Mi querido e inolvidable maestro Blas Uvalle González, solía recibir a los amigos en su oficina que ponía en duda su fidelidad. Por su edad arriba de los noventa años y sus experiencias de vida lo hacían presumir de conocer a la gente y a la cercanía de sus amigos.
Y es que en el correr de la vida los amigos van y vienen y los que antes lo fueron ahora son nuestros enemigos o amigos de desconfianza. Decía El Caimán Zurita, el papá de Baldomero Zurita:
«Nunca pongas a prueba a tus amigos..» Justa sabiduría porque los amigos fallan, o suelen poner en entredicho la amistad.
El maestro Blas era de un sarcasmo encantador. En el salón de clase impostaba la voz. Y dejaba a que la palabra final se alargara sobre la vocal. Estilo que nosotros jóvenes estudiantes de secundaria cotorreábamos. «Presunto Amigo», porque en la larga vida había probado
Y reprobado a la amistad de muchos a quienes sirvió y más tarde lo traicionaron. Y no por la tutela, sino porque sencillamente le dieron la espalda. De amplia cultura literaria, de olfato político, discreto y siempre impecablemente de traje. Era un vengador de agravios, no olvidando nunca a quienes traicionaban su amistad. Generoso con sus amigos, austero en su vida pública y familiar.
El maestro Blas fue una figura de la educación en Tamaulipas. En cierta ocasión le grite en el pasillo de la antigua secundaria del estado: «Qué pasa profe» nunca lo hubiera hecho, me recrimino y me dijo: «Venga para acá jovencito: Cuando hemos robado juntos» Aludiendo a mi falta de respeto. Y acoto: «Se descalifica joven».
Y me reprobó.
Su frase inolvidable: «Difame usted presunto amigo..»




