Ayer el Presidente se abrió de capa con los periodistas más ‘picudos’ del país ante los que soltó el diagnóstico del país que percibe desde su burbuja en Los Pinos y que dibuja un México a la deriva y perseguido por un loco armado dispuesto a matar.
Así es mis queridos boes, por la mañana y por la tarde, Enrique Peña Nieto se reunió con periodistas con el fin de explicarles los porqués del gasolinazo y su posición ante las amenazas de Donald Trump, pero en esos encuentros inéditos en su gobierno permitió preguntas y devolvió respuestas, estas últimas son las que a todos deben tenernos preocupados.
Por la noche en una entrevista Rafael Pérez Gay, uno de los convidados del Presidente, dijo que el inquilino de la casa presidencial trae un diagnóstico real de lo que está sucediendo en el país, que se dice dispuesto al pago de los costos políticos de sus decisiones y que las defiende.
Sí, el Presidente aceptó que México enfrenta una situación tan grave en el ámbito financiero como las que vivió en las crisis del 95.
Pero además, en esta ocasión sin de dónde echar mano, al menos no durante la emergencia, porque Peña Nieto reconoció que el petróleo se acabó en aguas someras, porque el yacimiento de Cantarel es historia y habrá que buscar en aguas profundas.
El esposo de La Gaviota reconoció además que el peso seguirá a la deriva, volátil por las afectaciones que tienen sobre nuestra divisa las declaraciones del Presidente Donald Trump.
Y aunque en los discursos que nos recetan las televisoras oficialistas todos los días en los que Peña Nieto habla de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ahí ante los periodistas también reconoció que el futuro del acuerdo es tan incierto que podríamos hablar de su muerte.
Dice Pérez Gay que cuando alguien le planteó la dependencia que tiene México de los Estados Unidos del que importamos la mayor parte de la gasolina
que aquí se consume y sobre qué pasaría si en uno de esos arranques de locura de Trump éste decide cerrar la llave y no vendernos gasolina, lo que paralizaría al país, Peña Nieto respondió que ni siquiera se lo quiere imaginar.
Y a manera de resumen del entorno que vive el país, Peña Nieto les dijo: «Lo único cierto es que todo es incierto».
Lástima que esos conceptos no los haga Peña Nieto frente al país, frente a los ciudadanos comunes a los que un día sí y el otro también presume logros, avances y un escenario de oportunidades que en realidad no existen.
Eso sí, ahí ante los periodistas sí reconoció sin hacerlo textualmente, su fracaso en materia de estrategia contra la inseguridad: estamos, les habría dicho en los niveles del 2011.
Las cifras que ayer se dieron a conocer por otra vía confirman lo que reconoció Peña Nieto, en enero de este 2017 se cometieron más homicidios en el país que en los últimos eneros de los últimos cuatro años, con 1 mil 938, por 1 mil 541 del 2013, 1 mil 373 del 2014, 1 mil 289 del 2015 y 1 mil 442 del 2016.Estamos hablando de casi el 40 por ciento más en comparación entre los eneros de este año y del 2016. Por donde se le vea hay un evidente fracaso en ese tema, como en el económico, como en el diplomático ante las ninguneada de Trump, como en el del combate a la corrupción donde México cayó 20 posiciones en el mundo.
Y también por eso las encuestas coinciden en la histórica desaprobación del presidente, que tarde busca aliados entre los analistas nacionales.
Lo malo es que de las reuniones de ayer no trascendió ni por asomo un plan para evitar que el barco se hunda, porque pareciera que estamos solo corriendo sin rumbo en el bosque mientras el maniático gringo nos persigue con la escopeta cargada.
Las barbas en remojo…
Hace unos días comentaba aquí que pronto habría noticias sobre los primeros corruptos en padecer del brazo de la justicia y ayer se reveló que el que huele a presidio es el ex alcalde de Tula, Juan Andrés Díaz al que además le obligarían a regresar al erario público casi 28 millones de pesos.
El expediente está listo para ser ejecutado por la Procuraduría local a petición de la Comisión de Vigilancia del Congreso local que comanda Carlos García, el diputado por Matamoros que había advertido que ahora sí no se va a solapar a nadie.
Los incrédulos van a decir: pero no es el pez más gordo al que hay que echarle el guante, tienen razón, pero es un ejemplo de lo que se supone debe ocurrir con los otros alcaldes que se despacharon con la cuchara grande de la corrupción, confiados en el triunfo del PRI en la elección pasada, lo que les habría permitido transitar impunes y gozar sin problemas de los millones que se embolsaron de las arcas públicas. Más de uno tiene pues las barbas en remojo.
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