2 mayo, 2026

2 mayo, 2026

A mi abuelita que desea volverse influencer 

Crónicas de la calle/ Rigoberto Hernández Guevara
Facebook
X
WhatsApp

Gracias a la era digital, de modo vertiginoso  cambió la manera de vivir del ser humano. Ignoro si para bien o para mal, si para ahorrar tiempo y espacio, pero estoy de acuerdo si esto sirvió para no talar tantos árboles en la producción de papel. Aún cuando la tecnología nos colocó a todos en un callejón sin salida en donde tarde o temprano, sin distinción de clases sociales ni edades nos hemos  ubicado o- en una idea más conspiranoica- nos ubicaron. 

El tiempo no obstante sigue siendo el mismo, pasa lo mismo con los alimentos, no así con los cuerpos que luchan contra el sedentarismo que las pequeñas pantallas y el ahorro de esfuerzo produce.

Surgió además un nuevo vicio con distintos nombres que hace que ciertas personas consuman el tiempo hundidos en el espacio virtual de un aparato por el cual transmiten y reciben información cada rato. Pues hoy en día hay acceso a la actualización de la famosa inteligencia artificial que reúne lo que hacemos y pensamos en algoritmos colectivos y personalizados.

En mi opinión estamos fritos si nos dejamos llevar en la totalidad por la tecnología sin ejercitar el cerebro creativo o si no ejercitamos el cuerpo. Reconozco que cada vez se leen menos libros. La lectura fue un vicio honorable, o la práctica matemática que fue un trámite espantoso pero  revolucionaba las neuronas. Hoy nadie sabe sacar la raíz cuadrada. 

Muchas personas dejaron de visitar a los cuates pues los ven conectados todo  tiempo, y aún cuando eso es bueno, por el otro lado de la moneda no lo es tanto.

Muy pronto abordamos un futuro incierto. La ficción nos desborda y la era robótica va sustituyendo el sitio que ocupamos en el mundo. Casi sin darnos cuanta los abuelos tienen Facebook e Instagram y saben dónde andamos y cuentan con aplicaciónes que otros ignoramos. Además es relativamente fácil ganar una lana con estar todo el día publicando y ganando visitas. Es por decirlo de alguna manera, un oficio abierto a cualquiera. No se ocupa mucha ciencia más que las ocurrencias para volverse influencer. 

El algoritmo digital se encarga de las emociones y preguntas, de las necesidades reales, de las compras, de hacernos ganar y perder el tiempo. Se ocupa de nuestros días completos, aunque no ha logrado abordar los sueños.

Quienes pertenecemos a la llamada vieja escuela vivimos la transición del lápiz al ordenador. De la libreta de apuntes a la grabadora de cassette y ahora es una aplicación. Los reporteros de entonces escribíamos rápido palabras que inexplicablemente entendíamos y nadie lograba descifrar. La redacción se llenaba de maquinas de escribir y después de computadoras, hoy los reporteros envían notas desde un lugar de la mancha o simplemente transmiten en vivo en la actual competencia. Y eso anteriormente era una hazaña que únicamente hacían las televisoras grandotas. Es increíble que un simple celular haya vencido a toda una instalación para hablar a un respetable público. Y eso lo consigue una persona en solitario. 

Al amigo Eustolio Hernández Cavazos – «Tolo» , para los amigos- no le tocó esta época. Llegaba al Periódico con su pequeña máquina de escribir y en una hoja tamaño oficio ya usada por un lado, pergreñaba con ironía su columna. Hoy en día comienzas a grabar o transmitir y difícilmente se puede evitar que lo hagas.

En algún sitio de China los drones llevan el mandado y la comida. Los taxis y autobuses no tienen operador y cuando un empleado cumple 30 años queda sin trabajo, pues llega la innovación que un chavo suele manejar mejor y trabajar más por un sueldo menor. Es todo abuelita, me queda claro que en algún lugar del algoritmo le va a salir esta carta. 

HASTA PRONTO 

DESTACADAS