Nueva York: un oleaje de espectadores atraidos por un viernes santo, santo para el arte incrustado en las betas de los seres humanos, integrado a un arte de lo insignifiante. En tiempos en que la presión del arte no es lo legítimo sino la improvisación de lo visual, tangible y auditivo, en una mirada de lo absurdo a lo maravilloso. No es el hecho del arte de la computadora, si la cibernética, como ciencia de lo indescifrable, de lo imposible, ante nuestra mirada que aún no acepta entender las posibilidades enormes de un arte de hoy o del futuro. Centenas de espectadores volcados en el MoMA para apreciar la obra de la artista originaria de islandia Bjork, de 49 años, años compulsivos revueltos en maravillosas obras que podríamos discutir si son obras de arte o no, pero debemos admitir su potencial extraordinario de amor, de un intenso amor a la vida, al ser humano. La exposición contiene obras de diseño, instrumentos, vestuarios de la cantante en cuyas partituras intuimos el ser infinito del hombre y la mujer, por supuesto que el artista representa en su voz de extraordinarios lenguajes llevados en una instrumentación multiplicada. Bjork es una artista múltiple como lo es todo el nuevo «Renacimiento» del arte de nuestro tiempo. O mejor dicho, el arte del instante que es hoy. El MoMa alberga una muestra de arquitectos latinoamericanos donde se encuentran los más imporantes arquitectos mexicanos. Una exposición de arte urbano integrado a lo público y a lo íntimo como una internación de lo que es la ciudad. Sin duda el MoMA en el arte contemporáneo, es el ombligo del mundo. Un encuentro celeste de miles de personas que admiran y disfrutan el arte que se hace hoy en nuestro tiempo y en nuestras vidas. Nueva York entre la lluvia y las nubes, las elegantes mujeres que suben y bajan las escalinatas del museo de arte moderno de la ciudad.




