1. El ambiente enrarecido de la mega polis esta región que fuera la más trasparente del aire, es hoy el prototipo de las ciudades conurbadas como un pabellón de la muerte víctimas de las emisiones contaminantes más terribles de la historia del hombre.
Son estados conurbados a la Ciudad de México; Estado de México, Morelos, Hidalgo, Tlaxcala, y Puebla. Millones de seres humanos en una bóveda de esmog que los lleva inevitablemente a la extinción.
La nube del miedo ha llegado a la testa de los dirigentes de esas entidades convirtiendo a la basura, miles y miles de toneladas en el lenguaje común y que no hayan donde esconder los desperdicios de la riqueza y la miseria. Una batalla sin ganadores, donde la muerte lenta por las inhalaciones de los desperdicios industriales es la cámara de gases de nuestro tiempo donde la demagogia pretende cubrir a la realidad de nuestro centro político y económico.
2- Donald Trump no es un payaso contemporáneo. Es una realidad del pueblo norteamericano, la potente mayoría que segrega un odio antiinmigrante y una condición de raza blanca que manipula el poderío de la nación del norte.
Ciertamente Donald Trump no es un producto gratuito de la política en los Estados Unidos, es un germen añejado en el vientre del monstruo poderoso que se siente apagado por no usar su gran poder militar y económico contra los menos poderosos que no son sus aliados.
Trump representa un estado de guerra contra todo lo que no define al poder blanco desde un racismo enloquecido en el purulento Kukusklan, en la libre empresa más humillante, en la negación de un país formado por emigrantes.
No es falsa su retórica, estamos ante un profeta moderno de la intolerancia y la guerra más allá de lo verbal.
Todos esperamos que este hombre rojizo no llegue al poder, un poder que puede ser desatado por el voto de millones que lo apoyan a ojos cerrados y abiertos.




