La ciudad y puerto de Tampico representa en mi vida profesional un sitio de múltiples emociones y momentos, pues desde hace cinco años gracias al grupo Editorial Expreso-La Razón, me ha permitido estar en mayor contacto con la zona sur, ferviente tierra futbolera con una tradición de antaño.
No obstante hace ocho o nueve años, fue justamente escenario de uno de los peores momentos que he vivido en la labor del trabajo periodístico, pues fui víctima de una agresión artera por parte de la Policía Metropolitana cuando en aquel entonces gobernaba Fernando Azcárraga en el puerto jaibo y Guadalupe González Galván en Ciudad Madero, que nunca respondieron por la vejación sufrida en el desempeño de mis funciones, caso que seguramente recuerda muy bien don Francisco Filizola, en aquel entonces mi jefe y hoy presidente de Correcaminos.
Aunque bueno, esa es otra historia o únicamente capítulo de los lazos que me unen con aquella zona, misma que recorrí entre miércoles y jueves, como es costumbre, por cuestiones de trabajo que cotidianamente me llevan por aquellos lugares.
Tal vez era una visita de rutina, un partido entre Altamira y Correcaminos como los muchos que se dan durante el año, en este caso para la Copa MX; del partido hay cosas que me llaman la atención, los goles fortuitos que se dan por ambos bandos y después la igualada por la vía penal, un cuadro naranja que poquito a poco da muestras de querer mejorar, pero donde se marca ya una diferencia entre los jugadores que tienen con qué madurar a la par del torneo y los que se van quedando, caso concreto Sinecio González y ese día muy marcado el caso de Julio Gómez.
Ese día, fui honrado con la invitación de MVS Deportes para la transmisión del juego a través de Exa FM, misma que llegó por conducto de mi amigo Paco Ánimas y como compañero tuve a otro gran amigo, Óscar ‘El Chato’ Rodríguez Lugo.
Me queda claro que la familia De Hita vive con mucha pasión e intensidad el fútbol, su empresa, su equipo, todo lo relacionado con el cuadro de Estudiantes y me consta por amigos que laboran en la institución que a través de estrategias vigentes, con mucha creatividad y ganas intentan generar arraigo en la zona con este equipo, pero ya más de una década y no prenden.
El miércoles había mil doce aficionados en las tribunas del bello Estadio Altamira, y se me hace que le piden la ecuación al club Correcaminos para inflar los datos y no verse tan pinchurrientos a la hora de anunciar la asistencia, en el duelo que ellos llaman clásico, porque así quieren verlo y que más allá de los límites de Altamira se pierde la señal de su buena intención.
Platicando con amigos y colegas de la zona conurbada, les comento que aún no alcanzo a razonar el por qué casarse con un proyecto que si bien cuesta mucho y en gran medida es financiado por una familia que tiene una larga trayectoria en el ámbito empresarial y simplemente no ve el éxito ni económico ni deportivo con un equipo que ni protagonismo ha logrado en la división de ascenso.
¿Por qué no vestir de celeste al equipo de Altamira?. La Jaiba Brava del Tampico Madero que actualmente milita en la Liga Premier de la Segunda División, que para cuestiones reales es una tercera categoría en nuestro país, registró en su reciente compromiso en la cancha del Estadio Tamaulipas una asistencia de nueve mil personas con boleto pagado. ¿Dónde está el negocio?.
¿Cuáles son los obstáculos?, ¿Qué los detiene?, ¿Es en realidad un proyecto deportivo o un capricho?. Mientras esas preguntas siguen sin respuesta, Estudiantes de Altamira vegeta en una liga donde no está ni con Dios… ni con el Diablo.
@luisdariovera




