A menos que los 83 candidatos a diputados federales que juegan en los ocho distritos electorales de Tamaulipas demostraran lo contrario (en un arranque de honestidad, me atrevo a asegurar que ninguno, de motu proprio, estaría dispuesto a ofrecer una explicación seria y convincente del destino que han tenido los recursos económicos que (se supone) en tiempo y forma recibieron para sus campañas proselitistas.
No podrían ellos argumentar que los dineros han sido canalizados a su promoción mediática, puesto que las transmisiones de sus mensajes en la radio y la televisión se otorgaron equitativamente y sin cargo a sus monederos, tal y como lo establece claramente la reglamentación electoral.
Y tampoco tendrían argumentos valederos para justificar el gasto en la impresión de promocionales –como son las gorras, calcomanías, llaveros, pancartas, espectaculares, bardas, camisetas y desplegados en la prensa escrita, amén de otros rubros–, pues en los ocho distritos de la geografía estatal su propaganda es escasa, casi nula, al menos en el aspecto óptico (que los eruditos en la mercadotecnia llaman impacto), lo que anima la sospecha de que muchos de ellos vieron la oportunidad de ser candidatos más como un negocio personal que como la posibilidad real de acceder a las posiciones en juego para demostrar su capacidad de servicio.
Ignoro el monto exacto de los recursos entregados a cada uno de los candidatos, en cuanto a prebendas legales se refiere, pero advierto que éstos quizá son multiplicados con la contribución de algunos de sus amigos, socios y/o parentela.
Por tanto, la escasa penetración de muchos de esos candidatos en el ánimo ciudadano –considerando la estadística de Consulta Mitofsky–, me lleva a presumir que en gran parte obedecería a su indolencia para desarrollar campañas y al ‘clavo’ que a algunos les solucionaría sus problemas económicos inmediatos y a otros la sobrevivencia sin trabajar, hasta el día en que nuevamente se les requiera para prestarse al juego de la simulación democrática.
Tal vez por ello muestren exagerada preocupación ante le vigilancia del Instituto Nacional Electoral (INE) sobre los gastos de campaña.
Riesgo de anarquía
Sin distingo de ninguna índole, la sociedad mexicana acaricia la frontera del hartazgo, gracias a la incapacidad que muestran los actores políticos para alcanzar acuerdos y establecer un diálogo responsable que permita superar el peligroso estancamiento en que se encuentra el país.
Vivimos un escenario de confrontación cotidiana, en el que ninguna de las partes en litigio cede, y sí, por el contrario, se han dado a la tarea de ahondar sus diferencias generando tristes y patéticos espectáculos, que al mismo tiempo amenazan con salirse de cause y provocar una real anarquía político-electoral.
La rebatinga y pelea de espacios de poder, tiene lugar en todos los frentes, sin que haya un árbitro confiable que reoriente y revierta el estado de las cosas que ya se encuentran en un punto crítico y enredado en demasía.
A este clima enrarecido también contribuyen, de alguna manera, los medios de comunicación masiva impresos y audiovisuales.
Sobre todo la radio y la televisión, cuyos imperios se localizan en las ciudades de México y Monterrey, porque en su afán de ‘ganar la noticia’ del diario acontecer nacional auspician, consciente o inconscientemente, el linchamiento hacia una de las partes en pugna favoreciendo a la otra, sin que les importe nada más que engrosar sus auditorios mediante el amarillismo y la estridencia que también nos tienen cansados.
El ejemplo más claro de lo aquí plasmado, es que socialmente existe la percepción de que el sistema se niega a transformarse y que las promesas de cambio y profundización de la democracia –a las que acudió el actual Presidente de la República para arribar al cargo–, no pasan de ser artificios y mascaradas a los que tanto es proclive la clase política de nuestro país.
Ello propicia el despertar del ‘México bronco’, con toda la frustración de un inconsciente colectivo al que no le importa quién lo hizo y es culpable… sino quién la pague.
Esto además ocurre en situaciones de la vida cotidiana, donde la sociedad tiende a vulnerar las reglas y leyes establecidas mientras que los poderes y encargados de hacer que éstas se cumplan se encuentran enfrascados en una lucha sin cuartel que amenaza la seguridad nacional, en tanto se privilegian posturas sectarias y partidistas en abono al caos y en detrimento al orden y la justicia.
Comento esto porque los recientes acontecimientos cruentos que han tenido lugar en todo el país, merced a la lucha contra la delincuencia organizada, son un llamado de atención a las autoridades para que distiendan el clima de confrontación entre los tres poderes de la Unión y entre los gobiernos federal y estatales, y se alcancen los acuerdos necesarios antes de que el país se les vaya de las manos.
Asimismo, hago un llamado para que los medios de comunicación masiva, principalmente los electrónicos cuyos emporios se localizan en el Distrito Federal y la llamada Sultana del Norte (repito), cumplan con su obligación de actuar responsablemente, de manera objetiva y veraz, en el marco de la pluralidad y dejen de lado el morbo, la violencia y el sensacionalismo que distingue sus contenidos programáticos y contribuyen al clima de linchamiento que se ha enseñoreado a lo largo y ancho de la Patria.
Antidoping priista
En su sede nacional, a los candidatos priistas a diputados federales se les tomarán las muestras para el examen antidoping, pero desde ya le puedo adelantar que ninguno de los ocho que en Tamaulipas juegan dará positivo.
Pero valdría la pena que hicieran púbicos los resultados y no sólo lo dijeran de palabra, escondiendo el papelito… como sus pares naranjas.
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