Las campañas electorales entraron en una etapa de asentamiento. Los diferentes candidatos (o casi todos) mostraron sus armas, sus fortalezas, debilidades y el tono con que encararán la competencia.
Ya se cumplió prácticamente la primera cuarta parte del periodo que emplearán los partidos para convencer a la ciudadanía de que elijan a sus candidatos.
Y por lo menos en Matamoros queda la impresión de que las que apuntaban a ser unas campañas feroces por el nivel de confrontación, han resultado todo lo contrario.
Los golpes bajos no han llegado de ninguno de los dos bandos principales y los candidatos no han recurrido como algunos pronosticaban a las campañas negativas.
Un ejemplo de ello fue la fotografía que se tomaron Jesús, Chuchín, de la Garza Díaz del Guante y Ramiro Salazar Rodríguez apenas a unos cuantos días de iniciada la contienda.
Coincidieron por casualidad en algún sitio e intercambiaron palabras de respeto.
Ha sido pues, una campaña civilizada; sobre todo si se compara con el nivel de lodo que vuela en otras competencias, incluso en algunos otros distritos de Tamaulipas donde la situación puede pintarse color de hormiga de cara a la jornada electoral.
Eso por no mencionar lo que ocurre en Nuevo León, por ejemplo, donde los candidatos a la gubernatura libran una auténtica batalla en la que —parece— se vale de todo.
Si el tono positivo empleado por los candidatos en el distrito IV ha venido acompañado de propuestas interesantes para la población es un asunto que la ciudadanía definirá el 7 de junio.
Lo que sí hay —y seguramente continuará— es una suerte de campaña alterna que se lleva a cabo en la mesa del Instituto Nacional Electoral (INE) y del Tribunal Electoral.
La judicialización de la presente campaña ya es un hecho, y los partidos deben estar preparados para pelear en la mesa lo que puedan ganar o perder en las urnas.
El INE ha avisado que será implacable, sobre todo en lo relacionado con la fiscalización de los partidos.
Ojalá que los partidos y sus candidatos tengan la estatura para aceptar las consecuencias que pudieran desprenderse de las nuevas reglas del juego que ellos mismos diseñaron y aprobaron.
Los apuros de Balta
A Baltazar Hinojosa Ochoa le urge reducir la tensión que en automático se creó con los otros candidatos que también aspiran a la gubernatura de Tamaulipas. O por lo menos, encontrar el modo de sacarles la vuelta y poder hacer acto de presencia en sus distritos, es decir, el VI, donde Alejandro Guevara Cobos va muy adelantado, y el VIII, donde todavía batalla Mercedes del Carmen Guillén Vicente, «Paloma».
El proyecto del exalcalde de Matamoros tiene sólido apoyo en la región fronteriza, cuenta con una estructura que muestra entusiasmo ante la posibilidad nada remota de llevarlo a la candidatura en el 2016.
Ahora es cuando él debe mostrar el colmillo suficiente; tejer alianzas y operar con precisión quirúrgica para ganarse las simpatías del Sur del estado, sin romper lanzas contra quienes tienen el mismo objetivo.
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