TAMAULIPAS.- La reforma del Instituto Nacional Electoral debe ser la más inmediata, pero al mismo tiempo la más natural. En el segundo trimestre del 2023 termina el reinado de los consejeros Lorenzo Córdova Vianello y Ciro Murayama Rendón, dos de las figuras que pervirtieron el sentido democrático y regulador de la autoridad organizadora de elecciones y trataron de convertirse en la guardia pretoriana de la democracia.
El INE es hermano menor del IFE que creó el gobierno del presidente Salinas de Gortari en 1990 para mantener una instancia intermediadora del gobierno en la regulación de los procesos electorales.
El Consejo General del INE es una estructura supra administrativa que tiene el objetivo de convertirse en filtro político entre los partidos políticos y las elecciones. Siempre ha operado el Consejo General como una especie de mini Comisión Federal Electoral tipo Bartlett, toda vez que los primeros consejeros fueron designados de manera directa por el presidente Salinas en función de su red de alianzas estratégicas sobre todo con el grupo (A)Nexos de Héctor Aguilar Camín.
Hasta la fecha el nombramiento del consejero presidente forma parte de una especie del cacicazgo político de José Woldenberg, el prime consejero ciudadano nombrado por Salinas.
La alternativa que tuvo el presidente Salinas en 1990 fue crear un verdadero instituto autónomo sin participación política ni involucramiento de los partidos o el gobierno para regular elecciones, pero se decidió por el modelo de un consejo ciudadano cuya ciudadanía dependió primero de la voluntad presidencial y después de los propios partidos políticos que se repartieron las sillas de consejeros en las votaciones de esos funcionarios en la Cámara de Diputados.
Y, por si fuera poco, el consejo general aceptó desde el principio la participación triple de partidos: los partidos designaban a los consejeros por acuerdos secretos en el congreso, los partidos como tal tienen un representante en el Consejo General y el poder legislativo y sus dos cámaras a su vez asigna representantes de partidos en ese organismo.
Lo que se necesitaba en su momento era de manera sencilla una institución que organizará elecciones, que controla el padrón electoral y que contará los votos, dejando el área de impugnaciones a otras instancias. Sin embargo, desde el comienzo el IFE y luego el INE se asumieron como la encarnación política terrenal de la democracia, sin entender que las elecciones son la parte procedimental de una democracia en tanto que permiten la elección de funcionarios de gobierno.
Sin embargo, la democracia operativa requiere de otras instituciones en otras áreas al margen del organismo electoral.
La perversión de las funciones del INE fue potenciada por Córdoba Vianello y Murayama Rendón al tratar de convertir al organismo organizador de elecciones en algo así como una vicepresidencia celestial de la democracia republicana.
Por ello, los dos consejeros desgastaron su papel promoviendo lanzando al INE contra el populismo de Morena, cuyo registro legal fue avalado por el INE.
INDICADOR POLÍTICO / CARLOS RAMÍREZ
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— Expreso (@ExpresoPress) January 5, 2021