1 enero, 2026

1 enero, 2026

Alianzas de ocasión

Golpe a golpe

De ocho partidos políticos registrados, los ocho jugarían coaligados

Hasta hoy asoman cuando menos tres intentos de ‘sociedad política’

Al iniciarse el 2016, se darían las primeras muestras del juego sucio

La importancia de los medios de comunicación masiva en campañas

En la geografía tamaulipeca cobra fuerza el rumor acerca de las alianzas que intentarían construir los ocho partidos políticos con registro oficial. Y, aunque todavía no se definen esas sociedades ocasionales, se advierte la posible conformación de al menos tres coaliciones.

Una estaría integrada por los membretes albiceleste (PAN) y del Sol Azteca, siempre y cuando el PRD cediera la candidatura gubernamental; otra la acordarían el Movimiento Ciudadano (MC), Nueva Alianza (Panal) y el Verde Ecologista de México (PVEM) –sólo en caso de que el PRI les negara, a los dos últimos, llevar mano en el reparto de las candidaturas a los ayuntamientos y Congreso–; y la tercera: por los partidos Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y Encuentro Social (PES), si es que aceptan las condiciones que les sean planteadas por ‘el guía moral’ de la corriente de izquierda, Andrés Manuel López Obrador.

Bajo este panorama presumo difícil conciliar intereses para alcanzar acuerdos que le permitan a la oposición disputarle la supremacía política, aquí en Tamaulipas, al Revolucionario Institucional, aun cuando estamos a días de que venza el plazo legal para el registro de las coaliciones, ante el Instituto Electoral de Tamaulipas (Ietam).

De esto bien enteradas están las dirigencias partidistas.

Como igual saben que la ley les permite formalizar alianzas sólo con relación a la candidatura gubernamental, un 33 por ciento de los distritos, el mismo porcentaje de las posiciones en ayuntamientos; y la misma cifra en cuanto al rol de plurinominales.

Por eso desde ahora quieren asustar con el petate del muerto.

Obligación desatendida
La desconfianza y pérdida de credibilidad hacia los partidos políticos que participan en el proceso electoral 2015-16, encuentra sustento en la marcada incongruencia y poca seriedad con que se conducen.

Esto lo evidencian los mecanismos antidemocráticos utilizados para renovar sus estructuras dirigentes (estatales y municipales), y sobre todo en la notoria dilación para abordar el tema de las candidaturas a cargos de elección popular –que están en juego desde hace más de tres meses–, pese a tener bien definidos los estatutos y reglamentos que rigen su quehacer interno y actuación pública.

Generalmente son los grupos de interés quienes malinterpretan la reglamentación partidista, en un claro afán de adecuarla a los caprichos de las camarillas o facciones que en los procesos comiciales se adueñan de los membretes.

A este preocupante fenómeno, por cierto, no escapa ningún partido tradicional ni los de reciente creación.

Es más, cuando de pelear se trata para defender parcelas, los jefes de los clanes pierden la compostura y no asoman el menor pudor al exhibir sus mezquindades que degradan y enturbian la vida democrática de las organizaciones, como se ha visto durante (al menos) las últimas tres décadas.

Así, los pleitos de lavadero sesgan los buenos propósitos y exhiben falta de ética, de principios y sobre todo de madurez política, por lo que los partidos han dejado de ser espacios ideológicos para convertirse en pancracios donde afloran pasiones e intereses individuales y sectarios.

Hay más: la lucha resulta encarnizada hacia adentro de los partidos, cierto, pero al exterior no es menos halagadora.

Corrientes malogradas
Bajo este panorama, es harto notorio que cuando la dirigencia de un membrete se confronta con los adversarios no mide consecuencias y usa cualquier recurso para degradarlos y tratar de anularlos.

El colmo surge cuando les da por establecer alianzas (en apariencia sustentadas en la coincidencia de proyectos), para postular a personajes con arraigo y posibilidades reales de ganar, ya que, las más de las veces éstas se pactan al vapor y sin reglas claras, u obedeciendo a mandatos centralistas.

De ahí que no deba extrañarnos la manera poco cordial en que los aliados de coyuntura pudieran mostrar sus diferencias.

