ROMA, Italia.- La corrupción pública y privada tiene que quedar atrás, y los Obispos deben ayudar en esa lucha.
Lo anterior exigió ayer el Papa Francisco al abrir la 68 conferencia anual de Obispos en El Vaticano, en la que les urgió a mantenerse humildes y a ser piadosos.
«La sensibilidad eclesial implica no ser tímidos o indiferentes para luchar contra la mentalidad de corrupción pública y privada que ha logrado empobrecer a familias, jubilados, trabajadores honestos, comunidades cristianas», dijo el Pontífice.
«(Esto) margina a los jóvenes, privándolos sistemáticamente de toda esperanza sobre su futuro y, sobre todo, afecta a los más débiles y necesitados», advirtió.
En su alocución para abrir la asamblea general de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) también clamó contra la falta de capacidad de algunos prelados que se aferran a la doctrina para promover y difundir opiniones diferentes.
«Nuestra vocación cristiana y episcopal es aquella de ir contra corriente», puntualizó.
En esta línea, también pidió a los obispos de reforzar el papel de los laicos y reforzar el compañerismo dentro de la Iglesia.