24 mayo, 2026

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Laberintos del poder

Señuelos

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La conferencia tuvo por nombre «México en el espacio y la exploración del cosmos». Se llevó a cabo en Ciudad Victoria este martes 10 de noviembre.

Sin duda fue un título atractivo para los amantes de ese tema y tal vez más todavía para algunos lunáticos como su servidor. Sobre todo si el ponente era, como lo fue en esta ocasión, Rodolfo Neri Vela, el primer astronauta mexicano. Un personaje sin duda alguna.

Pero la conferencia de Neri Vela, para ser congruente con la plática que ofreció éste, dejó en mi opinión una duda flotando sobre un apartado que al parecer él no quiso abordar. No es relativa al espacio sideral o sobre el papel que tiene nuestro país en la exploración de la estratósfera o más allá. No, es sobre otro aspecto mucho más cercano: el político.

En junio de este año, Rodolfo habló -y lo hizo sin tapujos- de un tópico que en apariencia no le compete y del cual él mismo ha aceptado que no le interesaba hasta hace poco. En ese entonces, el ex astronauta declaró que entre sus posibles proyectos está el ser candidato independiente a la Presidencia de la República. Obviamente en el 2018.

El argumento que utilizó fue demoledor:

«Aquí en México cada quien exige sus derechos y niega sus responsabilidades. Yo sacaría de la cárcel a toda la gente pobre que está ahí por haberse robado un pan y metería a la cárcel a todos los políticos corruptos…»

Al margen de que el señor Neri tendría que triplicar el número de prisiones para encerrar a sólo la mitad de los servidores públicos que piensan que la moral es un árbol que da moras, lo cierto es que el científico ya aprendió a hablar como los mismos a quienes condena: como político.

En lugar de presentar una plataforma para lograr los avances que tanto requiere el país en salud, alimentación, educación y seguridad, tomó el mismo camino fácil de Andrés Manuel López Obrador: el populismo, que vende imagen pero compra sólo ilusiones.

En lo personal me da gusto que alguien como este mexicano tenga intenciones de servirle a su país en la administración pública. En verdad se requiere que muchos de su talante y talento muestren el coraje necesario para ser útiles a la sociedad.

Pero -y éste es un buen deseo- ojalá no caiga en la cómoda postura de dedicarse a satanizar lo malo, un material que no se acaba pero sí cansa, para ganar simpatías «por encimita», olvidándose de que México necesita constructores de progreso, no destructores.

Y por si fuera poco, una versión circula en el andamiaje político nacional sobre los candidatos independientes, semejantes a lo que pretende ser el todavía conferencista y que matiza con la sospecha el pronunciamiento del mismo.

Asienta la rumorología que en los próximos dos años, ante la fiebre que se avecina sobre estas figuras, el país verá florecer como en una eterna primavera, una cauda de aspirantes a la Presidencia de la República. Todos figuras de renombre en sus respectivas parcelas profesionales o sociales.

El objetivo, refieren esas maledicencias, es saturar el escenario electoral con nombres y apellidos refulgentes que opaquen y le cierren el paso a los proyectos que podrían ser un riesgo real para el poder en turno. En otras palabras, desde ahora empezarán a crear aparentes «Frankenstein» con una peculiaridad: A diferencia del novelesco monstruo, serán todos muy «manejables».

Desde luego es una especie a la cual se le debe dar el mismo crédito que a otros tantos cotilleos que circulan en pasillos de oficinas y cafés, pero también es imposible no pensar en la posibilidad de que la especulación posea bases auténticas. Peores artimañas hemos visto en la lucha por conservar u obtener el poder.

En ese marco, tengo un deseo más que formular:
Ojalá que Rodolfo Neri no sea uno de esos señuelos. Me cae bien. Y no quiero sufrir otra, la enésima, decepción…

¿MALA O BUENA?
No sé si es una mala noticia. Hasta podría ser buena.

Ayer, se dio a conocer que por lo menos 17 diputados locales pedirán licencia en el Congreso del Estado, para buscar las candidaturas de sus partidos a las presidencias municipales. Es una muestra de lo que en la picaresca política se llama «chapulineo», con una agravante: Éste es masivo.

Parece una mala nueva para el Congreso por el abandono al cual sería sometido, pero bien mirado podría también tomarse como un beneficio:

¿Por qué?
Si es voz popular que estos legisladores y legisladoras sirven para muy poco, con suerte el Congreso marcha mejor sin ellos…

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