Por Raúl López García
Expreso-La Razón
CIUDAD VICTORIA, TAM,.- Lo que prometía convertirse en una “boutique del bienestar” terminó envuelto en sellos de suspensión. La llegada de Paradise Shop a Ciudad Victoria no solo generó expectativa, también dejó una estela de polémica que hoy la coloca en el ojo del huracán local y nacional.
La tienda abrió sus puertas en mayo de 2025 en el Libramiento Naciones Unidas, presumiendo más de 300 productos derivados del cáñamo: desde gomitas y aceites hasta café con CBD. El concepto era claro: bienestar, relajación y una alternativa “natural” para el estrés y el dolor. Pero detrás del marketing, el terreno legal ya era resbaloso.
El impulso mediático no era menor. Entre sus socios figuran el expresidente Vicente Fox y el actor Roberto Palazuelos, lo que ayudó a posicionar la marca como una de las más visibles del negocio cannábico en México.
En Victoria, la curiosidad fue inmediata. Mientras algunos celebraban la llegada de productos con CBD como alternativa terapéutica, otros encendían alertas por la delgada línea entre lo legal y lo permitido. La conversación se trasladó rápido a redes sociales: ¿salud o simulación?
La respuesta oficial llegó meses después. En diciembre de 2025, la Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios detectó irregularidades: falta de aviso de funcionamiento y problemas en el etiquetado de productos, especialmente aquellos catalogados como alimentos o suplementos.
El golpe definitivo cayó a mediados de abril de 2026. Tras no solventar las observaciones, autoridades colocaron sellos de suspensión en el establecimiento. El mensaje fue claro: riesgo sanitario.
Paradise respondió con un comunicado que encendió aún más la polémica. Aseguró que ha cumplido con protocolos y acusó que las exigencias de la autoridad han sido “inéditas y desproporcionadas”, además de señalar retrasos fuera de los tiempos legales. También advirtió afectaciones económicas y pérdida de empleos.
El caso de Victoria no es aislado. La marca arrastra un historial de cierres en distintas partes del país. En 2023, la Cofepris clausuró una sucursal en la colonia Nápoles, en Ciudad de México, decomisando miles de productos por irregularidades sanitarias.
Para 2025, la historia se repitió en el norte. Autoridades de salud en Nuevo León ordenaron cierres en varias sucursales, señalando incumplimientos similares: etiquetado deficiente, falta de registros y comercialización en un marco legal aún ambiguo.
El trasfondo es más complejo de lo que parece. Aunque el uso recreativo del cannabis fue despenalizado por la Suprema Corte en 2021, la regulación comercial sigue siendo un rompecabezas. El CBD, en particular, se mueve en un terreno gris donde cualquier error administrativo puede costar caro.
Mientras tanto, en Ciudad Victoria, la tienda permanece cerrada. Los videos de los sellos y las quejas del negocio circulan en redes, alimentando teorías que van desde persecución institucional hasta simple incumplimiento de normas.
Entre consumidores, la percepción está dividida. Hay quienes defienden los productos como seguros y útiles; otros cuestionan la falta de claridad en su composición y beneficios reales.
Lo cierto es que Paradise pasó en cuestión de meses de ser novedad a símbolo de controversia. Un caso que refleja el choque entre una industria en expansión y una regulación que no termina de aterrizar.
Por ahora, el “paraíso” está cerrado. Y la pregunta sigue en el aire: ¿fue exceso de autoridad… o descuido empresarial?




