23 junio, 2026

23 junio, 2026

Crisis de lealtades

ARCA DE NOÉ/ PEDRO ALFONSO GARCÍA

Por. Pedro Alfonso García

La “Cuarta Transformación” en Tamaulipas vive hoy su propia circunstancia: la aparente solidez de un bloque monolítico que, observado a contraluz, deja al descubierto grietas imposibles de disimular. Hemos pasado del movimiento que prometía renovar la vida pública, a una coalición de intereses donde la lealtad es un bien escaso y la disciplina, una simple puesta en escena.

La potencia electoral que llevó a Andrés Manuel López Obrador a Palacio Nacional y que arrasó con las estructuras priistas y panistas, hoy enfrenta su propio desgaste, devorada por sus contradicciones internas y el apetito insaciable de quienes ven en la política solo un negocio de reparto.

Este fenómeno no es una novedad ni un accidente local; es una constante que ha marcado el paso de la 4T desde su origen. A nivel nacional, presenciamos la desbandada de figuras que, habiendo sido piezas fundamentales o beneficiarios directos del proyecto, terminaron rompiendo con él al no obtener las cuotas, espacios o el peso político que ambicionaban.

El camino recorrido por personajes como Germán Martínez, Julio Scherer, Carlos Urzúa o el mismo Porfirio Muñoz Ledo es emblemático: la transición de la lealtad técnica a la crítica ácida y el activismo anti-morenista tras sentirse traicionados o marginados por las cúpulas.

Los viejos aliados que conocieron desde sus entrañas las fortalezas y debilidades del poder, se han convertido en sus críticos más peligrosos, nutriendo de información sensible a una oposición que hoy capitaliza con eficacia cada desaire interno.

En Tamaulipas, esa misma semilla de insatisfacción germina con fuerza bajo una lógica distinta: aquí el movimiento no se construyó con una base ideológica, sino mediante el reclutamiento  pragmático de quienes otrora fueron sus acérrimos adversarios.

Alcaldes, diputados y operadores territoriales que hoy ocupan posiciones clave en el andamiaje oficial son, en su mayoría, «híbridos»: expriistas o expanistas que llegaron al poder bajo la inercia del obradorismo. Estos cuadros mantienen sus viejas prácticas, sus propias agendas y una visión puramente transaccional. Su alineamiento con el gobierno estatal es frágil, condicionado exclusivamente a qué tanto se atienden sus intereses personales o de grupo.

Reynosa es el laboratorio donde esta realidad es más evidente; es el espejo donde otros municipios de gran peso político observan que es posible sobrevivir —y hasta prosperar— desafiando la ortodoxia que obliga a respetar la autoridad central.

Estamos entrando en la fase del «canibalismo político», la disputa por la gubernatura en 2028 no es cosa nueva; se está librando hoy en la designación de los futuros «defensores» para el 2027. Los aspirantes a suceder al actual gobierno estatal ya no operan en bloque, construyen ejércitos personales, reclutan incondicionales y usan la estructura del partido no para fortalecer para asegurar su propio proyecto sucesorio. La «unidad» es solo el eufemismo que emplean para evitar que el rival interno les robe la franquicia.

El peligro real para el movimiento no es la oposición, que observa con paciencia cómo la casa se divide sola, sino la implosión. La fragilidad de los alineamientos actuales es absoluta: en cuanto los tiempos de designación se acorten y las expectativas de los alcaldes y legisladores no sean satisfechas, veremos el intento de iniciar una desbandada.

Al final, lo que queda es ambición pura, o el intento desesperado de sobrevivir, en un escenario donde el liderazgo nacional ya no firma cheques en blanco, y la estructura morenista dejó de ser refugio ideológico para convertirse en campo de batalla por el presupuesto.

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