14 enero, 2026

14 enero, 2026

Es cierto, la mayoría son iguales…

Escenarios

Desde su origen, los partidos políticos han representado la vía para que el ciudadano común pueda aspirar al poder público.

Los que saben, dicen que esa aspiración es más que legítima, sobre todo cuando se trata de restringir el poder absoluto del mandatario.

Y claro, que la intención de restringir el poder a los mandatarios es producto del abuso de éstos hacia los ciudadanos.

Por eso, los nobles ingleses obligaron al Rey, “Juan sin Tierra”, a firmar la Carta Magna, antecedente de las Constituciones, el 15 de junio de 1215.

En efecto, con la firma de esa carta, se limitó la fuerza absoluta del Rey, quien se había convertido en un tirano por la falta de pesos y contrapesos legales y fácticos.

Ahora se entiende que esas conductas motivaron el enunciado de Lord Acton, ese que dice que: “el poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente”.

Por esos tiempos, pero en España, concretamente en la comunidad de la provincia de Aragón, surgió la figura del “Justicia de Aragón”, antecedente del “Ombusman” o de  las recientes Comisión de Derechos Humanos que proliferan en muchos países, para equilibrar las relaciones y diferencias entre el monarca y la gente. De esa forma, el Rey estaba obligado a ceñirse a este enunciado draconiano al aceptar ser monarca: “Nos, que somos tanto como vos, y todos juntos más que vos, os hacemos Rey de Aragón, si juráis los fueros, si no, no”.

En el “si no, no”, está la esencia de la limitación del poder.

Como antecedente, vale la pena recordar que el hoy izquierdista Porfirio Muñoz Ledo, le espetó dicha frase al ex presidente Ernesto Zedillo su tercer informe de gobierno, en señal que a partir de ese momento, el hecho de que su partido, el PRI, no tuviera la mayoría en el Congreso, tendría que compartir el poder.

Evento destacable porque era la primera vez que un diputado de la oposición contestaba un informe presidencial en lo por mucho tiempo se conoció como “el día del presidente”.
La cara adusta de Zedillo lo decía todo.

Después de ser testigos de cómo se implementa la nueva relación entre la clase política, quedó en duda la efectividad de la famosa frase atribuida al florentino Nicolás Maquiavelo, esa que dice que: “El poder no se comparte”.

Habría que analizarla con detenimiento.

 Pero todo esto tiene mucho que ver con la selección de los candidatos a los múltiples cargos de elección popular que están en juego en México.

Las expresiones de inconformidad, desaliento y complacencia hacia quienes toman las decisiones están al orden del día.

Los que no fueron agraciados se deprimen, amenazan con no colaborar con el seleccionado y hasta con irse a otro partido contrario.

Muchos de los que no fueron agraciados olvidan pronto los privilegios, canonjías, posiciones políticas y administrativas que han recibido del partido al que han pertenecido y por el contrario, prefieren poner el riesgo, e incluso perder el poco prestigio e imagen pública positiva que han acumulado a lo largo de su carrera, a quedarse sin el ingreso del próximo cargo.

Por eso mucha gente abomina todo lo relacionado con la política, con los partidos políticos y de paso, a los políticos.

Y además piensa, se lamenta y opina que la mayoría son iguales.

Facebook
Twitter
WhatsApp

DESTACADAS