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Columnas: La doma del tigre

La doma del tigre

/ 12 de julio, 2020 / Jorge Faljo

Con el motivo, o pretexto, de
celebrar la firma del T.MEC se
reunieron los presidentes López
Obrador y Trump. Fue un encuentro
que, conforme a la usanza de anteriores nuevos presidentes mexicanos, había sido postergado por mucho tiempo.
Lo habían impedido el trato muy
ofensivo de Trump hacia los inmigrantes mexicanos; dijo que eran lo peor de
México y los señaló como violadores
y distribuidores de drogas; hizo del
muro fronterizo el eje de su campaña presidencial; encerró a migrantes
indocumentados, incluyendo niños y
separándolos de sus familias; declaró
que el anterior TLCAN fue el peor tratado comercial de la historia y que México
se aprovechó de su país atrayendo
empresas y empleos.
Los agravios del energúmeno de
la Casa Blanca fueron muchos e ir a
Washington en esos momentos habría
sido extremista: implicaba una aceptación implícita del maltrato; o se daba
una confrontación abierta.
Trump bajó el tono por su propia
necesidad política de presentar al
nuevo T-MEC como un triunfo personal
y acercarse a un sector del electorado
norteamericano, el que allá llaman
“hispano”. Aún con esta nueva moderación López Obrador corría el riesgo
de caer en alguno de los extremos de
sumisión o confrontación. Fue un extraordinario acto de equilibrio evitarlos.
López Obrador no se sometió. En su
discurso hubo elementos que, dichos
en otro momento, o de otra manera,
habrían provocado la furia del energúmeno. ¿Qué fue lo más substantivo?
Trump habló primero y evidentemente había leído el discurso de AMLO,
no podía haber sorpresas. No las hay
en ese tipo de encuentros. Sabía que el
presidente de México le diría en su cara
y frente a los medios que la comunidad
de mexicanos y sus descendientes eran
gente buena, trabajadora, honrada.
Lo verdaderamente importante es
que Trump se adelantó hablando bien
de los mexicanos en los Estados Unidos;
dijo que engrandecen a sus comunidades, son muy trabajadores, poseen
gran número de pequeños negocios y
son excelentes empresarios y son muy,
muy, exitosos. Empleó los mejores
elogios de su escaso vocabulario.
El presidente de México remontó
la emigración mexicana a los Estados
Unidos a la Segunda Guerra Mundial
cuando México lo respaldó con mano
de obra de trabajadores documentados
y conocidos como braceros.
AMLO le dijo a Trump que, al momento de la expropiación petrolera, el
estadista más poderoso del continente
americano, el excelentísimo presidente
Franklin D. Roosevelt la aceptó y con
ello afirmó la soberanía de los pueblos
del continente. Añadió que, guardadas las proporciones y circunstancias
distintas, es posible entendernos sin
prepotencias o extremismos. Un mensaje muy pertinente al momento actual,
nada sumiso, y que al mismo tiempo
le dice a Trump, textualmente, que se
puede ser muy poderoso sin prepotencias o extremismos. ¡Pácatelas!
Hablando en plata, es decir sobre
la relación económica de los países de
la América del Norte, López Obrador
planteó como problemas centrales
el déficit comercial y la pérdida de
peso económico de la región. Dijo que
mantenemos con el resto del mundo un
déficit de 611 mil millones de dólares, lo
cual se traduce en fuga de divisas, menores oportunidades para las empresas
y pérdida de fuentes de empleo. En
1970 la región representó 40.4 por ciento del producto mundial y ahora esta
participación en la economía global ha
bajado a 27.8 por ciento.
Así abordó una preocupación
central de Trump, el déficit norteamericano y su creciente rezago económico,
enfatizando que estamos en el mismo
barco.
AMLO va mucho más allá y le hace
una propuesta que por su importancia
transcribo integra:
“… el tratado es una gran opción para
producir, crear empleos y fomentar el
comercio sin necesidad de ir tan lejos
de nuestros hogares, ciudades, estados
y naciones. En otras palabras, los volúmenes de importaciones que realizan
nuestros países del resto del mundo
pueden producirse en América del
Norte con menores costos de transporte, con proveedores confiables para las
empresas y con la utilización de fuerza
de trabajo de la región.”
Decir que las actuales importaciones
pueden producirse en América del Norte es una propuesta enorme que puede
traducirse así: dejemos de aprovisionarnos en China. México puede ser el
gran proveedor de los Estados Unidos.
Solo que convertirnos en el gran
proveedor de los Estados Unidos no
resuelve el tema de que son muy deficitarios; en lugar de ser deficitarios con
China pasarían a ser deficitarios con
México. Así que la propuesta de AMLO
tiene otra enorme implicación. México
también dejaría de ser deficitario con
Asía y China en particular. En 2019 le
compramos a China 76 mil millones de
dólares más de lo que ella nos compró
a nosotros; para el conjunto de Asia
nuestro déficit fue de 140 mil millones
de dólares. Un déficit que podemos sostener gracias a los dólares que nos da el
superávit con los Estados Unidos.
Esta ha sido una queja central de
Trump y su equipo que maneja el
comercio exterior. Y AMLO le ofrece
resolverlo cuando emplea el plural para
proponer que toda la región deje de ser
deficitaria.
Lo que implica que México reduzca
enormemente sus compras en Asia,
obviamente no de un día para otro,
para que estos bienes se produzcan en
la región. Es decir que sustituiríamos
esas importaciones por otras hechas en
los Estados Unidos y Canadá y, lo más,
mucho más importante. Por producción
hecha en México.
Trump es un energúmeno ignorante;
pero esta ha sido una de sus banderas y
en términos políticos lo que se le pone
sobre la mesa es que, en vez de volver a
su racismo antimexicano, su campaña
se base en una reconfiguración económica de gran magnitud.
El asunto es si AMLO está realmente
dispuesto a hacer su parte; trabajar
tres vertientes: poner aranceles a las
importaciones asiáticas; acordar con los
Estados Unidos que en adelante habrá
una verdadera preferencia comercial
mutua; y diseñar una política industrial
substitutiva de importaciones y concertada con el sector empresarial mexicano. Al que se le abriría un enorme
campo de inversión y desarrollo.
Si nos vamos por ahí nos espera un
futuro promisorio.