El autor es Premio Nacional de Periodismo 2016.
Para al supremo gobierno no hay tregua. Ahora enfrentará al clero católico en el campo de batalla, es decir en la calle, ahí donde realmente se valora el alcance del enojo social en toda su magnitud. Y es que la iglesia de Monseñor Norberto Rivera Carrera a través de su jerarquía llama a los fieles a protestar contra la presunta ley que permite los matrimonios de parejas del mismo sexo y sus consecuencias sociales y morales. Primero será el diez de septiembre en todas las capitales de los estados y ciudades importantes mientras que para el 24 del mismo mes está programada una gran concentración en la capital del país bajo el mismo objetivo. Seguro que después de esto el clero extremará sus actitudes bélicas, sea que apenas es el principio para demostrar que en cuestión de poder el catolicismo también es todo terreno.
De esta forma la iglesia ingresa de lleno al menú donde se puede escoger el tipo de protesta de acuerdo al tamaño de la indignación. Y vaya que el Episcopado Mexicano tiene para dar y repartir en eso de señalar como ofensa familiar y una aberración social la iniciativa presidencial que legaliza las mencionadas uniones y la respectiva adopción.
¿Por qué el clero decide salir a la calle?. Elemental, porque ya se dio cuenta que es la única forma de presionar para ser escuchado por las autoridades. Es un juego de alto riesgo sin duda. Por una parte el supremo gobierno parece no dar marcha atrás con todo y la frivolidad mostrada por algunos legisladores del tricolor que no consideran como prioritario el tema, y por otro lado está la jerarquía religiosa que no llama a los fieles en vano, porque de que traerá más problemas políticos, eso-que-ni-que. Es lo que busca para lograr más y mejor provecho.
Usted dirá que al régimen tricolor sólo le faltaba el reclamo público del catolicismo para sentir que el mundo se le viene encima y tiene razón, en considerando que de hecho el pacto de no agresión que prevaleciera desde el año 29 del siglo anterior con el término de la “guerra cristera”, se ha roto. Y ni cómo negar que ahora sí va en serio el enfrentamiento, tan serio que no imaginamos hasta dónde pueda llegar. No olvidéis que a pesar de las actitudes modernistas e incluyentes del Papa Francisco, en naciones subdesarrolladas como la nuestra aun persiste el fanatismo. He ahí el riesgo de que el pleito rebase la capacidad de tolerancia. De una y otra parte porque seguro que ni el supremo gobierno ni el clero desean quedar en evidencia.
Usted dirá que esto no es “un juego de venciditas” porque las instituciones están para respetarse. De acuerdo, sin embargo en la situación en que se encuentra la república cuando parece que navega a la deriva y en mar abierto, ¿de qué sirven las instituciones cuándo solo se utilizan en beneficio de grupos de interés?. En el terreno político la iglesia tiene sobrada experiencia y por ello no es mera coincidencia que utilice estos tiempos en que el poder se encuentra enemistado con diversos e importantes sectores de la sociedad para tratar de imponer también sus condiciones.
Aquí se ha insistido en que el clero podría movilizar millones de almas en pena contra el gobierno “en un abrir y cerrar de ojos”. Y lo que antes era mera suposición, (“supongancia”, dicen los rancheros), ahora es una realidad. Ya nos daremos cuenta este fin de semana en los llamados desde el púlpito durante las miles de misas a lo largo y ancho de México. Y ojo que con tres padres nuestros y tres aves marías los católicos podrían paralizar al país.
NO PARA, SIGUE, SIGUE
Ahora mismo el supremo gobierno está ante la disyuntiva de emplear la fuerza contra el movimiento magisterial para obligar a la reanudación de clases la próxima semana en varios estados. Y no sería raro que suceda cuando el propio presidente Peña Nieto ha manifestado tal posibilidad. No olvidéis que cuenta con el aval de los empresarios que mantienen condicionada a que se reprima a la CNTE “para seguir trabajando por México”, como si no supiéramos que su riqueza la han obtenido en razón inversamente proporcional a la pobreza de los marginados.
El asunto es que las protestas para lograr la abrogación de la reforma educativa y el capricho en contrario de las autoridades llegaron al punto donde se tocan los extremos. Y es que no han querido entender que ya no es simplemente el enojo por la citada reforma y las funestas consecuencias para el magisterio, sino se trata de una rebelión que concentra la indignación contenida durante décadas derivada de la injusticia social.
Si efectivamente se emplea la fuerza contra la CNTE y sus aliados habrá respuesta en el mismo sentido aun cuando la confrontación sea desigual. Pero ya sabéis que ni el asunto de las bodas gays ni las manifestaciones contra la reforma educativa son casos aislados, sino parte de un todo que mantiene contra las cuerdas al poder.
Por ello le digo que para el supremo gobierno no hay tregua. Y ni modo que se escude en las medallitas olímpicas obtenidas hasta la tarde de este viernes.
Y hasta la próxima.




