La política, esa dama veleidosa y traicionera, tiene pocas virtudes y muchos defectos. Entre ellos, la incongruencia.
Vamos, es uno de los ejemplos más evidentes de que aún la sabia lógica, puede fallar.
Un caso que en poco tiempo lo podría demostrar, es la llegada de Manlio Fabio Beltrones a la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional.
Su arribo ha sido colmado de fanfarrias, laureles, vítores y pronósticos de renovada grandeza para la todavía primera fuerza política de México.
Y no les falta razón en esos pronósticos a quienes así lo propalan, ávidos de hacer volar en los cuatro vientos su presunta amistad con el nuevo pastor tricolor y su virtual incursión al entarimado electoral en calidad de gallos giros. Beltrones es sin duda el político más avezado –y abusado– del país. Todos los próceres panistas junto con don Andrés Manuel no se equiparan al sonorense. No veo, ni cerca ni en lontananza como decían los antiguos marinos, a alguien que lo pueda poner en aprietos en el terreno electoral.
Pero todo eso, no implica que con él, impere la mencionada lógica.
Le diré por qué.
En la vida cotidiana, la amistad es para la generalidad un valor sin tope. Dícese de ella que es un tesoro mayor que el mítico oro de Moctezuma o las relucientes joyas de la corona británica. Es mejor, dicen las consejas populares, un amigo que un montón de diamantes.
Tal vez sea cierto en algunas circunstancias, pero lamentablemente en la política no es así. No pasa de ser una frase lucidora para algún mensaje o una palabra que se utiliza cuando no se quiere prestar dinero. “No quiero perder un amigo”, dicen los avaros al negar unas monedas.
En la política –y más vale que los presuntos amigos de Manlio lo asimilen– los amigos son los que se quedan atrás. Usted con seguridad ha escuchado palabras como éstas: “Espérate, tú eres amigo…” “Aguanta, no me olvido de ti…” “Dile a fulanito que es amigo, que me ayude porque tengo que sacar esto…”
Son frases usuales. Como usual es en la política la ingratitud.
No falta mucho en Tamaulipas para comprobar lo anterior o mostrar –lo cual dudo mucho– que Beltrones es una flor en medio del pantano, que sí honra a la amistad por sobre los intereses de su partido o los propios.
No es todo esto un intento de reflexión sobre las rodillas o un desahogo intestinal. Es simple historia en esta perversa política mexicana, donde la amistad se vuelve un estorbo para quienes se ven o se creen obligados a respetarla.
Hay que aceptarlo. En la tabla de valores de la política, cualquiera que sea su entorno, los enemigos son primero. Si hay necesidad de sacrificar a alguien para resolver un entuerto, será ciertamente, un amigo.
Al fin que como reza la tradición, los amigos aguantan…
PERCEPCIONES
Aunque las cifras sean dramáticas, hay que tomarlas con reservas.
Me refiero a que el 64 por ciento de los jóvenes, según el INEGI, percibe a Victoria como insegura o el 63 por ciento dice conocer a algún amigo víctima de la violencia o del delito.
Sucede que los chicos entre 12 y 29 años, segmento en el cual se aplicó la encuesta, son precisamente los que menos cuidado tienen en sus actividades. Son los que regresan a casa a las 2 de la mañana, los que liban en exceso y son blanco de fechorías o los que no miden las consecuencias en peleas de bar.
Pregunten lo mismo a la población entre los 30 y los 50. Y notarán la enorme diferencia en esa percepción…
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