21 enero, 2026

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Un hombre con corazón industrial

Para don Sergio, ganarse la vida no fue sólo un trabajo sino una pasión, sazonada con minerales y metales al rojo vivo que forjaron su oficio con disciplina y talento, en una época en que saber hacer las cosas bien era un orgullo

CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- En Victoria en innumerables ocasiones se ha requerido de un hombre con ingenio, de oficio soldador y con experiencia industrial.

Y en dos de esos episodios, don Sergio Morales Galván, originario de Nueva Rosita, Coahuila, ha dicho sí, emprendió el reto con la vista al frente que le proveen esos ojos verdes de mirada transparente.

Aquellos servicios fueron necesarios para reemplazar un enorme aire acondicionado en el Centro Cultural Tamaulipas y otro proyecto de ingenio en el Planetario de Ciudad Victoria.

El resto de sus trabajos son diseños de herrería y caprichos artesanales que se forjan con el calor del corazón.

«Cuando terminé la escuela primaria, a los doce años, no me gustó la escuela y mi papá me dice: «sabes hijo, si no te gusta la escuela te voy a llevar a trabajar.

Y así fue, me llevó con un señor allá en mi tierra, que se llamaba Severiano Castañeda, ahí estuve trabajando desde los trece hasta los 17 años de edad y fue cuando me salí para irme a trabajar a una compañía constructora a laborar en la construcción de edificios.

Ese contacto lo hice porque fui a conseguir trabajo a un pueblo donde estaban fabricando una lavadora de carbón mineral… son muy grandes, son edificios como de 50 metros de alto. Me vieron pequeño, debieron pensar que no desarrollaba, pero les demostré que podía trabajar».

Ese primer trabajo en proyectos industriales acabó en seis meses, pero le dejó la experiencia suficiente para continuar en el oficio e ingresar tiempo después en la Compañía Minera Peñoles, sin embargo, soldar con plomo le pareció a don Sergio un material que atentaría contra su salud al paso del tiempo.

Y así pasaron las compañías Arocha Morton y Bosnor, hasta que llegó a Manzanillo, Colima para trabajar en una peletizadora.

«Allá hay cerros que tienen mucho fierro, ese fierro lo muelen y se forman en una planta «peletas», que son unas bolitas de fierro que son más puras y más fáciles de acomodar en los carros de ferrocarril. Esas iban a plantas de Monterrey o Monclova que eran Altos Hornos de México. El fierro se fundía para hacer vigas, varillas y otros productos».

Ese fierro se extraía en Minatitlán, Colima. El mineral viajaba por férreo ductos, ahí venían cayendo por gravedad, cómo la mezcla, pero era metal, era hierro, se venía revuelto con tierra como lodo, ya en la peletizadora de Manzanillo se procesaba, narra don Checo, sin olvidar su labor en Químicas del Rey, trabajando estructuras mecánicas en una planta de Sulfato de Sodio, hasta llegar a Tampico, Tamaulipas, para trabajar en las plataformas del mar de la zona sur, en el estado que más tarde le daría todos los tesoros de la vida, pero la entidad que en los últimos años le cobró el éxito con la eterna ausencia de su hijo.

«Mi trabajo empezó aquí como maniobrista, luego me contratan cuando llegan unas máquinas de soldadura automática, mi trabajo lo desarrollé con una persona que traía unas máquinas de Houston en 1979. No sé por qué le gusté yo y me capacitó para manejar las máquinas que soldaban de manera automática.

Yo enseñé luego a otras personas de la empresa «La Sierrita», fuí el primer trabajador capacitado en Soldadura Automática.

Con el paso del tiempo me salí, porque comenzó a haber mucha mano de obra y el precio bajó», explica don Sergio Morales, quien estaba acostumbrado a ganar hasta 5 mil pesos a la semana a principios de la década de los 80’s.

«A mí ya no me convenía el pago. Yo ganaba hasta 5 mil pesos a la semana, era mucho dinero entonces en 1980. Yo por cada soldadura que aplicaba me daban 200 pesos de compensación. Trabajaba de 19:00 horas a 7:00 de la mañana porque no querían que se detuvieran las máquinas.

Mi trabajo era soldar tubos de diferente grosor para las plataformas del mar, eran de hasta dos pulgadas de grosor y de hasta 56 pulgadas de diámetro, con cortes de 30 grados, entonces aplícabamos hasta 100 kilos de soldadura en una noche. Ese era mi trabajo y los 200 pesos extra aparte de mi sueldo.

Estaba soltero entonces pero en un año sentí que ya no dormía de día ni de noche. Cómo ya había mucha mano de obra, me salí y conocí a mi esposa y aquí estoy en mi taller de Soldadura Morales».

El trabajo, ya no es el de antes, pero sabe que siempre será requerido si se necesita realizar un trabajo con ingenio, y más para aquellos que gustan de trabajos artesanales, pues aunque el prefabricado es buen material, no está hecho al gusto de muchos clientes que buscan lo original.

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