El tema es bastante complejo e involucra conceptos, tales como oportunismo político, demagogia e industria del miedo. Lo primero porque, en Tamaulipas la oposición se relame ante la posibilidad de capitalizar el descontento ciudadano, mismo que no busca quien la hizo, sino quien la pague.
El calificativo de demagógico surge a partir de que la solución al problema no es mágico, ni tampoco se resuelve con ligerezas verbales, como, “vamos por el cambio” y demás imprudencias. Y la industria del miedo, es, desde el sexenio de Felipe Calderón, hasta el de Peña Nieto, la estrategia más rentable, destinada a sembrar el estrés, y maniatar a la sociedad.
Para analizar el tema de la seguridad, hay que subrayar lo siguiente: fue a partir del sexenio panista de Felipe Calderón que la violencia alcanza niveles alarmantes en el país. El regreso del PRI en el 2012 se debe precisamente a ese grave error, en materia de estrategia y coordinación. Lamentablemente, el pesimismo ciudadano no ha disminuido, y es hora que la sociedad no está satisfecha con las acciones gubernamentales.
En estados como Morelos, la alternancia política llegó por los cauces del descontento y del hartazgo ciudadano. Allá no gobernaba el PRI, sino el PAN. Fue el tema de la seguridad y no otro, el que hizo posible el primer sexenio de izquierda, en esta entidad vecina del centro político del país. Pero, es cuestión de evaluar los pobres resultados para darnos cuenta que la llegada de un gobierno diferente, no modificó las cosas de una manera substancial. Los conflictos permanecen.
En Nuevo León, igual, las elevadas expectativas creadas por El Bronco, finalmente se han diluido ante una pobre gestión ante el gobierno federal. Y se han perdido en escándalos como el de su procurador ludópata, en los casinos de Las Vegas. Con ello, ha quedado comprobado que no es igual un candidato vociferante y echador, que un gobernador limitado de recursos, y exhibido en la corrupción que decía combatir.
Las anteriores líneas me sirven para decirles a los lectores que la solución del problema que actualmente padece Tamaulipas, no es cuestión de partidos, que como ya comprobamos, —tanto PAN, como PRI y el PRD— no han estado a la altura de lo que la sociedad exige.
Me parece que la clave de todo esto, no reside en ver qué candidato tiene más saliva y come más pinole, sino en una participación cada vez más activa de la sociedad, para exigir de las instituciones, una mayor eficacia. El problema de la inseguridad no es partidista. Los partidos ya han sido rebasados. El problema de la inseguridad, es estructural y está metido hasta los huesos del sistema político actual.
Resulta fácil utilizar la politización de la seguridad como herramienta electoral de naturaleza perversa. Sin embargo, no es a través del discurso emotivo y facilón como van a mejorar las cosas. En la actualidad tamaulipeca, el vacío creado por el inminente relevo del poder, está siendo capitalizado por el PAN. Y pareciera que desde el gobierno federal y su gabinete de seguridad han abandonado a Tamaulipas. Quieren hacerle el juego a los azules. Pareciera que no hay la coordinación deseada, entre los ámbitos estatal y federal. Resulta obvio que la elección de este junio del 2016, está íntimamente ligada a la lucha por el poder presidencial del 2018. Interesante conexión, que más adelante analizaremos, porque justo en este punto puede haber gato encerrado.
POBREZA, DESEMPLEO Y SEGURIDAD, TENDENCIAS ELECTORALES
Apenas en septiembre del año pasado, la delegada federal de la SEDESOL en Tamaulipas, María de Lourdes Flores Montemayor, reconoció los altos índices de pobreza en el estado. La funcionaria aseguró que han crecido los índices de carencias y estrechez económica entre la población de la entidad. Habló de 158 mil familias sometidas a este tipo de condiciones deprimentes y marginales.
Paralelamente, en mayo del 2015, el INEGI reconocía con cifras en la mano, el incremento del desempleo tamaulipeco, con más de 73 mil personas en esta condición. Estos dos problemas sociales, se suman a la inseguridad, reconocida como la hermana mayor de la agenda dura, en el escenario electoral de Tamaulipas. Del tema de la seguridad, ni hablar, es elocuente.
Todo lo anterior se complica aún más por las condiciones de un mercado mexicano dañado por los bajos precios del petróleo, y los altos intereses, impuestos a las carteras crediticias y del sector financiero en general. En contraste, nos topamos con cero estímulos al ahorro interno.
Al margen de otros rubros adicionales, los tres que le acabo de mencionar, son ya los tres temas hegemónicos de la agenda electoral en Tamaulipas.




