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Columnas: Por un nuevo sistema hospitalario

Por un nuevo sistema hospitalario

/ 10 de mayo, 2020 / JORGE FALJO

Atacados por la naturaleza en
su revancha resulta claro, ante
la pandemia que vivimos, que
descuidamos un aspecto fundamental de
la seguridad de nuestras sociedades y de
cada uno de sus miembros. Mientras en
el mundo se gastaron enormes cantidades en armamento, para protegernos los
unos de los otros, se descuidó la salud y el
bienestar de la población.
Impresiona saber que un avión de
última tecnología, de los que escapan a
la detección de los radares, cuesta unos
dos mil 100 millones de dólares, y volarlo
cuesta 140 mil dólares la hora. Los nuevos
bombarderos B-21, capaces de llevar bombas atómicas, que empezará a recibir la
fuerza aérea norteamericana en el segundo
semestre de este año, son más baratos.
Ese pedido de 100 nuevos B-21 costó 97
mil millones de dólares; algo menos de
mil millones cada uno. Meros ejemplos del
absurdo en que vivimos y que tal vez ahora
podamos cambiar.
Tendremos que rectificar prioridades y
no será fácil, en el mundo y en México.
Aquí el Covid 19 nos agarra con las
defensas bajas; los mexicanos nos hemos
alimentado con comida chatarra durante
décadas y ahora somos de los más obesos
del mundo y con los más altos índices de
enfermedades crónicas como diabetes e
hipertensión. Habrá que atender tanto a la
prevención como a los remedios.
La pandemia pone en evidencia todas
las debilidades. Una muy grave es el
sistema de salud pública, en particular en
su parte hospitalaria. Este ya era de por
si insufrible. Esperas interminables para
ser atendidos en urgencias, semanas para
pruebas de laboratorio, meses para programar una cirugía. No basta el personal
con buena disposición cuando hay baños
cerrados, elevadores inservibles y las
evidencias de la falta de mantenimiento en
todas partes.
Heredamos décadas en que buena
parte del gasto en salud se daba en seguros
médicos para las elites burocráticas
mientras que para los demás había un
sistema chatarrizado, incapaz de atención
oportuna y de calidad.
Saldremos muy golpeados por este
virus en nuestra salud física y mental, y en
el empleo, los ingresos y el bienestar. Con
un gobierno empequeñecido por décadas
de cederle el paso al mercado, al sector
privado, a la inversión externa y que verá
aún más debilitados sus ingresos.
Aun así, los mexicanos exigiremos
mejor acceso a la salud. Atención oportuna,
una mejor interrelación médico – paciente,
mejores hospitales y equipos. Superar la
inequidad extrema para garantizar a todos
el derecho a la salud no será un asunto
fácil. Pero es prioridad ahora de ciudadanos y gobierno.
Es posible si abandonamos ortodoxias,
las del neoliberalismo y también las de
un estatismo engañoso que no funciona
en la práctica. Para reconstruir el sistema
de salud se requerirá una alianza público
privada en la que el gobierno sea el garante
de una buena atención en salud para todos
los mexicanos.
Primero que nada hay que saber que el
sistema hospitalario público, en concreto
el IMSS y el ISSSTE ha sido privatizado de
manera invisible, insidiosa. Digamos que
el hospital, el edificio y sus ladrillos son
públicos, pero los servicios que le permiten
funcionar no lo son. Hacer funcionar una
sala de cirugía es sumamente complejo,
requiere equipos diversos, con múltiples
insumos que deben estar disponibles a
tiempo y personal técnico especializado
que sepa manejar equipos especializados.
ervidores públicos, su entorno se contrata
con el sector privado. Se adquieren los
servicios para hacer cirugías mayores,
como las de cardiología, y también las de
mínima invasión, ortopédicas, el servicio
de anestesia, el monitoreo de los pacientes,
la endoscopía. También se contratan los
servicios de laboratorio, banco de sangre,
imagenología, hemodiálisis.
Se contratan compañías que inviertan
en el equipamiento sustantivo y los equipos
periféricos, que provean los insumos, el
mantenimiento de estas infraestructuras y
los técnicos de apoyo que los hacen funcionar que asesoran al personal médico en el
manejo de los equipos.
Todos estos servicios se contratan
centralmente para el aprovisionamiento de
los múltiples hospitales del IMSS e ISSSTE.
El motivo básico es que la sincronización
de elementos que se requiere en cualquiera
de los servicios mencionados es imposible
cuando se contratan por separado.
Licitar múltiples equipos, infinidad
de insumos y adquirir apoyos técnicos
para que actúen de manera simultánea,
coordinada, oportuna, es imposible para
nuestra burocracia. Así que lo que se hace
es licitar servicios integrales en contratos
multianuales que usualmente son por
entre tres y cinco años. Esto le facilita
enormemente la vida al burócrata sanitario
porque simplifica en uno solo lo que de
otra manera sería una pesadilla de procesos
de adquisición. Es lo más racional porque
asegura la sincronía de elementos.
Los servicios integrales que proporcionan empresas privadas dentro de los
hospitales públicos le resuelven el problema operativo al contratante, IMSS, ISSSTE
y al personal clínico que no podría hacer
una cirugía si no hay ese entorno en la que
maquinas e insumos operan como una
orquesta bien afinada.
Pero el costo de sincronía y de la
simplificación de las adquisiciones es
muy alto. La compra del servicio integral
acaba siendo varias veces más cara que la
suma de cada una de sus partes. Una de las
varias razones es que la empresa privada
amortiza en solo tres o cinco años el costo
de equipos que en un hospital privado
pueden operar por el doble de tiempo. Y
porque brinda un servicio especializado
que requiere conocimiento experto de su
logística.
Si nos damos cuenta que el sistema de
hospitales públicos se ha privatizado en su
interior podemos plantear una alternativa
que abarataría y mejoraría la atención a los
pacientes.
Se trata simplemente de contratar
servicios integrales fuera de los hospitales
públicos, es decir en los hospitales privados. Es decir que se podría contratar con
hospitales privados que atiendan cirugías,
partos, hemodiálisis con todos los aparatos
insumos y apoyo técnico requeridos y
pagarles por caso atendido.
¿Sería más caro? Pues no porque esos
servicios ya están privatizados de manera
ineficiente y cara dentro de los hospitales
públicos. Sería relativamente fácil calcular
cuánto cuesta una cirugía, digamos un
parto, en el sistema público y ofrecerle al
hospital privado pagarle lo mismo, incluso
menos, por caso atendido. Lo que haría el
sistema público sería diagnosticar y referir
al paciente al hospital privado.
Esto es algo que ya se está haciendo
como medida de emergencia ante la
pandemia. Es un buen experimento y los
primeros datos indican que sería más barato y eficiente que la atención en el hospital
público.
Generalizar este esquema llevaría a una
fuerte inversión privada para brindar estos
servicios. Algo para lo que el gobierno no
cuenta con los recursos suficientes; aparte
de que no valdría la pena expandir el actual
esquema.
Frente a la privatización que ya existe
de la atención en hospitales públicos habría
que plantear una especie de socialización
de la atención privada.