30 enero, 2026

30 enero, 2026

Confesionario

Duarte, el sospechoso…

Confesionario

Rubén Espinosa, periodista de Veracruz autoexiliado en el D.F, forma parte ya de la lista roja de colegas asesinados bajo la sospechosa administración del gobernador de Veracruz, Javier Duarte, al que el mote de ‘mata periodistas’ le vendría como anillo al dedo.

Así es mis queridos boes, el cuerpo de Espinosa, si bien no fue encontrado con las señales de ejecución en Veracruz sino en la Colonia Narvarte del Distrito Federal junto con otros cuatro asesinados, sí se enmarca en tierras jarochas porque de ahí precisamente se fue huyendo por la persecución que él mismo denunció de parte del gobernador Duarte.

Corresponsal de Proceso y otras agencias, el periodista había denunciado que el gobierno veracruzano lo hostigaba, temía por su vida debido a que le mantenían vigilancia permanente en su domicilio, lo amenazaban.

El joven que ponía especial atención en la cobertura de manifestaciones y denuncias ciudadanas decidió por temor irse a vivir al D.F hasta donde la muerte lo alcanzó.

Obviamente para el gremio periodístico el sospechoso intelectual es el gobernador veracruzano porque sus números negros con la prensa son escalofriantes: 17 muertes y casi 40 desapariciones forzadas.

El de Duarte ha sido un gobierno en el que Veracruz se convirtió en el estado más peligroso para los periodistas, pese a que descaradamente se atenuó hace dos años a ‘comprar’ un reconocimiento como defensor de la libertad de expresión que supuestamente le otorgó la Agencia Mexicana de Editores.

El de Duarte ha sido el gobierno del descaro, donde el mandatario se da el lujo de burlarse del pueblo, como cuando dijo que en su estado no hay delincuencia, que por allá solo se roban frutsis.

El de Duarte ha sido un gobierno en el que el tipo se ha atrevido a amenazar a los periodistas que él considera sus enemigos, porque allá, escribir la verdad es convertirse en enemigo del gobernador y solo aplaudiendo sus excentricidades es como el periodista está en el gusto del mandatario y puede considerarse a salvo.

“Se lo digo a ustedes, por su familia, pero también por la mía, porque si algo les pasa a ustedes, a mí me crucifican todos. Pórtense bien, todos sabemos quiénes andan en malos pasos, dicen que en Veracruz sólo no se sabe lo que todavía no se nos ocurre. Todos sabemos quiénes, de alguna u otra manera, tienen vinculación con estos grupos. Todos sabemos quiénes tienen vínculos y quiénes están metidos con el hampa… ¡Pórtense bien, por favor!, se los suplico. Vienen tiempos difíciles”, dijo hace unas semanas el gobernador en lo que evidentemente puede interpretarse como una amenaza.

No sé, porque no hay forma de saberlo, si el gobernador de Veracruz mandó matar a Rubén Espinosa, con lo que estaríamos hablando de que sus tentáculos abarcarían ahora hasta el D.F, pero lo que sí sé es lo que decía más arriba: el sospechoso es él.

Duarte es hoy el mejor representante del viejo, del viejísimo régimen priista, de ese que los traidores de hoy no quieren recordar, pero que con el gobernador jarocho siguen teniendo en casa.

¿Quién va a llamar a cuentas a Duarte, no solo por la muerte de tanto periodista sino por la corrupción galopante que sentó sus reales en este sexenio?, ¿cuántos muertos entre el gremio de periodistas más habrá en el año que le resta a Javier Duarte en Veracruz?, ¿quién sigue?

No hay respuestas, porque en el México atribulado por muchos problemas, con un presidente tan agobiado por las broncas de su propia administración, con una secretaria de Gobernacion igual de debilitada por los escándalos, no hay esperanzas.

Manolo, oportunidad perdida…

El miércoles Manolo Corcuera, presidente del Club Correcaminos, tuvo la oportunidad de mandar la señal de que las cosas en su mandato serán diferentes a los años para olvidar de la presidencia de Francisco Filizola marcado por el desdén a la prensa y la transa.

Ese día una grupo de aficionados del Monterrey fueron agredidos por Policías Estatales y en el intento por cubrir el acto ilegal de los gendarmes, Darío Vera, del Expreso, fue brutalmente golpeado y vejado por los oficiales junto con otro periodista.

Manolo presenció todo a distancia, ya cuando a Darío lo dejaron con golpes en el cuello y un brazo, el presidente se atrevió a ir a solidarizarse con él; solo eso.

Y es que según versiones que le atribuyen al propio Manolo, él fue testigo de los comentarios de los policías en los que confesaban la agresión a los aficionados y a los periodistas.

Pero hasta ahí llegó, pasaron los días y el fin de semana y nada, no hubo un comunicado del Correcaminos condenando el atentado, como cuando Filizola, no hubo una real solidaridad con los afectados, como en aquellos tiempos.

Es más, Manolo estaba en la playa con su familia mientras Darío presentaba las denuncias correspondientes ante más autoridades en espera de justicia.
Lástima, parece que por el Correcaminos las cosas van a seguir igual.

Comentarios: meliton-garcia@hotmail.com Twitter: @melitong

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