del sistema, y que las consecuencias se prolongarán.
El secretario de Recursos Hidráulicos para el Desarrollo Social, Raúl Quiroga Álvarez, explicó el origen del episodio en rueda de prensa el 20 de abril, junto con los hallazgos de los muestreos realizados.
El fenómeno ocurrió en la parte baja del sistema lagunario, en la Laguna de la Costa, un cuerpo de agua de alta salinidad ubicado en la franja con Veracruz, conectado al río Pánuco y al Golfo de México.
El proceso comenzó meses atrás, cuando lluvias intensas y fenómenos meteorológicos generaron fuertes avenidas que desplazaron grandes volúmenes de agua dulce desde el Guayalejo-Tamesí hacia esa laguna.
El influjo redujo de manera considerable la salinidad de la laguna, y creó un ambiente salobre temporalmente habitable para especies de agua dulce como tilapia, bagre y carpa, que fueron arrastradas a la zona.
Estas especies sobrevivieron varios meses en ese hábitat improvisado, hasta que el equilibrio se rompió el 21 de marzo, cuando cesó la aportación de agua dulce que mantenía el sistema en condición salobre.
La influencia del río Pánuco y las mareas del Golfo recuperaron su incidencia sobre la laguna, y la salinidad comenzó a subir de manera sostenida hasta alcanzar niveles letales para las especies de agua dulce.
Los diques instalados para regular el flujo y garantizar el abasto de agua para uso humano impidieron que los peces regresaran a su hábitat original, y los dejaron atrapados donde ya no podían sobrevivir.
“Quedaron atrapados en una zona donde ya no podían sobrevivir”, resumió Quiroga Álvarez al describir el cuello de botella ecológico que produjo la mortandad masiva registrada en la Laguna de la Costa.
Los muestreos realizados por la Comisión Nacional del Agua, la Comapa Sur y otras dependencias estatales en distintos puntos del sistema descartaron la presencia de agentes contaminantes de origen humano.
El funcionario subrayó que el fenómeno tampoco afectó la calidad del agua destinada al consumo humano en la zona conurbada de Tampico, Ciudad Madero y Altamira, donde dependen cerca de un millón de personas.
El secretario de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente, Karl Heinz Becker Hernández, confirmó que al detectarse la mortandad se activaron los protocolos sanitarios correspondientes para retirar los ejemplares.
Los peces fueron recolectados, trasladados a un sitio de confinamiento, y enterrados conforme a las normas federales aplicables para prevenir riesgos derivados de la descomposición durante las jornadas críticas.
Becker cifró en aproximadamente tres toneladas la cantidad de fauna retirada del sistema durante las labores de saneamiento, donde participaron autoridades de los tres órdenes de gobierno y organismos operadores.
Personal de la Secretaría de Marina y de la Conagua realizó mediciones en el dique El Camalote y en distintos puntos del área afectada, durante recorridos de inspección que cubrieron varios días seguidos.
En esos recorridos se reportó la presencia de fauna viva, incluyendo peces, aves y tortugas en diversas zonas del sistema, una señal de que la afectación no fue total a pesar del volumen de la mortandad.
DAÑO ECOLÓGICO: LA CRÍA COMO VARIABLE CRÍTICA
La mortandad no se limitó a ejemplares adultos, alcanzó de manera significativa a las crías de las especies presentes en el sistema, lo que compromete el ciclo reproductivo y la recuperación del recurso pesquero.
La desaparición masiva de ejemplares jóvenes interrumpe la cadena de reposición natural, porque son los individuos que en condiciones normales sostendrían la actividad pesquera de las temporadas siguientes.
La velocidad de recuperación dependerá de que las condiciones de salinidad se restituyan de manera adecuada, y de que no se produzcan nuevos episodios similares en el sistema durante los próximos meses críticos.
En el sitio conocido como El Vado, en la Laguna de Mayorazgo, los trabajadores de limpieza encontraron volúmenes considerables de peces muertos acumulados entre las compuertas del sistema hidráulico local.
