Las ciudades y los pueblos de Tamaulipas, siguen a la deriva de la inseguridad. El cobro de piso, las cuotas, la extorsión, la violencia constituyen el coctel siniestro de una entidad, donde los empresarios siguen temblando en sus despachos gerenciales. Y nadie, se atreve a invertir en el más mínimo negocio, porque Tamaulipas continua siendo una tierra sin garantías constitucionales.
Aquí, los llamados “pepes” y “Toños”, que son citados en la publicidad de los emprendedores, no tienen nada que hacer. Aquí no califica el espíritu del progreso.
Una entidad donde lo único que vale es pedir a Dios. El gobierno del cambio que preside el señor Francisco García Cabeza de Vaca, ha dicho que, necesitan saber en donde están parados, requieren información sobre las ruinas que les heredó la administración saliente de Egidio Torre.
Se necesitarán, por lo menos de cien días, para que el nuevo gobierno presente el Plan Estatal de Desarrollo. Mientras eso sucede, la población civil y todas las familias que vivimos en esta geografía norestense, tendremos que apostarle al poder de la bendita oración. En términos de percepción social, seguimos igual.
El tema toral, el punto central que motivó el oleaje de votos contra el PRI, sigue intacto, nadie lo ha modificado. Es la inseguridad y el miedo. Por lo menos aquí en la capital, y en la región centro de Tamaulipas, las cosas siguen siendo difíciles, por no decir que terribles. Lo ocurrido en Reynosa, es también un signo de la descomposición estructural en la que se encuentra Tamaulipas.
Ante la ausencia de un plan alternativo, la mecánica de la defensa de Tamaulipas, ante la inseguridad, sigue en manos de las fuerzas armadas: el Ejército y la Marina, así como los elementos de la Policía federal.
Recientemente, se aprobó en el Congreso local, el nombramiento de un nuevo Procurador de Justicia, sin lugar a dudas, el renglón más cuestionable, en lo que se refiere al deterioro del tejido social. El nombre del funcionario que se ha sacado la rifa mayor, es Irving Barrios Mojica.
Hasta ahora no ha proporcionado declaraciones a los medios. Pero a la sociedad civil, le gustaría saber que es lo que va a hacer, con la realidad que le heredan. Tampoco hemos escuchado la voz del Secretario de Seguridad Pública de la alternancia, el Vicealmirante Luis Felipe López Castro, que pertenece a la Secretaría de Marina, lo cual parece ser una garantía de fuerza. Pero hasta ahora no sabemos que van a hacer. Lo deseable es que pusieran
un poco de orden, que tanta falta hace.
Rafa: se le recordará como el que enterró a su partido, por órdenes de Egidio
Se sabe que, Rafael González Benavides, acaba de renunciar a lo que quedó del PRI. Lo hace sin recato político y sin la esperada autocrítica que las bases priístas, todavía exigen. Rafa se va, pudiéramos decir, cobijado por la impunidad política de un sexenio al que jamás le importó la suerte de la militancia tricolor.
Por esa puerta del desprecio hacia el priísmo de abajo y de los cuadros medios, fue que creció el rechazo popular hacia las siglas que fueron echadas del poder, el pasado 5 de junio. González Benavides no debería de irse, antes de que, fuese objeto de severos cuestionamientos hacia el interior de su propio partido.
Uno de ellos es: ¿Por qué se dejó llevar por los caprichos de un gobernador que, montó en cólera cuando vio que su propuesta sucesoria no fue quien finalmente se convirtió en candidato del PRI a la gubernatura? A partir de ahí, el PRI de la estructura, se hizo a un lado y dejaron al candidato solo.
Pero no solo eso, sino que le montaron una campaña de desprestigio que aún alcanza ecos en el presente. Lo atacaron. Se mofaron de él. Y Rafa González Benavides, jamás levantó un dedo, para poner las cosas en claro. Más bien, se sumó al golpeteo.
Me parece que quien llegue a la cúpula priísta, deberá de ser directo y contundente, en relación a las verdaderas causas que, subyacieron en los recientes resultados electorales. Resultados que se derivaron no de la debilidad de un candidato, sino del desprestigio y la impopularidad sembrada a lo largo de seis años por una administración estatal que exacerbó el hartazgo ciudadano. Una administración estatal que heredó una costosa deuda pública, donde lo más grave, según el nuevo gobierno, es que, no se sabe aún, en que gastaron tanto dinero.
POSDATA.- Los panistas llegan revisándolo todo. En el Congreso, en la administración estatal. Se han sentado en la mesa del juez y desde ahí han sentenciado al PRI corrupto y dilapidador. Desde esta columna les aplaudo sus acciones. Y al mismo tiempo le recuerdo a los del PRI que, una oposición adocenada y medrosa, como la de ellos, tiene al poder panista que se merecen.




