31 marzo, 2025

31 marzo, 2025

Olvido mata lentamente a la zona centro

La principal zona comercial y residencial del centro de Victoria, está quedando sola; varios edificios íconos de la ciudad están abandonados, así como las casas de importantes familias de la capital

CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- Es 1959 y en el número 1634 del 1 y 2 Matamoros, doña Angelina Vera atiende a las mujeres que están por parir. Revisa a las futuras madres y les revela el sexo de sus vástagos, además acomoda a los niños cuando vienen atravesados.


La partera de ‘mejor mano’ del rumbo, atiende a sus pacientes en su casa de techo alto con vigas de madera y arcilla, sus paredes son gruesas de adobe y eso provoca que la temperatura al interior del hogar sea muy agradable, casi siempre fresca.


Su casa data de los primeros años del Siglo XX y algunas más de la zona, son de finales del XIX, al igual que la mayoría de las del primer cuadro de la ciudad, a unos pasos de la primaria Juan B. Tijerina, muy cerca del Panteón Municipal del Cero Morelos y el Mercado Argüelles también es del barrio.
Es el centro de Victoria, del cual ya quedan casi puros recuerdos.

En la esquina del 1 Matamoros de la casa de doña Angelina sólo se alcanza a ver la fachada, pero ahora yace un Oxxo, una tienda de conveniencia que se dispersan como plaga por la ciudad, aunque eso sí, en esta sucursal intentaron respetar la arquitectura original y está pintada con colores sobrios.

Las fachadas planas de pequeños huecos que forman las ventanas para evitar que entre el calor, inspiradas en las construcciones populares españolas, los techos de terrado y las paredes de adobe y sillar, al paso de los años han sido sustituidas por casas más modernas, con grandes cocheras, terrazas y dobles pisos.

Con caída de los grandes muros, también las costumbres se fueron yendo.

“Es que en Victoria somos un pueblo apático, somos muy culeros, nos vale madre, no cuidamos nada”, dice en tono molesto el pintor Alejandro Rosales Lugo, sentado en una silla de barbero donde atiende las visitas en su taller del 16 Matamoros, también una casona vieja que defiende a capa y espada, al igual que la arquitectura y los edificios históricos de la ciudad, de los cuales reconoce, muy poco ha podido lograr.

Victoria del ayer
Cuetones, ardillas y hasta veneno. Se necesitaron más de tres estrategias para correr a las urracas del centro de la ciudad. O muy temprano o cuando empezaba  a caer la tarde, las aves tapizaban de negro los árboles de la Plaza Hidalgo, tan representativas que inspiraron la pluma de Lupemaría de la Garza Ferrer.

“Y el tiempo que vuela y volando pasa, 
todo lo transforma, 
donde el palomo murió, hay una iglesia, 
donde la urraca murió, hay una plaza. 

Y yo no sé cómo llegó a las urracas 
esta triste historia; 
pero desde entonces, 
viven en la plaza de Ciudad Victoria. 

Y cuando en la iglesia 
doblan las campanas llamando al rosario, 
vuelan enlutadas, sobre el campanario”.

Las tardes calurosas ameritaban ir por una raspa y hasta que cayera el sol, los niños salían a jugar a las calles, pues tampoco corrían peligro alguno, más que las rodillas raspadas o una que otra descalabrada; no había tantos carros, mucho menos microbuses o peseras que a toda marcha se apoderan del asfalto citadino.

Con la puesta del sol, las mecedoras se arrastraban hasta las banquetas y las pláticas entre vecinos y amigos no cesaban y el despedirse era obligatorio pues había que dormir para recargar pilas para el día siguiente, pero la amena convivencia hacía difícil concluir la velada.

Por los rumbos de la Calle “Real”, conocida actualmente como la Calle Hidalgo, los negocios se distinguían por su trato amable, fundados y atendidos por los mismos propietarios, en su mayoría familias libanesas, árabes y chinas.

Las generaciones que les prosiguieron llevaron en la sangre el sello distintivo del trabajo a través del comercio, por lo que hoy en día muchas de esas tiendas se conservan, aunque ahora a la sombra de grandes almacenes que restan brillo a nuestra calle principal y que distan mucho de aquel trato cercano, cordial y amable de antaño.

