17 mayo, 2026

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Crisis tras crisis

Zoon Politikon/José L. Archundia
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La muerte de Rodolfo Torre Cantú marcó la vida de Tamaulipas. Ocurrió en un entorno político en que un presidente panista, urgido de legitimar su mandato, había iniciado la guerra contra el narcotráfico sin prever la crisis de seguridad que después se vendría encima.

El candidato priista despuntaba como el seguro ganador. Su competidor panista, José Julián Sacramento, hizo mutis de la escena después de sostener negociaciones en secreto con Eugenio Hernández Flores. Rodolfo ya había dimensionado a lo largo de su campaña que recorrer los caminos del estado era una agenda de terror, su final fue trágico y marcó la época como el principio del fin de la hegemonía priista.

Desde entonces las intermitentes crisis políticas que vivía Tamaulipas se convirtieron en un mal crónico. Egidio Torre asumió el poder en medio de la crisis de inseguridad y de la resaca política provocada por la muerte de su hermano. Para entonces EEUU presionaba para que México diera muestras de su combate al narcotráfico con una cacería de políticos.

Fue en los primeros años de Egidio cuando se desató la cacería de Eugenio y también de su antecesor, Tomás Yarrington Ruvalcaba. Ambos tuvieron que enfrentar la embestida judicial de EEUU, y mientras él matamorense acabó preso y hasta ahora permanece en prisión, el victorense pudo sortear las acusaciones en México y aún sigue litigando en las cortes norteamericanas.

Egidio transitó su mandato entre crisis políticas y de seguridad, y a la distancia de los procesos contra sus antecesores. La llegada de Enrique Peña Nieto fue el preludio del fin de la época priista.

Las reformas constitucionales impulsadas por el mexiquense, pero sobre todo la energética, fueron negociadas con el panismo a un alto costo: se entregaron gubernaturas, entre ellas la de Tamaulipas.

Entre el ascenso del gobernador Cabeza de Vaca y el arribo a Palacio de Andrés Manuel López Obrador se acabó de dar el puntillazo al priismo. El panista ya instalado en Paldko de Gobierno fue un gobernador aprensivo y obsesionado con alargar su permanencia en el poder. Su ambición desmesurada significó también el colapso de su gobierno.

Lo intentó todo, pero no pudo hacer nada para evitar el arribo de Américo Villarreal Anaya al poder, Tamaulipas cambió y cambiará más aún, en función de cómo se defina el reacomodo político que ha iniciado en Morena con una guerra intestina, mientras la oposición transita sin brújula.

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