Por Rigoberto Hernández Guevara
Si lo que hubiera pasado hubiese pasado, la ciudad sería otra, el país, desde luego el paisaje y la gente que me rodea sería otra más mentirosa, más defectuosa, delicada. Esto no obstante es lo que hay.
No hubiera escuelas como las conocemos desde hace más de cien años. Tal vrz todo sería tan diferente si nuestros ancestros hubiesen decidido vivir arriba de los árboles. ¡A no, pues cómo, si ya somos ricos! El ego del hombre debe haber vivido unos días en el árbol hasta que pasaron los años y logró conseguir un Uber bajo la lluvia. Si no es que ya compró una motocicleta.
Si nuestra estatura fuera de unos 30 centímetros ya nos andaría con las gallinas. Es hora de reconocer qué bueno que el hubiera no existe. El hubiera no existe porque uno no quiera, si los micros cobraban más barato, quien dijo que deseabamos que eso ocurriera.
No estaría usted leyendo el presente texto y quizás se habría salvado de nada, pero lo interesante sería el camino, luego una decisión, y otra mientras el camino se bifurca, se mueve bajo los temblorosos pies de un equilibrista.
También por algo que no pasó puede usted estar muy triste y en contrapartida habría en el antagonista una gran alegría por lo mismo. Cuando no llevaste el paraguas llovía. El mismo paraguas presentó incidentes las veces que lo llevaste y ningún día llovió.
Se hubieran traído la herramienta pero ahí están tirados en la carretera como una muestra eficaz de que el hubiera no existe. Y cuando el hubiera existe, nadie se da cuenta que las cosas pasan por algo y las que no no.
La familia viviría en otras tierras, sembarían trigo y cebada. Inventarían la cerveza más fría, las noches de lluvia y el hombre mojándose a media calle. Inventarían la fotografía y los espejos, las manos en los dibujos y los días libres.
Si hubiera ido para que el hubiera existiese, no imagino cómo es que las cosas fueran distintas. Yo no sería el mismo que hoy arrastra una losa, sería el de otra loza. Me quedé y no estoy soñando, hice lo que pude. Si yo mismo me viniera a ver no me creería, en serio.
Si no hubiera entrado aquel día, aquí anduviera y no fuera sólo recuerdo. Usted y yo nos conociéramos, hubiéramos hecho un viaje e imagino el avión, la noche sobre el Atlántico. Pero entré a la habitación que cambió la historia. Hubiera ido por un vaso de agua y no fui, hubiera ido al baño, para no andarme orinando durante aquel discurso que me eché. Si hubiera ido al baño quizás me hubiera tropezado con mi mejor amiga y hubieran pasado los años.
Con todas las cosas que no fueron se hace un pueblo y una reyerta campesina, se gana un partido de fútbol que estaba perdido. Con todo lo que no fue, aprendí a vivir en la cerca viendo al otro lado por si una pedrada.
Cuesta lo mismo lo que pudo haber sido y lo que fue. A lo lejos lo que creció como una posibilidad y después falló se olvida. Ahí en el olvido viven todas las posibilidades con los personajes ocultos, con un millón de opciones, con miles de vidas que nunca llegamos a conocer ni nos conociéramos.
Hay una salida del tren que lleva pasajeros muy lejos. No he visto la cara de ninguno. Pude haber subido a preguntar por los boletos, pude ser el maquinista que observó que todo está listo y la gruesa maquina de fierro arrancará el silencio de los rieles rumbo al destino final. Yo lo veo pasar y pienso qué sería de mi de haberme subido. Me habría casado con Englantina, no sé, la hubiera conocido en el trabajo, no sé cuál trabajo, cual oficio de profeta, tampoco sé quien es Englantina.
HASTA PRONTO