La calle Real
La fama de la Calle Hidalgo se remonta a más de cien años atrás, cuando se convertía en la ruta del tranvía que trasladaba mercancías desde la estación del tren hasta el Mercado Argüelles; la afluencia de cientos de personas diariamente la convirtieron en el principal centro comercial de la ciudad que dio pie a que se establecieran las primeras tiendas de la ciudad.

Las Novedades, La Primavera, La Voz del Campesino, Las Cuatas Marcos, entre otros, fueron los establecimientos comerciales que cimentaron el flujo comercial de la capital tamaulipeca.

El antiguo Teatro Juárez, a la altura del 15 y 16, ordenado demoler por el gobernador, general Raúl Gárate para que cambiase la sede del poder ejecutivo en el estado y ceder, el entonces Palacio de Gobierno, al Ayuntamiento de Victoria, edificio que vemos en pie y es sede de la autoridad municipal, en el 17 Hidalgo.

Justo enfrente, relata don Raúl Villarreal Caballero, se asentó la primer Mueblería Villarreal, “la fundó mi padre, José Villarreal Tello, ahí estuvo muchos años y ya después yo pude comprar el terreno y construir la mueblería Villarreal Caballero que ahora conocemos, ahí en el 15 Hidalgo”.

“Nuestros hijos y nosotros mismos crecimos en esa calle, aprendimos a trabajar, a atender a los clientes, a darles trato de amigos, por eso siempre hubo un trato amable, cordial y educado, tanto de los clientes, como los que trabajábamos ahí”, relata Nazario Assad, fundador de la primer tienda departamental de Ciudad Victoria, Maxi Centro, del 12 Hidalgo esquina.

“La empatía es tanta que tres de mis hijas, se casaron con tres hijos de Nazario”, confiesa entre sonrisas don Raúl Villarreal.

“En Victoria éramos una gran familia, todos nos conocíamos, los comerciantes, los clientes, las personas que iban por la calle Hidalgo, es una tradición, saludarnos, convivir, atenderlos, por eso la calle debe permanecer abierta a la circulación”, expone doña Linda Hanun, comerciante del sector.

“Hemos sido siempre gente trabajadora, yo le doy gracias a Dios porque de ahí me ha dado para salir adelante con mi familia, porque mis hijos son hombres de bien, todos viven aquí en Victoria, por eso digo con mucho orgullo, viva esta calle hermosa, bendita Ciudad Victoria, bendita la calle Hidalgo y bendita su gente”, afirma Nazario Assad.

La otra cara
Pese a la nostalgia que evoca andar por la Calle Hidalgo, hoy el comercio mismo se ha encargado en gran medida de acabar con la belleza de nuestro principal centro comercial, las fachadas de los antiguos edificios hoy están resanadas con cemento, cubiertas de grandes luminarias y estéticamente aplastaron la esencia original de esta arquitectura.

Por el 7 Hidalgo, aplastado entre un centro comercial y una tienda de ropa, aún se mantiene en pie una vieja casona de más de cien años de haber sido construida. Sólo se ocupa la planta baja bajo el giro comercial de cantina, la fachada que se alcanza a ver está pintada con logotipos de Carta Blanca y unos anuncios de Tecate, es el bar “La Botella”. Afuera apenas un pequeño pasillo queda como banqueta pues los ambulantes la han invadido.

Para apreciar la verdadera belleza de las construcciones de esta vía, hay que voltear hacia arriba, aun se asoman unos balcones y ventanales originales del siglo pasado, pero en su mayoría, solo se observan zapaterías, tiendas de ropa, que sepultan la imagen original de estas edificaciones.

Empresas como Coppel, instalada en el 12 Hidalgo, construyen sus tiendas nuevas respetando la construcción original, reconstruyendo el sillar y renovando las fachadas originales.

Entre el 10 y 11 Hidalgo, una serie de tiendas como Del Sol, una joyería, las flautas del Arce, compiten por clientes, cada uno desde su ramo.
Pero al voltear hacia arriba solo vestigios quedan del emblemático Hotel Victoria, ese donde se hospedó Fidel Castro junto a 42 de sus hombres en la época de la incipiente Revolución Cubana.

Cuadras más arriba, fuera del primer cuadro y el sector comercial, las construcciones con la arquitectura que distingue al noreste mexicano aún se mantienen en pie, otras cedieron con el paso del tiempo y otras más, así como fueron levantadas por el hombre, hoy sólo dejan ver lo que fueron sus cimientos y están convertidas en estacionamientos o invadidas por la maleza.

