En el ‘mes patrio’ la in(ter)dependencia es celebrada por simple inercia
En su edición correspondiente al jueves que nos antecede, El Universal publicó una encuesta sobre las preferencias electorales en Tamaulipas. Pero plagada de errores, en cuanto a la identidad de los involucrados en esa medición relacionada con la candidatura gubernamental.
Y eso que no aparecen todos los aspirantes.
Hay quienes le restan importancia al hecho, en el entendido de que el sondeo de opinión fue elaborado para diagnosticar la presencia de los nueve partidos políticos y no de los pretendientes en particular, que, por cierto, casi suman dos decenas.
Sin embargo el desconocimiento de los nombres y apellidos pone en entredicho el estudio.
Por ello la percepción ciudadana discrepa de las estadísticas que, al día de hoy, ofrecen las empresas encuestadoras tras iniciarse el proceso electoral para renovar la gubernatura estatal, los 43 ayuntamientos y el Congreso estatal.
Sobre todo porque éstas, según se sospecha, podrían alterar sus resultados a capricho de sus clientes ocasionales, con el fin de inducir el voto interpartidista a favor o en contra de actores predeterminados.
Nunca antes como en un proceso electoral estatal la mercadotecnia se hubo involucrado tanto en justas de tal envergadura; y menos los precandidatos le dieron tanta importancia a los parámetros con que ahora se miden los escenarios.
Pero hoy también son ellos, los aspirantes, quienes se encargan de desacreditar los sondeos de opinión.
Y más cuando aparecen con menos puntos porcentuales que uno o más de sus pares quienes sí han sabido cómo, dónde y en qué gastar el dinero que les llega vía sus ‘espontáneos promotores’.
La danza de corporativos registrados o no ante el Instituto Nacional Electoral (INE), es otra de las causas que estimula la incredulidad del pueblo ante las cifras divulgadas.
Y con justa razón, pues a la fecha se han publicado al menos una decena de encuestas.
¿Cuál objetividad?
Las empresas (todas), por su parte, arguyen ser independientes, éticas; aplicar en su levantamiento una metodología probada con índices menores de error; practicar entrevistas aleatorias en todo el estado –aunque hasta la víspera no sé de persona alguna que haya sido alguna vez consultada ex profeso–, hasta se disputan el derecho a anticipar el resultado de los comicios.
En otras circunstancias acertaron en sus pronósticos –es justo y responsable reconocerlo–, aunque desde hace varios años yerran en sus apreciaciones, y en este proceso el sufragio de castigo en contra del PRI se daría por los yerros cometidos por el señor de Los Pinos.
Por tanto, desconocer a la oposición, resultaría estúpido e irresponsable, pues aunque no se vote a favor del PRI, sí se haría en contra del poder omnímodo de la mentada gran familia revolucionaria.
Refiero lo anterior pa’ que no se crea que las encuestas siempre fallan.
No. Lo que ocurre en esta ocasión es que la percepción ciudadana difiere en mucho de la medición practicada en segmentos poblacionales con menos hambre que la que nos sobra.
Usted bien puede comprobar esta apreciación, si acaso se diera tiempo para preguntar en familia, entre amigos o conocidos, qué opinan al respecto.
Seguramente le dirán que nada quieren con el PRI.
Menos con el PAN ni el PRD.
Y que desinterés les provoca la mentada “chiquillada”.
¿Entonces, hacía dónde voltear la vista?
Utilidad del sondeo
Hasta donde sé, las encuestas deben ser tomadas en cuenta para medir las preferencias sobre un artículo, persona o tema específico, por ser parte indisoluble de la mercadotecnia orientada a su venta –claro que siempre y cuando se hagan con el profesionalismo requerido, pero aquí se da el caso de que los muestreos de opinión pretenden utilizarse para distraer la atención y cuidar el objetivo de fondo.
En un estudio riguroso de los procesos y las tendencias sociales, las encuestas podrían ser un instrumento muy valioso a condición de que se realicen con metodología científica, pero en el caso que nos ocupa su excesivo manejo echa por tierra la objetividad e imparcialidad, al tiempo que las deslegitiman y causan desconfianza entre sus receptores.
Como beneficiarios o víctimas de la cascada de encuestas –ahora se le llama a este fenómeno ‘la encuestitis’, surgen los aspirantes a las candidaturas gubernamentales de los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Revolucionario Institucional (PRI), que las encabezan, pues el ciudadano común muestra indiferencia ante sus resultados, mientras la clase política llega el hartazgo y en lugar de darles crédito empieza a pitorrearse de ellas.