Los trabajadores empleados en las labores de saneamiento describieron una acumulación visible en la superficie del agua durante los días más críticos del episodio, antes de que iniciaran los retiros del cuerpo lagunario.
Las labores de recolección se extendieron durante varios días, e incluyeron la participación de pescadores de la zona contratados para retirar la fauna muerta atrapada entre las compuertas del sistema lagunario.
CAÍDA DE INGRESOS SUPERIOR AL 80 POR CIENTO
En la cuenca del río Tamesí se estima que más de 600 familias resienten de manera directa o indirecta las consecuencias del episodio, repartidas entre comunidades ribereñas de Tamaulipas y de Veracruz.
Las localidades más afectadas son Cruz Grande, Martín A. Martínez, Torno Largo, Mata del Abra, Palmas Altas, Vuelta de las Yeguas, y Mata de la Monteada, donde se concentra la actividad pesquera del sistema lagunario.
En esas comunidades operan alrededor de 450 pescadores con actividad regular en el sistema lagunario, y sobre ellos recae el peso económico inmediato del episodio que terminó con miles de peces muertos.
El impacto sobre los ingresos diarios es medible, el pescador Ángel Guerrero reportó que sus capturas cayeron de entre 40 y 50 kilogramos al día, a apenas 7 u 9 kilogramos diarios desde que ocurrió la mortandad.
Con un precio promedio de mercado de 15 pesos por kilo de carpa, esa diferencia representa una caída de ingresos de entre 600 y 750 pesos diarios, a entre 105 y 135 pesos por jornada de trabajo en el agua.
La caída supera el 80 por ciento de los ingresos habituales, y en términos de ingreso no percibido, un pescador promedio dejó de obtener entre 400 y 500 pesos diarios sobre las capturas con valor comercial.
La pérdida de la cría añade una dimensión que va más allá del ciclo de pesca inmediato, porque la recomposición del stock pesquero tomará su tiempo una vez que el sistema recupere su equilibrio natural.
Esa recuperación, según los pescadores y los técnicos consultados, prolongará el período de afectación económica más allá de la emergencia registrada en abril, y se sentirá en las temporadas que vienen.
PESCADORES SEÑALAN PROBLEMA ESTRUCTURAL EN EL MANEJO DE COMPUERTAS
Las comunidades ribereñas vinculan el episodio a un problema de gestión hidráulica que identifican como recurrente, y que según ellos no es nuevo en el sistema lagunario del río Tamesí ni en sus alrededores.
El pescador Clemente Vázquez señaló a la Comisión Nacional del Agua como el actor institucional con mayor responsabilidad en el manejo del sistema, por encima de las autoridades estatales y municipales.
Vázquez describió los efectos de la falta de circulación del agua que produce el cierre prolongado de las compuertas, una práctica que según él altera el equilibrio del sistema lagunario en periodos largos.
Cuando las compuertas operan con regularidad, las cargas y descargas de agua dulce generan un proceso natural de oxigenación y mezcla, que mantiene el equilibrio del ecosistema y permite el movimiento de las especies.
La interrupción de ese flujo produce condiciones de estancamiento que, con el tiempo, afectan directamente el recurso pesquero, según la lectura que comparten varios pescadores con experiencia en la zona afectada.
“Es un tema de Conagua, más que nada”, dijo Vázquez, al referirse al manejo de la infraestructura hidráulica, y añadió que el problema se mantiene desde hace años, sin que exista una solución efectiva del caso.
El secretario Quiroga Álvarez reconoció que uno de los factores que históricamente pone en riesgo el sistema es la manipulación no autorizada de compuertas por parte de algunos pescadores, lo que altera el flujo.
El funcionario descartó que esa práctica hubiera sido la causa principal del episodio actual, e indicó que se mantendrá la vigilancia para evitar ese tipo de intervenciones en la infraestructura hidráulica del sistema.