VICTORIA AYER


Así se veía la calle Hidalgo en 1930


Toma desde el Peñón por la calle 8


Foto desde la calle 9, en los años 70s


La plaza Juárez, a inicios del siglo pasado

VICTORIA HOY


Fachada de costado, de uno de los más importantes Hoteles de Victoria


Los tradicionales Salones Alianza, hoy están prácticamente en el olvido


Lucen el abandono, las casas de sillar y piedra que fueron pioneras entre las construcciones de la ciudad

‘Estamos acabando nuestro patrimonio’

Para el pintor Alejandro Rosales Lugo, Victoria carece de conciencia e identidad por lo que es suyo, “somos un pueblo pinchurriento que no ama a su ciudad, pa’ acabar pronto, somos un pueblo muy culero”.

Siempre honesto, siempre directo, el artista que tiene su taller en la esquina del 16 Matamoros, ocupa justamente lo que fuera una casona de sillar, en lo que el llama el “Centro Histórico de Victoria, el casco más nuevo de la ciudad, porque está otro, que es el viejo casco, de la Plaza Hidalgo para abajo, allá todavía se pueden ver los muros de las haciendas viejas”, expresa.     

Rosales manifestó que una sociedad compuesta “por un pueblo sin conciencia y una autoridad que no aplica la ley, no vamos a llegar a ningún lado.

Nuestros ricos no tienen conciencia cultural todavía, en Monterrey, los ricos de Monterrey, aplican partes de sus recursos a estos tipos de apoyos, a obras públicas interesantes, pero aquí no, aquí solo piensan en hacer negocio, el criterio es medrar, vender a la ciudad al mejor postor”.

Asegura que el INAH no protege ni sanciona a quienes aprovechan la oscuridad de la noche para acabar con las edificaciones antiguas, “esas ocurren es porque el INAH, que tiene la obligación de cuidarlo no lo hace porque es muy difícil lidiar con la gente poderosa de la ciudad, hay muchos compromisos sociales, económicos y políticos”.

Expuso varios ejemplos palpables, pero uno que consideró como crimen, fue la demolición de la casa del general Othón P. Blanco, del 10 Juárez, “Un gran problema son los estacionamientos, como no están regulados la gente busca algo que le deje dinero, tumban y hacen un estacionamiento, no se respeta nada, ni la arquitectura, tan es así que había una casa histórica donde nació y vivió el fundador de Campeche, ahora es un estacionamiento y hasta la placa se la robaron”.

En su lugar existe un estacionamiento, mismos que se han propagado por el primer cuadro de la ciudad y en su totalidad, se han hecho sobre antiguas casas que debieron conservarse por su aportación cultural y estética a Victoria.

Puso como ejemplo ciudades como Monterrey y San Antonio, donde se ha respetado la fisonomía original de la ciudad y se han recuperado espacios para el fomento de la cultura y darle identidad al lugar.

En Victoria quiso hacer algo parecido, “La hidroeléctrica de Tamatán es una bello edificio para hacer ahí el museo tecnológico, así como en San Antonio que convirtió la vieja cervecería en el museo de Arte moderno, en Monterrey la Fundidora es un museo, otro caso patético es nuestra estación del ferrocarril que por años hemos estado pugnando porque se rescate, pero a nadie le interesa, todo mundo está en sus negocios queriendo medrar, el constructor quiere derrumbar y levantar, quieren contratos, el pueblo no defiende lo suyo”.

Recordó que gracias a que la sociedad se unió, pudieron rescatar el casco del ex Asilo Vicentino, “amigos como Bibi Arreola, Gustavo Cárdenas, Paco Ramos Aguirre, pugnamos para que no se destruyera el lugar, sino ya lo hubieran destruido, hicimos lo posible porque fuera lo que hoy es”.

Y de las pocas fachadas y construcciones que se conservan y se les da mantenimiento, afirma que es por decisión propia, “Si tu observas hay algunas construcciones pero lo hacen por gusto propio, pero la gente ahorita prefiere tumbar para hacer su estacionamiento que le produzca mas dinero, pero no hay una imposición, nadie que les aplique la ley”.

Decepcionado porque considera que la ciudad ha perdido su fisonomía, aseguró que “Si un presidente municipal quiere inmortalizarse, ahí está la clave, recuperar la identidad de Victoria a través del centro, cuidando su arquitectura, su fisonomía”, finalizó.

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