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Columnas: CRÓNICAS DE LA CALLE

La Zumba y el sueño de que se acaba el mundo

/ 08 de octubre, 2019 / Rigoberto Hernández Guevara

Nadie sabe lo que beben de un bote térmico. Nadie sabe en dónde traen el pedazo de pan y la empanada que de pronto sacan de la nada. También traen una toalla pequeña, limpia con el sudor de la frente; toalla como las manos que se mueven con la música y dedos que tamborilean como si estuvieran bailando.

Así es como comienzan a llegar las señoras y las muchachas que bailan zumba en la explanada de la plaza, donde propios y extraños pasan a verlas y hacen como si no las miraran, pero las miran, vuelven a pasar y ellas no los miran, están bien concentradas bailando. Según ellas, ¿cómo podrían distraerse con aquellos simples  mortales que pasan en bicicleta, ellas casi unas diosas?

Hay zumba en internet para bailar en casa, pero esa ni caso tiene, el asunto es salir, placearse de una buena vez y para siempre, dejarse ver, mover la cintura al aire libre. Y hacer los pasos al ritmo del reggae, el merengue, la cumbia, de la música pop más movida, soltar de repente el chisme y seguir bailando como si nada, mientras se matan.

No importa la edad y hay de las que le echan bastantes ganas. Parece que están en la final del campeonato mundial y otras les estuvieran ganando, por eso bailan y miran a las otras estrellas, sudando por el otro lado de las costillas, más arriba, por debajo de las calles que pisan.

Al momento llegan otras con un bote térmico parecido y beben juntas el elixir del agua, el café, el complemento, la cerveza bien helada , la sustancia extraña que inventaron esa mañana. Lo ponen en el suelo y van por él a cada minuto, lo beben y vuelven a hacer lo mismo. Toda la vida lo harán acaso. Hasta que se acabe el mundo. Como un circuito infinito: bailar para beber agua y beber agua para bailar zumba.

Llegan juntas y solas, cada una con su pequeño legajo donde aparte traen un espejo muy limpio, un recuerdo borroso, dos dientes de ajo, una toalla sospechosa más grande que la otra y una sonrisa de oreja a oreja. Una de ellas encontró sin justificación ninguna, entre el monedero, un jabón Rosa Venus.

Todas se abrazan y hay aquellas que lloran, son como unas 30. Se dan consejos que vieron en las redes y le exageran, se pintaron el cabello como la maestra, «nombre wey lo quería más castaño». Ya qué. Todos los días hay pastel pues no es mentira que cada día hay una que cumpleaños o como si los cumpliera. Si no los cumple la obligan. Los vecinos envidiosos, cualquiera diría que ya les cayeron gordas las mañanitas por culpa de ellas y ellas le suben al volumen.

Al rato, juntas en la banqueta ancha o en una pequeña explanada se convierten en las muchachas y señoras que bailan zumba. Con su jersey verde limón o rosa fulminante, con su sueño de exquisita mujer, de esbeltez extrema. Porque ya estuvo bueno de tanta cena. Por que ya ni la dieta.

Muchas nomás de ir pensando en la friega que a veces les pone la instructora, que siempre llega antes que todas, y ellas con los sesenta entre espalda y oreja, pues van sudando cuando todavía ni empiezan. La mitad desertaron la misión la semana pasada.

Eso sí, todas llegan en carro y nadie desayunó más que una galleta. Aunque haya sido una especie de fiesta, un reventón de mermelada.

Las más jóvenes hasta brincan, se exceden, el ejercicio ese se les hace agua en la boca, ni siquiera se cansan, pero van dos días seguidos y no regresan. Les falta la persistencia de las más viejas, aunque en muchas mayores la persistencia incida en comer bastantes galletas, es lo mismo que no haber hecho ejercicio nunca señora.

Y es que si el mundo siguiera las reglas, muchas cosas no existieran. Y muchas reglas no tuvieran razón de ser si uno no exagerara. Se supone que hay razones de peso, pero hay muchas otras razones por las que la zumba encajó con madres en nuestra cultura.

La zumba es para hacer ejercicio y ahí dependen las ganas, por ello, a algunos les sirve bastante, bajan dos o tres kilos y otros los bajan y los reponen en una semana, y ahí andan. En el sube y baja, entre las gorditas, las cocas light, las botanas caseras, los gansitos marinela, los refrescos de cola, y qué tal un pastelillo con café en la merienda.

¿A cual zumba vas?, no pues que a esta. Nombre vente a la de nosotros, acá están más baratas las playeras. Acá nos la regalaron. Le mientes aunque te la hayan dado más cara, no vendrá nadie a vencerte en despoblado.

HASTA PRONTO.