El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), ahí nacieron mis hijos, trataron a mis padres de sus enfermedades, ahí sigue siendo atendida nuestra familia, una institución que debiera, según su origen, ser un gran blasón de la política social y de salud en nuestro país, pero al parecer esto es solo un mito.
Dicen que nadie experimenta en cabeza ajena y en esta ocasión nos toco ver lo que representa verdaderamente una institución de salud que esta totalmente rebasada, burocratizada y deshumanizada. Lo nuestro fue como la visita turística que hizo Dante a los infiernos.
El juramento hipocrático dice a todos los profesionales de la salud: «Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia». al parecer estos preceptos en este momento en Medicina Interna, Urgencias y Banco de Sangre del IMSS son referencias pasadas de moda o en el mejor de los casos, puros buenos deseos.
Y no hablamos por nuestro caso, que dentro de todo habría que agradecer a médicos, enfermeras o enfermeros que a pesar de las limitaciones que existen, tratan de dar lo mejor de si mismos para aliviar las dolencias ajenas.
Pero como no hablar del desorden existente en la sala de urgencia, donde de un turno a otro se pierden expedientes y estudios y nadie se hace responsable de ello; como no comentar el caso de una anciana que luego de una operación de cadera y una trombosis, tiene un desorden metabólico, el médico del primer turno hace berrinche y se lleva su expediente con todos los estudios, tendiendo que reiniciar el trámite en el siguiente turno porque nadie supo el nombre del medico tratante o responsable que trabaja ahí, en la sala de urgencias, pues ni las recepcionistas, ni las trabajadoras sociales sabían quien había atendido a la señora durante el primer turno.
Como no decirlo si en solo dos días en que estuvimos en la sala de urgencias del Hospital del IMSS en la calle Sexta, vimos casos que rayaban en la negligencia administrativa, haciendo que esta se volviera criminal.
Peor que en un hospital en época de guerra, la sala de urgencias del hospital del IMSS en Matamoros luce de manera permanente con personas en el piso, eternamente sentadas en las pocas sillas, aguantando las dolencias sin ningún aliciente clínico o moral.
«¿Quien es fulano de tal?» preguntaba una enfermera en la sala de urgencias y una lánguida mano se levantó haciéndose presente… «¿Ah, es usted el que lleva 6 días sentado aquí?… pues ya tuvo suerte, alcanzó cama…» dijo con evidente humor negro la asistente medica.
A nuestro lado un joven trabajador de la construcción con dolores que indicaban una apendicitis avanzada, le preguntamos cuanto tenia sentado con el suero en su brazo, contestó «hace tres días vine a urgencias y nomas me dieron una pastilla para el dolor y me fui para mi casa, regrese al día siguiente y ya llevo dos días, sin comer, sin que me digan que tengo y sin que me haya revisado un medico», nos relató con evidente dolor reflejado en su cara
«Psst… Psst…» llamaba débilmente otro anciano enfermo desde su cama a dos enfermeros jóvenes… estos parecían no escucharlo pues estaban muy entrados en su platica, pero otro paciente les indicó «Les habla el viejito de la cama» y de forma por demás indolente uno de ellos preguntó a la nada «¿Quien es el enfermero de este paciente?» y de mala gana tuvo que averiguar qué quería el enfermo… «Solo agua señor»…
Las autoridades del sector salud se quejan de que no hay cultura de la donación de sangre… pues cómo la va a haber si cuando una persona accede de buena voluntad a donar sangre, tienen que llegar y formarse fuera de las instalaciones hospitalarias, desde las 5:30 de la mañana porque solo hay 30 fichas que son repartidas hasta las 8 de la mañana; luego esperar de 3 a 4 horas más para ser atendido -si tiene la fortuna de ser haber llegado entre los primeros- perdiendo tiempo y saliendo afectados hasta en sus trabajos… «para la otra, mejor no voy…» dirán muchos de los donadores.
Podemos perdonar la falta de material, de muebles, hasta de medicamentos, pero de lo que nunca podremos acostumbrarnos es a la poca atención, al poco trato humano, en pocas palabras, al trato de carnicero.
Hoy en este De Reojo hablamos no de nuestro caso, sino de todos aquellos que aguantan las vicisitudes de una atención medica pésima, que soportan todos los días la burocracia asesina y la indolencia médica, hoy somos la voz de los que por diversas razones no tienen el medio de canalizar su descontento.
Y con este panorama muchos justificarían la privatización del IMSS, pero lo cierto es que este junto con el Sector Salud en México, debería ser el garante de todos los mexicanos, para recibir la atención medica adecuada con la rectoría del estado, cumpliendo su misión social y no dejando este compromiso en manos de los que regatean o especulan con la salud ajena, el gran negocio de los hospitales privados, las empresas de farmacos y las grandes transnacionales que medran con la salud de la humanidad.
Ojalá y este llamado de atención sea el inicio de una etapa en la que las autoridades de salud retomen su papel y pongan en su lugar todo aquello que este mal, dentro de un instituto que debiera ser el lugar donde se le devuelva a todas las personas su dignidad humana… bueno eso decimos nosotros… pero usted ¿Cómo ve?
La ojeadita…
Para elefante blanco está el edificio de Seguridad Pública en el libramiento Emilio Portes Gil… solo 41 millones de pesos oxidándose sin sentido…




