CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- Es común el romance que viven en el ambiente el sonido de una guitarra y una armónica. El bullicio cotidiano de la ciudad se disipa cuando se aprecia la melodía tradicional de don Ricardo Ybarra Gallegos, originario de El Mineral del Realito, en el estado de Guanajuato.
“Llegué a Victoria buscando la vida como todos”, dice sin dejar de rasgar las cuerdas de su guitarra.
En la música empezó en el año 1983. Llegó a San Luis Potosí para estudiar en una escuela de invidentes donde aprendió el sistema Braille, de ahí se trasladó a Matamoros hasta que aceptó el contrato de amor con Santa, su esposa.
“Yo perdí la vista entre los seis y siete años de edad. Yo andaba sembrando en una milpa, ayudaba a mi papá. Llegué a la casa me comí unas tortillas, luego me empezó temperatura, me empezó a doler un ojo y cómo que me volví loco, se me fue la mente, me dormí, pero cuando desperté ya tenía un gran dolor en un ojo y fue todo, mi ojo se fue apagando.
Es triste para mí contar la historia”. Sabe escribir, conserva
entre sus tesoros una tablilla Braille que le regalaron, lleva con él sus anotaciones, los números telefónicos importantes.
“Uno desarrolla tanto, que a veces la gente piensa que le hacemos al ciego. A mí sólo me falta decirle los colores, pero puedo caminar sólo, las calles tienen rayas, ustedes no las sienten porque ven, yo si las siento y por ellas me guió para caminar sólo”.
Ricardo, mantiene una filosofía básica lo que ocurre en la vida es sólo la voluntad de un ser superior.
“Y lo mío es sólo querer es poder”…
Tiene cerca de 29 años tocando en Victoria, comenzó cuando en la esquina del 8 Hidalgo se ubicaba un Banco, luego se convirtió en tienda de telas, ahora se ha mudado a la iglesia al atardecer para evitar los rayos del sol, pero asegura que tiene dos años asistiendo en contra de su volutad. Se ha cansado.
Admite que su hijo menor ya terminó preparatoria, ahora siente menos responsabilidad para llevar el sustento a casa y un día de estos podría decidir dejar sin su música el centro de la ciudad.
Don Ricardo, es el sonido tradicional de la plaza Hidalgo, pero el tiempo ha pasado y está pensando en su retiro, pues las personas poco a poco aprecian menos su presencia y las monedas escasean más.
“Tengo 59 años y no me agüito. Hasta mi hijo dice que debería hacer una estatua aquí para el día en que ya no venga. Me siento querido por Victoria, por unos cuántos, así es la vida, no para todos soy alegría”, explica.
Los temas como “Allá en el rancho grande”, “Pajarillo Barranqueño”, “Vestida de color de rosa” en breve podrían ser una anécdota más de Victoria.
“Yo recuerdo bien cuando empecé, fue el 30 de junio de 1983, fue muy duro entrar aquí. Me sentía miserable. Empezar a tocar no me dio vergüenza, pero cuando me empezaron a dar dinero quería pararme y correr. Porque yo estaba impuesto a trabajar carretillando, ¡así como me
ve!, cargaba en mis hombros grava y arena, de todo hacía, por eso me sentí triste al estar sólo en la música. Luego me fui adaptando”.
Al trabajar en la calle no hay días buenos ni malos, no se cuenta lo perdido, sólo lo que se alcanzó a hacer y en eso pueden pasar dos horas o el día completo.




