Por Raúl López García
TAMAULIPAS, MÉXICO.- Había hombres que admiraban al doctor Sergio René Martínez Sánchez por su precisión en el quirófano. Otros, por la calma con la que explicaba un diagnóstico devastador. Pero quienes realmente conocieron su historia sabían que su grandeza no estaba únicamente en las cirugías cerebrales que realizó durante más de dos décadas, sino en la forma en que decidió seguir viviendo cuando el destino parecía haberle arrebatado todo.
El neurocirujano tamaulipeco-regiomontano sobrevivió en 2015 a un atentado a balazos en Monterrey. Dos impactos en el costado izquierdo cambiaron para siempre su vida. Las secuelas físicas lo dejaron en silla de ruedas. Para muchos habría significado el final de una carrera médica; para él fue apenas el inicio de otra batalla.
A partir de entonces, el doctor Sergio René Martínez Sánchez comenzó a convertirse en algo más que un especialista en neurocirugía endovascular: se transformó en un símbolo silencioso de resistencia humana. Mientras otros se habrían retirado, él volvió al hospital. Regresó a las consultas. Regresó al quirófano. Regresó a salvar vidas.
Quienes lo veían desplazarse en su silla eléctrica por los pasillos del Hospital Regional de Alta Especialidad de Ciudad Victoria entendían que estaban frente a alguien distinto. No buscaba reconocimiento público ni protagonismo. Lo suyo era la medicina. Lo suyo era operar aneurismas, tumores cerebrales, malformaciones arteriovenosas y traumatismos craneales con la misma serenidad con la que hablaba con sus pacientes.
Su formación respaldaba esa reputación. Egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León como Médico Cirujano y Partero, se especializó en Neurocirugía y posteriormente en Terapia Endovascular Neurológica en la Universidad Nacional Autónoma de México. Su trayectoria lo llevó a consolidarse como uno de los neurocirujanos más preparados del noreste del país.
Trabajó en instituciones como el Hospital Regional de Alta Especialidad de Ciudad Victoria, el Hospital Victoria La Salle y el Centro Médico Zambrano Hellion. Ahí construyó una reputación basada no solo en la técnica médica, sino en la cercanía humana con sus pacientes.
En mayo de 2026 todavía seguía realizando procedimientos de alta complejidad. Compañeros médicos recuerdan que recientemente había participado en cirugías exitosas que salvaron la vida de pacientes con aneurismas y traumatismos severos en Ciudad Victoria. A pesar de las limitaciones físicas derivadas del atentado, jamás abandonó su vocación.
La madrugada del 23 de mayo de 2026, la tragedia volvió a cruzarse en su camino. El vehículo en el que viajaba volcó sobre la carretera Monterrey–Montemorelos, a la altura del kilómetro 181, en el tramo hacia Hualahuises, Nuevo León. El doctor murió en el lugar. Su esposa sobrevivió al accidente y fue trasladada a un hospital con lesiones.
La noticia estremeció rápidamente a la comunidad médica de Tamaulipas y Nuevo León. No solamente había fallecido un neurocirujano reconocido; había partido un hombre cuya vida representaba una lección de fortaleza. Colegas, pacientes y hospitales expresaron mensajes de duelo recordando su profesionalismo, humanidad y capacidad para seguir adelante incluso después de enfrentar la violencia y las secuelas permanentes que marcaron su cuerpo.
Quizá por eso su historia trasciende la medicina. Porque Sergio René Martínez Sánchez no solamente operaba cerebros: también enseñaba, sin decirlo, cómo resistir. Su vida quedó marcada por el dolor, la disciplina y la voluntad de continuar cuando todo parecía perdido.
Y en esa mezcla de ciencia, sufrimiento y vocación, terminó convirtiéndose en algo que pocas personas logran ser: un médico inolvidable.




