Emocionados, los políticos comerciantes o comerciantes políticos ya encontraron su tómbola del regocijo económico donde la vida les ha sido grata.
Ya explican sobre un proyecto que nunca ha sido visto por nadie sólo de reojo por los mercaderes del templo.
Políticos de paja, alucinados con sus conceptos urbanos de Las Vegas.
Ciertamente que las ciudades cambian. La mano de la usura se ha impuesto sobre las necesidades apremiantes de la ciudad. Ya no es Alameda, lo significativo.
Ahora es 17, pero más, es la Zona Rosa, para una serie de negocios en boga de las franquicias americanas y del país. Regresa a la vieja ciudad la élite forjada en el goce de la cosa pública.
El canaco Juan Carlos González Alanís, «que el enfoque de la Cámara es desde el punto de vista empresarial…» como otros, opina en el regocijo sin conocer el proyecto pero sí en la euforia del negocio.
Políticos sordomudos agiotistas de la herencia tricolor.
Nadie los recordará, que poco les importa.
Sus cuentas bancarias arrastrarán las marcas del agio de una sociedad furris, ignorante, en la estela imaginaria de los conceptos gringos deshumanizados de toda vida urbana coloquial.
Cerrados al concepto del agio, las calles para el automóvil en la vía más importante histórica que da marco a la provincia que es Ciudad Victoria. Sordos, sonrientes, se pasan bajo los güevos a una joven opinión pública que no los perdonará en las urnas.




