8 febrero, 2026

8 febrero, 2026

Dualidad de poderes

HORA DE CIERRE / ALFONSO GARCÍA RODRÍGUEZ

El federalismo fue un tema recurrente en el discurso de Francisco Javier García Cabeza de Vaca desde que declaró la guerra al gobierno de la 4T.
Antes de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, Francisco Javier disfrutaba el ejercicio del poder como si viviera una eterna luna de miel.
Las delegaciones federales peñistas le fueron concesionadas para acomodar a sus aliados y convertirlas en un botín para beneficio de una camarilla.
Dispusieron a su antojo de la recaudación estatal y de las participaciones federales que repartieron entre un grupito de socios. Se trataba de ganar-ganar.
Pero con la llegada de Andrés Manuel se fijaron nuevas reglas en el manejo del presupuesto, se centralizó el manejo de los recursos Federales, y los beneficiarios azules fueron sustituidos por otros guindas.
Desde la Ciudad de México se acaparó el manejo de cada peso, las delegaciones se convirtieron en oficinas de representación y los Programas del Bienestar, con su tufo clientelar, son la aportación nada despreciable de la Federación a los tamaulipecos.
La Super Delegación del Bienestar fue en su momento estelar una especie de vice gubernatura.
Para los primeros delegados como JR y Rodolfo González Valderrama era difícil competir al tú por tú con un gobernador enamorado del poder como Cabeza de Vaca, pero sí pudieron crear un ejército de Servidores de la Nación que son aún la columna vertebral de la operación política de Morena.
Gómez Leal y González Valderrama. junto a otros liderazgos morenistas, extendieron los tentáculos de la estructura al adoptar priistas en la orfandad política, “exorcizados” con los santos mandamientos de AMLO.
La inyección de cuantiosas sumas de dinero y las alianzas con grupos locales que cobraban fuerza impulsados por la irritación contra los excesos cabecistas cerraron el círculo de la estrategia de Morena para dominar Tamaulipas.
Mientras tanto, se acercaba el final del periodo sexenal local en Tamaulipas y el gobierno saliente daba rienda suelta al Año de Hidalgo.
Se cerró el ciclo cabecista con una gran deuda y con un erario público exhausto por el saqueo.
La súper delegación de Bienestar se fortaleció tras la pandemia por la plataforma de apoyos otorgados a una población altamente vulnerable.
Los errores del gobierno saliente los pagó el PAN en las elecciones, sus fricciones con la Federación terminaron en una guerra que desembocó en la reconfiguración política del estado a pesar del afán del cabecismo por seguir en poder de Palacio de Gobierno.
Sin embargo la estrategia de López Obrador con la creación de la Súper delegación, eficaz para contener al panismo, generó una dualidad de poderes cuando Morena ganó la elección local en Tamaulipas el 2022.
Así pasó aquí y en todo el país. Ante la ausencia de una estructura política de la 4T en Tamaulipas, porque Morena tenía dirigentes oportunistas que fueron coptados por el PAN, la operación política se trasladó a la delegación.
Gómez Leal nunca perdió el control del Bienestar. González Valderrama fue ave de paso y se retiró cuando supo que no podría ser gobernador.
Los siervos de la Nación, los delegados de la Secretaría de Bienestar en los municipios y algunas delegaciones federales siguieron bajo control de JR.
Y cuando el nuevo régimen estatal maniobró para tomar el control, lo puso en manos de Luis Lauro Reyes, ex alcalde de Güemes, un político de muy bajo perfil.
Su incapacidad como operador alargó los relevos de los delegados municipales y cuando decidió ejecutarlos, fue en una coyuntura desafortunada: las corcholatas ya recorrían Tamaulipas.
Se explica entonces el incidente que ocurrió en Reynosa el lunes pasado, cuando Adán Augusto dijo que el delegado local saboteaba sus eventos.
Más allá de que sea verdad o no lo que dijo el tabasqueño, lo cierto es que Luis Lauro Reyes no ha podido consolidar su liderazgo ni controla aún la dependencia que es la columna vertebral de la 4T en Tamaulipas.
Lo que se percibe es un enfriamiento entre el gobierno estatal y José Ramón, que se tornó más rispido cuando el recién cesado delegado en Nuevo Laredo, afín a JR, despotricó contra el régimen.
Este encontronazo manda señales claras de las complicaciones que genera la heterogénea composición de Morena, con personajes que se sienten dueños de regiones del territorio tamaulipeco.
Conclusión: hoy es más difícil que nunca el ejercicio del poder y el gobierno de Américo Villarreal Anaya tendrá que librar aún duras batallas.

POR ALFONSO GARCÍA RODRÍGUEZ
@pedroalfonso88

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