27 mayo, 2026

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El milagro tiene dueños

Bitácora republicana
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En noviembre pasado un grupo de fundadores de la corriente democrática surgida en 1986, organizó una celebración para recordar el sentido de nuestro movimiento que naufragó por la recurrencia del fraude electoral y la formación de una coalición oligárquica vinculada con los intereses del exterior. Lo que dijimos entonces y seguimos reiterando, ha sido holgadamente probado por los hechos. Percibimos, como muchos mexicanos, que el presidente De la Madrid avanzaba en la obra negra para instaurar de manera perdurable el proyecto neoliberal.

A pesar de las múltiples oportunidades que este modelo ha tenido para mostrar sus bondades, la cauda de daños contra la nación es innumerable. Se ha enraizado a lo largo de 30 años con seis máscaras gubernamentales diferentes. Es una espiral continua que añade promesa sobre promesa y acumula agravios sobre agravios.

El llamado “cambio de rumbo” del primer sexenio se convirtió en “reforma de la revolución” en el segundo, seguido luego de un “rescate económico”; después, con la “alternancia en el poder”, se preservaron servilmente las políticas anteriores que desataron por añadidura la explosión de violencia que padecemos. El “Pacto por México” se planteó como la síntesis de las reformas diferidas y puede convertirse en el momento límite de resistencia del pueblo mexicano.

El premio Nobel de economía, Paul Krugman, acaba de ofrecernos un ejemplo de análisis retrospectivo. En la Convención Nacional de Industriales probó el fracaso de las estrategias implantadas en México durante los últimos tres decenios: “Una de las cosas decepcionantes es el anunciado despegue del crecimiento económico; si la gente está cansada de esperar el milagro mexicano, yo también me cansé”. “Sólo Dios sabe qué pasó en este país, uno de los más reformados del mundo”. “No hablamos de un desempeño terrible, pero paradójicamente la apertura económica del país produjo más desigualdad y mantuvo a la economía mexicana por debajo de su capacidad”, lo que a su juicio prueba que “el comercio no es necesariamente una buena herramienta para acabar con la brecha social”.

El distinguido economista se preguntó: “¿Cuándo se dará este milagro?”, añadió que nuestro país tiene “desafortunadamente un alto nivel de violencia doméstica” y que en las historias relacionadas con fracasos en el mundo “se involucran guerras civiles, de manera que los desastres económicos son frecuentemente impulsados por ellas”. Lo que coincide curiosamente con la declaración del Ejército Zapatista cuando cuestiona a quienes, ante “la catástrofe y la tormenta que viene, siguen recurriendo a los mismos métodos de lucha”.

Hay quien afirma que el milagro mexicano ya existe, sólo que tiene dueños y son pocos: Las 37 familias más acaudaladas de México con una riqueza de 180 mil millones de dólares, los ostentosos beneficiarios del narcotráfico y del crimen organizado, así como la alta burocracia. Está también presente, en su contraparte: los que no ganan lo suficiente para sostener a sus familias y los que son víctimas de vejaciones, homicidios y miseria. Esto es, los que viven de milagro.

Manuel Ajenjo añade que “a pesar de la impunidad de los que tienen poder y dinero y de los muchos millonarios que se producen cada sexenio, en contraste con la creciente población que vive en la pobreza alimentaria, no estamos viviendo una revolución”.

Nos encontramos a dos meses de elecciones intermedias y la crispación de los mexicanos no parece reflejarse en el discurso político. Como si las preocupaciones verdaderas de los ciudadanos y los artificios de la propaganda corrieran por pistas distintas. Como si estuviésemos cumpliendo un ritual que, cualquiera que fuese el resultado, no modificará la situación dramática en que el país se encuentra.

La sustitución de la ideología por la propaganda es un pilar del sistema y causa de la indefensión ciudadana. Asistimos a una devaluación del sufragio porque la partidocracia ha corrompido el sistema representativo y determinado la imposibilidad virtual de que la sociedad acceda al poder por la vía electoral.

Si el objetivo de las izquierdas es impulsar el cambio histórico que requerimos es menester plantear un nuevo paradigma claramente distinto del anterior, sobre el cual pueda construirse un nuevo consenso social.

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