No obstante y en menoscabo de los membretes que aparentemente dan la cara, debo reconocer que los sondeos sí reflejan el sentir ciudadano.
Menospreciar sus resultados sería una acción irresponsable, por ser (casi) copia fiel de lo que se palpa, se ve, se escucha todos los días sobre el tempranero hándicap gubernamental 2015-16.
Que si fulano de tal ha venido de más a menos, o que si suben los bonos del otro ¿a quién interesa realmente?, pues, a decir verdad, las cifras poco o nada aportarían en la decisión final, salvo que satisficieran a quien en verdad tiene la decisión en sus manos.
Credibilidad cuestionada
Todas las encuestadoras pretextan hacer un trabajo independiente y no por encargo, lo que se antoja casi imposible si consideramos que para el levantamiento de un muestreo como el que realizan se requiere, cuando menos, pagar salarios a los encuestadores, coordinadores y especialistas en el manejo de los cuestionarios aplicados; viáticos (transportación, hotel, alimentos, teléfono, papelería,
etcétera); gastos de operación y los imponderables que surjan durante el tiempo del levantamiento y/o la ejecución del estudio.
Y es el anonimato de sus financiadores, precisamente, lo que despierta la sospecha en cuanto a su credibilidad. Eso y el hecho de que los remitentes de los documentos no den la cara o divulguen errores.
Por otro lado, se dice que las encuestas son malas consejeras, pero todavía así nuestra sociedad es bombardeada con la ‘encuestitis aguda.
Encuestas van y vienen, simulando ser retratos instantáneos de la percepción del común de la gente ante los acontecimientos y sus actores en Tamaulipas.
Las encuestas normalmente no reflejan la realidad, pero sí un supuesto de ésta.
Así tenemos que la realidad puede cambiar.
Por ejemplo, disminuir drásticamente las preferencias electorales de un actor, pero la percepción de la gente no cambia, por lo que para el grueso de la población otras son las imágenes que siguen igual o están creciendo.
De igual forma, las opiniones del común de la gente que nutren las encuestas normalmente están contaminadas por lo que publican los medios de comunicación masiva que tienen el poder de hacer aparecer el negrito en el arroz, cambiando la percepción de la realidad de miles de personas, prácticamente en minutos.
De ahí que considere que los aspirantes más serios a las candidaturas partidistas a la gubernatura, por ningún motivo, deben tomar decisiones trascendentes basándose en las encuestas, aun cuando éstas no son del todo inútiles.
Usándolas con inteligencia pueden servir como herramienta de medición para conocer la distancia que hay entre la percepción del común de la gente y la realidad que conocen los expertos.
Hay devaluación
Por más que el Gobierno Federal pretenda disfrazar la devaluación del peso, aduciendo que la crisis financiera mundial impacta en nuestra moneda igual que en otras divisas como el dólar y el euro, hay vaticinios catastróficos (externados por especialistas) que no admiten dudas en cuanto a su real desvalorización.
Por supuesto que los bancos adquieren la divisa verde a precios preferenciales, pero en lugar de contribuir al sostenimiento del peso trasladándola a los capitales domésticos, optan por vender los dólares en el extranjero y ello ha contribuido, también, a la fuga de recursos, pues al darse cuenta de tal maniobra los especuladores (léase los hombres más ricos de México) de inmediato optaron por cancelar cuentas y trasladar su dinero a mercados menos especulativos.
Muchos de estos enredos, con justificada razón, no los entiende el grueso del conglomerado que puebla el territorio nacional, pero sí entiende que la política del Gobierno Federal está encaminada a privilegiar sólo a los ricos.
Por eso insisto, ya (casi) nadie cree en las promesas redentoras del Presidente de la República..
Lo cierto es que existe devaluación y que aun cuando el señor de Los Pinos se niegue a declararlo, la sufrimos día con día los alrededor de 130 millones de mexicanos.
Y más quienes pueblan la frontera norte del país.
Hay desestabilizadores
Una sociedad bien informada, como la nuestra, poco caso hace a las injurias de quienes anhelan el poder que les está negado.
Ya por no confiar en la oposición, o porque simple y llanamente no está dispuesta a dejarse engañar, otra vez, con acusaciones simplonas producidas al calor de la impotencia.
Por ello esta ciudadanía bien informada, en lo sucesivo, podría dar real sustento a la política y restarle poder a las camarillas, a la filtración, al rumor y otros instrumentos de política arcaica.
Los tamaulipecos ya no deseamos confusión.
