Como si no tuviera suficiente trabajo para sacar adelante la elección más complicada de la historia, desde el primer día de esta contienda, el INE concentró buena parte de sus esfuerzos en vigilar las publicaciones de los medios de comunicación.
Basta con hacer una escueta mención a una encuesta, para que despliegue toda su maquinaria burocrática, iniciando procedimientos jurídicos contra periódicos, estaciones de radio y televisoras.
Es tanto su afán persecutorio, que con la excusa de que están obligados a cumplir la ley electoral aprobada por todos los partidos políticos, el Instituto Nacional Electoral ha rozado peligrosamente el terreno de la censura oficial.
Pero lo irónico es que mientras esto ocurre, en las redes sociales se libra una batalla de lodo inédita, que lo mismo incluye insultos entre candidatos, fake news, y encuestas “patito” que los partidos hacen pasar por buenas, sin ningún pudor.
Al INE, que monitorea con particular ahínco cada palabra publicada en los medios impresos, se le escapa todo un mundo en el que conviven millones de usuarios que a diario comparten información de dudosa procedencia, que como han advertido diversas organizaciones, pone en riesgo el desarrollo correcto de una elección.
En las últimas semanas, por ejemplo, han arreciado los ataques entre candidatos. El calor político tiene su primer termómetro en Facebook, donde un día sí y otro también, los seguidores de todos los partidos políticos comparten videos que denigran a sus oponentes, la mayoría de las veces con burdas difamaciones.
Pero a nadie escapa que una de las razones por las cuales las redes sociales se han vuelto parte fundamental de la comunicación moderna, es precisamente porque ahí reina la libertad. Y visto el trabajo que viene realizando, para nada resultaría deseable que ahí también meta sus narices el INE.
En todo caso, valdría la pena reflexionar, si a la autoridad electoral no estará faltándole un elemento necesario en cualquier sistema jurídico: el sentido común.
Las tribulaciones de Migue
Alérgico a los reflectores y temeroso de los escándalos, Miguel González Salum tuvo que abandonar ayer la comodidad de su curul para dar explicaciones sobre un incidente donde
lo involucran y que las redes sociales se encargaron de propalar.
Un tipo llamado Roberto Velázquez, ebrio y enloquecido empezó a disparar al aire con su pistola en la colonia Condesa de la Ciudad de México. El pistolerillo con facha de guarro fue detenido y al basculearlo le encontraron armas, drogas y 500 balas.
Bravucón, el tal Roberto intentó acalambrar a los policías con una charola expedida por la Cámara de Diputados que lo acredita, según dicen, como asesor del ex alcalde victorense y actual diputado federal Miguel González Salum.
La noticia se viralizó en las redes sociales sazonada con la mala leche de los malquerientes del ex alcalde.
Dicen los que lo vieron, que al paisano casi le entra el soponcio con el inesperado escándalo. En un santiamén redactó un comunicado para deslindarse del energúmeno aunque ahora falta que ponga en su lugar a quien indebidamente le prestó el vehículo que sí es oficial.
Como luego dicen, nunca falta un pelo en la sopa. Mal día para Miguel y seguramente que esta noche le resultará difícil conciliar el sueño.
Lo que sea de cada quien, el Migue es un buen tipo pero suerte le jugó el toro al revés. Ni modo.