Por cierto, alzando el tono de su voz en contra de los intereses de sus socios ocasionales, para (como siempre) echarse en cara el modo burdo y ruin de imponer voluntades, a fin de alcanzar las posiciones que con candidatos unipartidistas no son capaces de ganar.

Acá en Tamaulipas en los 43 municipios o los 22 distritos electorales ya empiezan a registrarse fuertes jaloneos entre los aspirantes a las candidaturas a alcaldes y diputados de mayoría relativa, cuyos grupos afines no quieren esperar a que sus dirigentes les den la voz de arranque.

Y durante este ‘ensayo democrático, los dirigentes de oposición han hecho todo tipo de acusaciones principalmente contra sus pares del PAN y PRI, mientras algunos de sus militantes más destacados, pero con muy pocas posibilidades de ser nominados, amenazan ser los escurrimientos del presente, ‘pero en favor del cambio y del avance democrático’, según dicen.

Resultado de lo anterior es la pérdida de credibilidad partidista.

Y de las escisiones, en el momento preciso hablaré ampliamente.

Las precampañas
El 15 de enero próximo inician oficialmente las precampañas internas en los ocho partidos políticos con registro oficial, para definir los nombres de sus candidatos gubernamentales.

Sin embargo ninguno ha expuesto (públicamente) su plan, aun cuando de antemano se advierte que existe un cartabón diseñado (por las mismas dirigencias partidistas) para que los contendientes se auto-promocionen directamente entre la militancia con actos masivos o acciones de acercamiento; y en los medios impresos de comunicación masiva.

No en televisión ni en la radio, pues se supone que las cápsulas y los spots, en ambos casos, toca administrarlos a la autoridad electoral.

De cualquier forma es oportuno aclarar que toda campaña política entraña la difusión de las propuestas, acciones, el perfil y proyecto del aspirante en turno.

Por tanto en su promoción, los precandidatos no deben soslayar la importancia de los medios de comunicación masiva impresos, porque estos son valiosos instrumentos para que el receptor de sus proyectos conserve vivas sus propuestas, pues probado está que un periódico se conserva en casa durante un buen tiempo, mientras los impactos audiovisuales se diluyen al día siguiente de haber sido transmitidos.

Como fuere, en este proceso electoral –donde se han reducido los tiempos de precampaña y campaña–, los estrategas de cada equipo obligados están a penetrar con mensajes persuasivos en los diversos públicos para ganar su anuencia.

En caso contrario toda acción proselitista que no se vea reflejada en los espacios mediáticos perdería la oportunidad de propagarse y convencer al electorado, que, al final de cuentas, es el objetivo central de cualquier contienda.

De ahí que ningún aspirante con visión integral deba prestarse al juego de marginar a la prensa impresa, a menos que el propósito de sus operadores sea atentar contra el proyecto que dicen representar en una justa donde el adversario sí busca ganar espacios mediáticos que lo fortalezcan.

Acudo a este comentario por saber que en más de un comité de campaña –de los domésticos, por supuesto–, habría la tentación de minimizar la importancia de los comunicadores y de las empresas que éstos representan, pues de plano no le quieren invertir a una aventura que de antemano saben que les sería desfavorable.

Difusión restringida
La apreciación limitada de algunos encargados de la imagen y el manejo informativo de las precampañas, podría incidir negativamente en contra del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en este proceso, toda vez que los precandidatos antagónicos al tricolor empiezan a darse cuenta de que no es alejándose de la prensa como podrían lograr el mejor posicionamiento.

Y hasta ya maduran cómo sacudirse la nefasta influencia de los supuestos comunicólogos contratados ex profeso o hacerlos cumplir cabalmente su trabajo.

Es que hoy, como nunca, nada está dado.

Menos cuando las preferencias ciudadanas cambian a diario.

De tal modo que un titubeo o una mala decisión pueden abonar el camino hacia la pérdida de imagen y credibilidad o, en el menor de los casos, restarle votos tanto al partido, coalición o a los candidatos.

En lo particular, convencido estoy que ninguno de los medios de comunicación masiva es absoluto, sino más bien complementario del extenso núcleo de la transmisión propagandística e informativa, pues cada cual tiene sus nichos bien definidos.

