Tradicionalmente, desde que el presidente Lázaro Cárdenas expropió la industria petrolera a las compañías extranjeras el 18 de marzo de 1938, hoy hace 78 años, el gobierno aprovechaba la conmemoración del aniversario de la nacionalización para reafirmar que el petróleo es y sería siempre de los mexicanos.
Y se ponderaban los enormes beneficios que Petróleos Mexicano otorgaba a la nación. Sin embargo, la actual realidad es muy diferente.
En forma gradual el discurso patriótico fue cediendo terreno, igual que las celebraciones, hasta que la reforma energética, que abrió la industria del ramo a la inversión privada extranjera, acabó con los motivos de los festejos y el desplome de los precios internacionales del petróleo, junto con la corrupción e impunidad que asfixian a Pemex y a la CFE, se han encargado de hacer el resto.
La planta de personal se ha hecho cada vez más chica, los tiempos extra se han reducido, las jubilaciones anticipadas han aumentado, lo mismo que los reajustes de trabajadores y numerosas plazas vacantes están congeladas.
Como consecuencia del reciente recorte de otros 100 mil millones de pesos aplicado a la paraestatal, se eliminaron varias oficinas, entre otras medidas, para adelgazar el gasto, aunque para que los dirigentes sindicales no protesten por las severas disposiciones de austeridad les otorgaron 579 millones de pesos para gastos, viáticos y celebraciones.
La situación en la que se debate Petróleos Mexicanos es tan crítica y el panorama luce tan sombrío que más que celebrar, sería más propicio para llorar o rezar porque lo que alguna vez fue un ejemplo de pujanza, esfuerzo y prosperidad, ya no es ni su sombra y a decir de algunos los expertos el hoyo en el que se encuentra Pemex es tan profundo que augura lo peor.
Pero en tanto que los trabajadores petroleros no saben si reír, llorar o ponerse a rezar porque no tienen idea de lo que el destino incierto les depara, miles de estudiantes de Tampico, Madero y Altamira celebrarán este viernes el inicio de las vacaciones de la Semana Santa con la fiesta del playazo, acudiendo en masa a la playa de Miramar Ojalá que, a diferencia de otros años, esta vez el festejo no se pretexto para el desenfreno y los excesos, sino ocasión para divertirse sanamente, disfrutar, en compañía de los amigos, del paseo turístico, pasar un día o una tarde inolvidable, tomarse las fotos del recuerdo, enterrarse en la arena, echarse una cascarita de futbol, pasear con la novia, lo que sea, después, claro está, de haber cumplido con las tareas y los deberes escolares.
Si, en cambio, utilizan la fecha para intoxicarse o dar rienda suelta a la irresponsabilidad, muchos podrían ver marcada su vida con un mal recuerdo.
En asuntos de otra índole, la visita que hizo ayer el gobernador de Veracruz Javier Duarte de Ochoa al municipio de Pánuco no solamente sirvió para poner en servicio obras de beneficio social sino que convirtió el suceso en un exagerado intercambio de cebollazos y de elogios mutuos
El munícipe Ricardo García Escalante lleno de incienso al mandatario veracruzano, sin cuyo apoyo, dijo, los puentes y demás no serían una realidad y éste le regresó los cumplidos llamándolo el mejor alcaldes.
El que descubrió el hilo negro, por otra parte, es el ex dirigente estatal del PRD, Cuitláhuac Ortega Maldonado.
El ahora candidato a diputado local por el XXII distrito electoral de nuestro puerto dijo que, como en otros procesos electorales, el actual se caracterizará por los golpes bajos, la guerra sucia y la compra de votos a los que recurren los representantes de todos los partidos políticos a lo largo de los periodos proselitistas.
Y yo le agregaría, por lo menos, otros dos, la promesa poco cumplida de los candidatos de que, si llegan al gobierno, regresarán periódicamente a saludarlos, así como que su política en el ejercicio del cargo será de puertas abiertas, que a la hora de la hora suele tener vigencia únicamente cuando no están en la oficina, porque cuando despachan en ella los accesos están cerrados y ver al funcionario resulta casi siempre un milagro.




