CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- Más de 20 cribadores que realizan su trabajo a las orillas del río San Marcos denunciaron que desde hace un mes y medio no pueden obtener el material necesario para poder apenas subsistir por las obras de limpieza realizadas en el principal río de la ciudad. Don Desiderio López, un abuelo de 77 años de edad, descansa en el mueble roto y con tierra que hace las funciones de lugar de descanso en una choza ubicada a un costado del río San Marcos, casi enfrente del Congreso de Tamaulipas, aquí sólo ve el ir y venir de máquinas excavadoras que le quitan su fuente de trabajo.
«Desde hace como un mes y medio que llegaron las máquinas para limpiar el río, pero nosotros nos tuvimos que mover por que les estorbábamos», comentó Desiderio López.
Sentado con una camisa desgastada por el mismo trabajo que realiza desde hace más de cuarenta años, Desiderio lamenta la situación por la que el mantenimiento del lecho del río tuvo que someterse, acción que le hace más difícil sobrevivir con su avanzada edad.
«Desde temprano empezábamos a picar la piedra, llenar las carretillas y subirlas para la gente que a veces viene y nos paga los 100 pesitos del día», agrega Martiniano Vargas Flores,
quien es compañero de labores de Desiderio.
Las obras de limpieza son realizadas por la Comisión Nacional del Agua, quien otorgó a la empresa Constructora del Noreste, S.A. la obra por un costo de seis millones 859 mil pesos, esto de acuerdo al acta de fallo de la licitación pública 016B00010-N67-2015.
El trabajo que inició a mediados de la década de los años sesenta, abajo del puente del antiguo libramiento, justo al lado de la antigua torre de gobierno, ya que aquí llegaban los límites de la ciudad, con el paso de los años, el crecimiento de la ciudad los llevó casi tres kilómetros del punto original.
«Ahorita estamos preocupados por que no tenemos para donde irnos, ya tenemos más de un mes así, y pues estamos batallando mucho», agrega Vargas Flores.
A trescientos metros de distancia, Gabriel Vargas Flores descansa abajo de una especie de cuarto hecho con madera, cartón y plásticos viejos, aquí en este lugar al que llama su hogar, también trabaja en la criba, por ahora no ha sufrido afectaciones en la zona donde obtiene grava y tierra para subsistir, pero las marcas ya están dentro de la zona.
«Ahorita estoy trabajando en este pedazo, pero mire ahí ya están las marcas donde van a pasar por aquí y pues me voy a tener que ir con mis cosas para otro lado», menciona Gabriel Vargas, quien a pesar del calor, el frío e incluso un huracán no cambia su lugar de residencia. Los cerca de 20 cribadores que viven del material que muchos consideran sólo pedazo de tierra, hoy coinciden en que las obras de modernización y de mantenimiento del río les afectó su fuente de ingresos y en muchos casos su forma de vivir, tal vez en unos meses estarán del otro lado del libramiento, siete kilómetros más lejos de la ciudad y de su lugar original de trabajo.




