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Columnas: CRÓNICAS DE LA CALLE

Crónicas de viaje al cero Morelos

/ 09 de octubre, 2019 / Rigoberto Hernández Guevara

Eso de morir no va siendo un buen negocio para los seres humanos. Primero hay que estirar la pata, sortear el problema que hay para siquiera morir y que te dejen hacerlo a gusto, como quien salta un charco y cae en el agua. Corte. Se acabó la película.

Y como saben que ya vas a petatearte, te están viendo como si quisieran ver el momento exacto en que te mueres y para nada les sirve. Te espían inútilmente.

Miran tus manos como alas negras caídas, tus dedos crispados de moribundo, todavía calientes, buscando algo en el aire, quizás una tortilla de último momento, un vaso de agua helada para el gaznate seco. Les habías dicho que no entraran. Quieres más bien una cerveza bien fría por ser la última.

Los mirones miran el hambre de algunas células de tu cuerpo, las ansias de café expreso, las locas ganas de un pastel fantástico, increíblemente cierto. O tal vez un cigarro sea mucho para un moribundo al que nunca le gustó el pastel ni las galletas de animalitos. Y te las mandan traer. Y el café para que lo veas de lejos.

Miran tus huesos traslúcidos y secos, miran tu cuerpo largo y tus pies cada vez más helados. Miran tus ojos que ya no permiten leer en tu mirada. Miran lo que nunca fuiste en el campo minado, invicto hasta esta jornada, miden tu cuerpo y en una coperacha te mandan hacer una caja.

Escuchas que alcanzaste el último terreno del Cero Morelos. Y debieras sentirte alegre por eso, pero más bien confirmas que te estás muriendo, que te quieren enterrar vivo, o que quizás ya estás muerto.

Por eso te volteas hacia la pared donde te refugias ya cayéndote y hablas con nadie, ni contigo que ya es mucho decir. Te callas de una vez antes de que sea para siempre. Te callas para escucharlos a todos hablar de ti en el otro cuarto. Y desde ahí calcular los que están en tu favor y los que siempre estuvieron en tu contra. Y enterarte para tu sorpresa quién se quedará con todo. Pero va, que ese borracho se quede con todo…quieres pensar que no te importa.

Ahí está fulano y zutano, está también perengano y lo que queda de la comitiva con vida. Han dejado todo para sacrificarse en ver cómo exhalas el último respiro y tú no querías ver a nadie ni ahora ni antes. Y sabiéndolo vinieron. Y no sabes si mueres o estos te quitan el aire, ni sabes si morir o salvarte con tal de que se vayan; y así no te importaría vivir otra vez esta vida caótica. Pero están aquí.

Vinieron porque son buenos, porque ante el suceso extremo de un caído todo es dolernos, nos duele algo que sin ser nuestro es también de nosotros, y nos acompañamos en el dolor de la muerte de otros, mientras no seamos nosotros. Si le preguntas a un doliente dónde le duele, no sabe.

Muchos moribundos quieren hacer trampa y suicidarse en un descuido de la enfermera que ya sospecha. Esperan que se dé vuelta, que se descuide para desconectarse del cable.

Mientras mueres, los ves afuera como si esperaran la muerte contigo, o ver que salgas corriendo y la verdad es que ya quieres quedarte dormido y decirles que allá los esperas.

Le llamamos muerte y nos burlamos de ella pero siempre nos derrota. Le hablamos en la noche cuando no queda nada y duele todo lo que ves, te duelen los ojos, los oídos sin palabras, te duelen las palabras que no escuchaste, te mueres de todo eso, de las penumbras, de los recuerdos y te vas yendo al abismo y es de lo que te mueres.

Dicen lo que han vuelto que al otro lado de esta vida hay un mundo fantástico. Pero así déjenlo. Eso de estarse muriendo no es negocio, no hay ni para las galletas de animalitos y quieras que no, cuando ya colgaste los guantes, faltas en alguna parte, aunque seas el puro aire.

HASTA PRONTO