A veces uno se pone a hacer ejercicios mentales sobre lo que era el fútbol mexicano del máximo circuito hace veinte años y que Correcaminos dejó de pertenecer a ese selecto grupo, a esa élite de felicidad y en lo que se ha convertido ahora.
Anoche Rayados del Monterrey, el otrora antagónico cuadro de los equipos tamaulipecos, Jaiba Brava y Correcaminos, dio un brinco que nos pone a años luz de alcanzarles.
Habrá que remontarnos al menos cinco o seis décadas atrás cuando Rayados y Cuerudos de Victoria protagonizaban encarnizadas luchas en la Segunda División del Fútbol Mexicano, batallas memorables para quienes las vivieron, jugadores, directivos, técnicos y aficionados.
Aquellas temporadas donde los de la café con leche buscaban un protagonismo junto a cuadros históricos como los Pumas, Orinegros de Madero, entre otros, aunque esa es otra historia.
Monterrey ayer abrió las puertas de su nueva casa, una que merecían después de 70 años de trabajo, de esfuerzo, de penas y gloria, pero todas que los han encaminado a mantenerse en esa élite de la felicidad, donde está el fútbol estelar.
Lo de Rayados no es nada más una ceremonia de inauguración o presunción de un inmueble digno de cualquier gran urbe en el mundo, se ha convertido en un homenaje al Club, a sus jugadores, técnicos, gente emblemática, pero además un evento que enaltece la cultura regiomontana, la de la alegría, el trabajo, el esfuerzo y la dicha de saber vivir bien la vida.
Vimos inclusive cómo rindieron tributo a dos victorenses: Sergio ‘Alvin’ Pérez y José Luis “El Güero” Saldívar, además del Rey Midas, uno de los más ovacionados de la noche, el tampiqueño Víctor Manuel Vucetich.
Inolvidable el rostro del director de fuerzas básicas de Correcaminos, Magdaleno Cano Ferro, incluido en los grandes emblemas de La Pandilla, al borde de las lágrimas al centro del nuevo campo.
Voltee usted la mirada al norte, vea donde está el futbol, la cultura, la unión, el trabajo, reflejado en el deporte, que sirve para enaltecer a un pueblo… en tanto que nosotros, hoy tenemos como tema una derrota ante Celaya, policías golpeando periodistas y un estadio donde regularmente acuden dos o tres mil, que siguen ilusionados, fieles a una causa, que durante más de veinte años no han dado por perdida.




