20 mayo, 2026

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Trump, AMLO y Rocha liquidaron a Morena por los narcopolíticos

INDICADOR POLÍTICO/ CARLOS RAMÍREZ
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Por Carlos Ramírez

Aunque a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo le disgustan sobremanera los dilemas polares, la crisis desatada el miércoles 29 de abril con la solicitud oficial y gubernamental de EU del arresto con fines de extradición del gobernador Rubén Rocha Moya y nueve coacusados marcó el principio del fin político del movimiento Morena.

Cada día se consolidan más los indicios de inteligencia y seguridad nacional que revelan que el presidente Donald Trump no abandonará la Casa Blanca sin antes subordinar a México a sus intereses geopolíticos. Aunque la posibilidad de una invasión militar sin permiso gubernamental mexicano para ingresar a territorio nacional con el propósito de destruir los nidos del narcotráfico está muy lejana, de todos modos forma parte de las opciones que determinan estrategias de desestabilización.

Trump no pudo destruir a Irán, pero con el uso de instrumentos bélicos descabezó la estructura teocrática de los ayatolás y diezmó a la Guardia Republicana; puso un cerco que está ahogando a la Cuba de nueve millones de personas y no quedará tranquilo hasta que destituya, encarcele o asesine al último líder histórico de la Revolución Cubana, el general de Ejército Raúl Castro Ruz, bajo cargos de haber ordenado hace muchos años el derribo de avionetas civiles.

Y Nicolás Maduro y sus aliados dudaron de que Trump pudiera ordenar su secuestro, y un comando dirigido por la CIA penetró el 3 de enero hasta el Palacio de Miraflores y apañó a Maduro y a su esposa para encerrarlos hasta ahora en una cárcel americana. Y ahora sí la Unión Europea está temiendo que Trump vaya a deshacer la OTAN para obligar a a las democracias europeas a subordinarse al nuevo polo imperial de la Casa Blanca.

Trump se percató que el verdadero poder de Estados Unidos estaba en el ejercicio de la fuerza con conductas retadoras a otros polos geopolíticos –Rusia, China, India, Irán y hasta la pequeña Corea del Norte–, pero ninguna de esas fuerzas de presunto equilibrio ha podido impedir que pronto imponga la Doctrina Monroe a nivel planetario ni que cumpla con el mandato divino de la Doctrina del Destino Manifiesto.

En círculos políticos mexicanos se hicieron escenarios de conflicto con Trump por sus amenazas de invasión, pero todas ellas se basaron en el viejo racionalismo priista del nacionalismo defensivo y llegaron a la conclusión de que Trump estaba jugueteando con las famosas listas el narcopolíticos.

Trump mandó mensajes que la inteligencia política mexicana no supo racionalizar y que decodificó con la vieja mentalidad priista de que México es más útil para Estados Unidos que Estados Unidos para México, y la presidenta Sheinbaum se conformó con la retórica lopezobradorista de la soberanía que le dio al país un soldado en cada hijo, aunque muy en el fondo hubo relativa preocupación en Palacio Nacional porque podría ser capaz de repetir 1847 en 2026.

El grado de inconsciencia nacionalista no procesó ni decodificó el significado de la solicitud de arresto con fines de extradición nada menos que del gobernador de Sinaloa y nueve coacusados y la respuesta gubernamental mexicana se convirtió en una provocación más al duro aparato de inteligencia y seguridad nacional que está gobernando ahora mismo la Casa Blanca: los halcones –política e ideológicamente hablando– J. D. Vance, Marco Rubio, Pete Hegseth, Stephen Miller, John Ratcliffe, Terry Cole, Christopher Landau y la dureza política de Ronald Johnson.

La Casa Blanca había armado un equipo de impresionante poder operativo, superior al establishment tradicional republicano-demócrata de seguridad nacional de Washington que operaba más como factor de presión para obtener beneficios que con voluntad operativa para aplicar la fuerza sin objeciones de conciencia. La seguridad nacional de EU cayó en la modorra del fracaso y desaparición de la Unión Soviética, de los pruritos chinos para iniciar una guerra y de las locuras del príncipe coreano.

La solicitud de extradición de Rocha Moya y nueve coacusados y sobre todo la rendición de un general retirado y de un operador político-financiero fue el principio del fin de Morena, con la circunstancia agravante de que todo giraba en torno a López Obrador y éste es hoy el objetivo por destruir. Las primeras negativas de candidaturas que ya estaban pactadas y palomeadas en el Palacio Downtown Abbey de Palenque comenzaron a caer como fichas de dominó.

Ahí está el dilema –ni modo, así se razona el análisis político y estratégico– de la presidenta Sheinbaum: hundirse con López Obrador o rescatar lo poco rescatable de Morena con una nueva élite más serena, negociadora e institucional.

Los mensajes de Washington –sin invocar filtraciones de seguridad nacional o de inteligencia– son muy claros: Rocha fue el primero y vienen más.

 

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Política para dummies: la política se mide por la agresividad de los adversarios y no por la estridencia de los afectados.

carlosramirezh@elindependiente.mx

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@carlosramirezh

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