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Después del neoliberalismo… el neoliberalismo

/ 18 de julio, 2019 / Carlos Ramírez

En la parte lopezobradorista del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 se insiste en la construcción de una alternativa al neoliberalismo y se usa el concepto de “posneoliberalismo”. Ahora se sabe que el modelo teórico es el de la “economía moral”.
Pero el pensamiento económico progresista atraviesa por una crisis teórica. La contrarrevolución económica conservadora 1973-1989 y la crisis imprevista de 2008 hicieron pedazos a las ideas estatales. Por eso es que lo que le sigue al neoliberalismo es… el neoliberalismo despuntado.
La economía moral no es una alternativa, sino un enfoque a posteriori, una declaración de principios. La economía, sin embargo, se mueve por tres razones: utilidad, mercado y acumulación. A la condicionalidad cruzada del FMI (estabilidad macro) y del Banco Mundial (reformas estructurales para sacar al Estado de la producción) le siguió el Consenso de Washington para la globalización.
Los economistas progresistas están como lampareados. El fracaso del Estado en el sistema productivo abrió la puerta al neoliberalismo. En este escenario el texto –breve artículo reflexivo que ha sido publicado en multitud de páginas web– de Joseph Stiglitz es como un clavo ardiendo: “Después del neoliberalismo”. Está construido en dos partes: las alternativas políticas a la ideología económica neoliberal que determina escenarios políticos y, luego, las opciones estrechas que quedan.
Las tres alternativas: nacionalismo de extrema derecha, reformismo de centro-izquierda e izquierda progresista, las dos primeras serían conservadoras y la tercera… nomás tantito. La primera es racista, la segunda “representa al neoliberalismo con rostro humano” y la tercera la caracteriza como “capitalismo progresista”. Es decir, las tres son variantes del capitalismo que lleva en su seno el germen de la acumulación privada de capital y riquezas, sólo que ahora con la bendición de las izquierdas, lo que representaría, ahí sí, el final de la historia que señaló Fukuyama en 1989 con la caída de la URSS y la derrota el comunismo.
La tercera opción, la del “capitalismo progresista” –no fusión de ideas sino un oxímoron– se basa, para Stiglitz en cuatro prioridades:
1.- Restablecer el equilibrio entre los mercados, el Estado y la sociedad civil.
2.- Reconocer que la “riqueza de las naciones” es resultado de la investigación científica y de la organización social que permite a todos trabajar por el bien común.
3.- Abordar el problema del “poder del mercado concentrado” o la dominación de las economías, empresas y mercados globalizados, en detrimento de sociedad y trabajadores.
4.- Disociar el poder económico de la influencia política, esencia del capitalismo cuando el sistema político trabaja para la consolidación del mercado económico.
El modelo Stiglitz reconoce, sin decirlo, el fracaso de la economía social, popular y a favor de las clases no propietarias. Y apela a un capitalismo que debiera sacrificar tasa de utilidad, cuando la esencia del capitalismo y de la clase capitalista es la acumulación de excedentes. No hay, pues, capitalistas sociales ni morales, porque el capital excluye a la otra por la imposibilidad de juntar la utilidad y el bienestar.
De acuerdo con los postulados del PND-AMLO, la propuesta posneoliberal no ha sido diseñada, existe una especie de Manifiesto de ideas, de compromisos formales y de objetivos enunciados. Si la esencia del capital privado es la acumulación y el objetivo del Estado es la distribución, los dos no pueden fusionar posibilidades. El modelo alemán de economía social de mercado nunca pudo revertir la distribución de la riqueza vía salarios-utilidades. Ahora se propone la “economía moral”.
Stiglitz se disculpa: “el capitalismo progresista no es un oxímoron; más bien, es la alternativa más viable para una ideología (la neoliberal) que claramente ha fracasado”. Sin embargo, el capitalismo es el capitalismo. El problema, en todo caso, radica en el hecho de que el Estado no ha cumplido su papel mediador en la distribución forzada de la riqueza vía políticas fiscales. Y se agudiza cuando el capital pierde su residencia y se convierte en capital globalizado que atraviesa por países y sociedades disímbolas.
Las restricciones del PND de López Obrador al capital y la forma en que ha impuesto el dominio del Estado explica el hecho de que la economía es lucha por la riqueza, no conciencia moral. Por eso Max Weber escribió sobre la ética protestante y el espíritu del capitalismo, dos niveles etéreos inexistentes, con el espacio de la religión como el último piso de una economía justa, moral y religiosa, un debate de cien años: Max Weber y la guerra académica de cien años. La polémica en torno a La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Francisco Gil Villegas M. (FCE).
Al final, la propuesta de economía moral se perfil como el modelo PRI de capitalismo con Estado redistribuidor autoritario de la riqueza. Es decir, una restauración que nada tiene de moral.