Cada uno juega un papel determinado y llega a públicos diversos y heterogéneos, de acuerdo a su propia naturaleza y arraigo, según el contenido que maneje, la objetividad que lo distinga y la confianza que le dispensen los receptores.

Los medios
Es la televisión, merced a sus ventajas audiovisuales, el medio de comunicación masiva que impacta contundentemente y posesiona de manera efectiva, aunque fugaz, al personaje que utiliza sus servicios.

Los mensajes emitidos por este conducto tienen que ver con la cultura del spot; frases cortas en las cuales poco se puede informar y comunicar, pero su impacto entre los receptores es generoso cuando la imagen va acompañada de un buen mensaje.

A efecto de arraigar la imagen de un precandidato, el spot se maneja con frecuencia múltiple y variados impactos, pero siempre procurando que éstos aparezcan en horarios preferenciales, donde los potenciales segmentos poblacionales, se supone, ven televisión.

La radio también tiene sus bondades.

Sobre todo una amplia penetración en zonas rurales y los núcleos urbanos populares, simultaneidad e instantaneidad del mensaje y bajo costo, comparada con la televisión.

El formato que maneja para una campaña también es el mensaje corto, directo y concreto, buscando convencer al auditorio sin mayor explicación o análisis.

Con frecuencia en los medios electrónicos se desatan verdaderas bataholas entre los aspirantes a cargos de elección popular, quienes aprovechan los espacios para también golpear a sus adversarios, más que por un sano interés de penetrar en la conciencia ciudadana con propuestas sólidas.

La Internet es otro importante vehículo.

Tanto de comunicación como de información masiva, utilizado en las campañas políticas –a través de páginas web, los materiales de divulgación interactiva y el correo electrónico–, mediante el cual se envían boletines, crónicas y material gráfico a los comunicadores.

Claro, desde una perspectiva centralista e institucional; es decir, en forma parcial, aunque las redes sociales han rebasado todo control de la autoridad cuya costumbre es amordazar la libertad de expresión.

La prensa impresa, si bien adolece de todo el ‘punch’ que la radio y la televisión juntas mantienen ante el conglomerado social, goza de presencia fundamental para el análisis y la crítica, ya que la consultan los líderes de opinión y gran parte de los sectores sociales.

Entre sus grandes méritos destacan la amplitud y profundidad con que aborda los temas, y, por supuesto, el registro de los hechos.

Los medios impresos penetran en todo el tejido social de forma directa o a través de las redes formales e informales, con las que cotidianamente mantienen contacto los líderes y/o grupos de interés, hasta el grado de formar opinión más que los medios audiovisuales, según han reconocido estudiosos del fenómeno, tanto a nivel nacional como allende el río Bravo, donde algunas universidades le invierten en serio a la investigación en la materia.

Corolario:
Merced a lo anterior, una estrategia seria, ordenada y que busque penetrar en los amplios núcleos so ciales de manera contundente, por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia debe mostrarse indolente hacia ningún medio de comunicación masiva.

La torpe tendencia de querer privilegiar a unos cuantos órganos en detrimento de otros, podría provocar efectos boomerang.

Por eso hay que jalar con todos, sin distingos.

Con los empresarios de la comunicación y con los más humildes periodistas.

Eso se llama equidad… y es, también, un síntoma de sensibilidad política.

En fin, los corredores ya están en la pista.

Cuentas públicas
Los 43 alcaldes ya están metidos de lleno en la revisión del gasto público del segundo año de ejercicio constitucional –incluso, hay quienes ya cancelaron adquisiciones, obras e inclusive la contratación de servicios–, y sé, de muy buena fuente, que en cuanto al anterior período existen muchos cuya rendición de cuentas se advierte plagada de mentiras.

Sobre todo en el destino que dieron al presupuesto.

Pero si la Auditoría Superior del Estado no ha podido darle trámite a la cuenta pública de ejercicios anteriores, por la inconsistencia misma de la información entregada por los alcaldes, menos podría diagnosticar en tiempo y forma lo gastado en los últimos meses de este 2015, al menos que se trabaje a marchas forzadas para sacar avante el problema.

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