Todos merecemos estar enterados del alcance y los objetivos de la acción gubernamental y de las acciones partidistas, para enseguida dar lugar a interpretaciones responsables y reforzar nuestra dañada credibilidad.
No para continuar confundidos, ni ser de nuevo presa fácil del oportunismo que por siempre ha caracterizado a quienes son oposición, al menos en el estado.
Si usted ha observado en los últimos tiempos los aceleres de quienes dicen mandar en los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), o de sus testaferros, arlequines, corifeos y panegiristas, de inmediato se dará cuenta que sólo buscan desestabilizar a la entidad.
Por eso hay que frenarlos antes de que tomen por asalto el proceso electoral que está en pleno apogeo.
In(ter)dependencia
El martes que nos antecede fue aniversario del Grito de Dolores.
Y eso me lleva a recordar que:
El levantamiento armado que surgió hace 205 años, concretamente el 15 de septiembre de 1810, con el Grito de Dolores, permitió a los mexicanos sacudirse el yugo opresor español y construir una República, pero (hasta le fecha) todavía no se logran los objetivos superiores (de ser una nación libre y soberana), que nos permitan destacar en el concierto internacional como una patria independiente.
Esa tarea de ningún modo es sencillo lograrla por la hegemonía que establecen las naciones cuya economía impone y marca el crecimiento y desarrollo de manera planetaria, subordinando a los países con pobreza, tanto mediana como extrema.
En el contexto de la globalización, y dada la cercanía de México con los Estados Unidos de Norteamérica, el concepto de independencia pasa a ser un asunto que simplemente nos remite a la historia y a los héroes –sólo eso en estricto apego a la verdad–, aunque permanece una legítima aspiración de sobresalir y dejar de ser un país del tercer mundo, como es la pretensión de todos los compatriotas bien nacidos.
En el plano internacional, el término de moda es interdependencia.
Y esa misma expresión alude las múltiples y variadas relaciones establecidas de manera necesaria con los vecinos cercanos y lejanos, en aras de una conveniencia mutua.
También existe una serie de mecanismos e instituciones que se han consolidado en la nueva era de la globalización y están al servicio de las naciones ricas. Por ejemplo el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Estos organismos siempre marcan la pauta a seguir. Y son el brazo diplomático de la fuerza imperial.
La otra cara de la intervención encubierta.
Subordinación forzada
México, no obstante haber diversificado sus relaciones con las naciones del orbe a lo largo de su historia, sigue moviéndose en la órbita estadounidense.
Su condición de país subordinado propicia que los ‘americanos’ insistan en apropiarse de nuestros recursos naturales, merced a su voracidad, a la vez que incrementan su influencia sobre diversas áreas de la economía nacional.
No se puede negar que el mexicano es un pueblo dependiente de los vecinos del norte en tecnología, inversión y comercio.
De igual manera estamos subordinados en lo que respecta a las importaciones de nuestros productos primarios, pues allende el río Bravo determinan que, cuándo y cómo vendernos insumos.
Esto demuestra que la balanza comercial es a favor, en mucho, de los gringos.
Lo peor del caso es que la usura internacional y algunos políticos de la Unión Americana ya exhibieron la tentación de querer intervenir en asuntos de política interna y exterior –además de participar en el reparto del petróleo y/o sus dividendos al amparo de la reforma energética–, con el pretexto de la defensa de sus intereses, arrogándose así la facultad de ser árbitros de la democracia y la libertad en cualquier parte del mundo.
Es algo que no toleramos los mexicanos, pese a las innegables diferencias que existen entre las fuerzas políticas que se mueven al interior del país y en más de una ocasión han amenazado la estabilidad social y política, pese al profundo daño que hacen a nuestra Nación con sus constantes escaramuzas.
Legado desatendido
Conjuntamente y en lo particular, coincidimos en no saber defender lo que generaciones anteriores nos legaron para darle sentido al vocablo Independencia.
Pero con todo y los tropiezos que tenemos y las evidentes carencias que impiden un justo desarrollo a nivel nacional, al momento en que se percibe en riesgo la soberanía, la paz y la libertad, las diferencias internas se atenúan y se antepone el interés superior de México.
Sin embargo tampoco se puede soslayar el hecho de que en casa tenemos fuerzas retrógradas que trabajan denodadamente para entregar la plaza a intereses externos.
Afortunadamente son una minoría de apátridas que no han podido contaminar a la gran mayoría de los mexicanos.
E-m@il:
jusam_gg@hotmail.com




