CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- Durante los años 1790 y 1791 se realizó en la Nueva España un censo por idea del Virrey Juan Vicente Güemes Pacheco de Padilla, quien había gobernado la Nueva España de 1789 a 1794, y se le llama desde entonces el censo de 1793.
En este documento se puede observar algunos datos de población justo antes que iniciara la Guerra Civil de 1810.
En este censo había datos que salían desde la Secretaría del Virreinato, pero que por la distancia y la falta de comunicación tardaban hasta un año en aclarar dudas o recibir resultados y se observa el interés de los españoles por conocer las condiciones económicas de los nobles y establecer así los tributos, finalmente todo tenía un interés económico y social.
Así fue el caso de Guadalajara, donde don Jacobo Ugarte y Loyola, tuvo dudas sobre las órdenes de Revillagigedo giradas en enero de 1790.
Queda claro que para la época de la colonia los datos demográficos, económicos y sociales ya eran de interés y se realizaban con los conocimientos propios de la época y también sus limitaciones.
Al grado que Juan Vicente Güemes Pacheco de Padilla, dejó al Marqués de Branciforte una instrucción, cuando este le sucedió en el cargo: “Por más esfuerzos que he hecho no ha sido posible lograr el que se concluya el padrón de la población de estos reinos (SIC), pero por varias noticias y combinaciones y por lo que hay concluido del padrón, se puede colegir, con bastante probabilidad, que la población no pasa de tres y medio millones de almas”.
Con esa interferencias en la comunicación, se dice que el censo da la impresión que pasó mucho tiempo para lograr los resultados de algunas poblaciones. Sin embrago, fueron pocos los faltantes y sirvieron en su momento para que Alexander Von Humboldt, considerado el padre de la Geografía moderna, citara estos números o sus aproximaciones en gran parte de su obra.
Los resultados no se publicaron en aquella época, sino hasta 1977, cuando lo sacó a la luz la Dirección General de Estadística en 1977, una Secretaría que entonces dependía de la Secretaría de Programación y Presupuesto.
El censo contiene también las quejas de los encargados en recopilar la información, un aspecto que se comprende por ser el primer documento en su tipo en México, y hoy día se sabe que en casos como Guadalajara los documentos no se enviaron antes de 1803, no llegaron a la Secretaría del Virreinato y al parecer no habían salido de ahí hasta 1878. Estos documentos maltratados se encontraron en el archivo del Ayuntamiento de Guadalajara, guardados en cajas metálicas herméticamente cerradas.
En cambio, Guanajuato sobresale por la rapidez en que se generó la información, de hecho Juan Antonio de Riaño, recibió una felicitación del Conde de Revillagigedo, por la profundidad y características del censo que envió.
Y del cual se resguardan cuatro ejemplares en el Archivo General de la Nación.
Hubo ausencias de muchas jurisdicciones en la época como Coahuila, Texas, Veracruz en el sector de Pánuco y Tampico, Sinaloa, Sonora y otros.
Sin embrago, permitió conocer que los niños menores de 16 años aún estaban considerados para recibir instrucción religiosa y los varones mayores de 16 y menores de 40 años debían inscribirse al servicio militar.
Las mujeres desde aquella época en México se casaban con menos de 16 años y los varones postergaban esta práctica sin ninguna presión social.
La actividad económica giraba en torno a la agricultura, la artesanía, el ejército, la marina, órdenes religiosas, jornaleros y tributarios.
Y se dice aquí mismo que el descenso de la población en México se debió a la lucha de la conquista, al repartimiento de los vencidos, a la explotación en los trabajos forzados, a la epidemia de viruela en 1520, la del sarampión en 1529 y la de tifo en 1545.
Lo que dicen sorprendió a la población nativa de estas tierras sin inmunización alguna…




