22 mayo, 2026

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El caso de Blanca Adriana, un llamado al sector salud

EN VISTO / DORA ALICIA DE LA CRUZ
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El caso de Blanca Adriana Vázquez Montiel, mujer de 37 años desaparecida en el estado de Puebla tras ingresar a una clínica de belleza, vuelve a colocar en la agenda de la salud, las graves deficiencias en la supervisión, regulación y verificación de establecimientos estéticos, que operan sin cumplir protocolos sanitarios, pero además, sin contar con personal certificado y especializado en procedimientos de su tipo.

Vivimos en una sociedad que todos los días le dicta a las mujeres cómo deben verse, delgadas, sin abdomen, eternamente jóvenes y encajar en estándares que no son reales, como las que retratan en la publicidad, las revistas, el cine y ahora las redes sociales, que han normalizado la delgadez como si fuera el único modelo válido para “verse bien” o sentirse aceptadas.

Bajo esta presión social, se desató un auge de las cirugías plásticas y los procedimientos estéticos, lo que ha llevado a un mercado médico deshumanizado, que ha permitido la proliferación de clínicas operadas por personas sin la preparación correspondiente, incluso por profesionistas de otras áreas -como odontólogos- o por personas incluso sin educación profesional y sin certificación alguna en cirugía estética. En muchos casos, estos espacios funcionan libremente, sin supervisión ni protocolos sanitarios, y son clausurados solo cuando ocurre una tragedia, una paciente fallece, o el caso se viraliza en las redes sociales.

El reciente caso ocurrido en Puebla, donde una mujer, fue desaparecida tras acudir a una clínica estética y encontrado sin vida, tres días después, en una barranca del estado de Tlaxcala,
no debería utilizarse para juzgar su decisión de “querer verse bien”. El foco debe centrarse en las autoridades del sector salud, los responsables de supervisar, regular y verificar este tipo de establecimientos, porque es obvio que en este caso de clínica se hicieron “de la vista gorda”. Si las autoridades cumplieran con la supervisión, podrían evitar más tragedias, muertes de mujeres por causa de procedimientos estéticos realizados en espacios y por personal no apto.

En Tamaulipas, también se han registrado casos relacionados con procedimientos estéticos en clínicas particulares; en marzo de este año, en Reynosa, una mujer de 27 años de edad, murió mientras era sometida a una cirugía estética en una clínica particular, ubicada en la colonia Las Fuentes, Sección Lomas. A esto se suma el brote de meningitis registrado en 2023, con una mujer que murió, y se tiene registradas 15 denuncias, por procedimientos estéticos mal aplicados. Casos que evidencian cómo las llamadas “clínicas patito” , operan poniendo en riesgo la vida de mujeres que buscan realizarse intervenciones de belleza.

La medicina estética, no puede seguir siendo vista como un tema menor por las autoridades del sector salud. México se ha convertido en una potencia en turismo médico, relacionado con cirugías estéticas y procedimientos de belleza. De acuerdo con datos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética, el país ocupa el segundo lugar mundial, con mayor proporción de pacientes extranjeros en cirugía plástica, con 35.1%, solo por debajo de Colombia y por encima de países como Turquía y Siria.

Pero además, este turismo estético dejó ingresos por más de 8 mil millones de dólares, de los cuales el 40% correspondió a procedimientos estéticos en el 2024, cuando recibió alrededor de 1.4 millones de pacientes internacionales.
Estás cifras, dejan ver el negocio de esta industria, en la que la autoridades tienen una responsabilidad directa sobre la salud y vida de miles de pacientes .

Quizás el problema no es únicamente quien realiza el procedimiento de forma insegura, ni tampoco quien decide someterse a él. El fondo de la cuestión está en un sistema que ha permitido la expansión de una industria sin suficiente regulación, en la que tampoco puede descartarse el influyentismo y la corrupción que permiten la operación irregular de estos espacios.
No hablar de cuerpos ajenos y reconocer la pluralidad de lo que somos las mujeres en formas, edades, tallas e historias, también forma parte de la solución frente a una industria estética fuera de control.

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